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Lecciones desde Hiroshima

Los supervivientes dicen que la radiación a gran escala deja "secuelas de por vida"

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Todo el mundo se pregunta hoy qué efectos tendrá sobre la población la catástrofe de Fukushima. La aparición de alimentos contaminados apenas ocho días después del tsunami ha hecho que la respuesta sea más necesaria que nunca para los japoneses. Shoso Kawamoto es una de las personas que puede ofrecerla, y así lo hace a cualquiera que quiera escucharle.

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Kawamoto es uno de los pocos supervivientes aún con vida de la bomba atómica que arrasó Hiroshima el 6 de agosto de 1945, causando al instante la muerte de 70.000 personas y dejando enfermas de por vida a varios cientos de miles más. Shoso tenía entonces 10 años. La deflagración mató a toda su familia y él se quedó de repente solo en el mundo. Se crió en un orfanato bajo unas condiciones durísimas, luego fue aprendiz de zapatero y asistente de cocinero. Tras muchas penurias y hasta un intento de suicidio, pudo salir adelante y hoy es uno de los más activos Voluntarios de la Paz en Hiroshima.

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La contaminación tarda generaciones en desaparecer, asegura un experto

"Nadie excepto los que hemos sufrido una radiación a gran escala sabemos qué es eso. Es algo que te deja secuelas psicológicas para toda la vida. El coste es terrible", explica a Público sentado en una sala del museo local.

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Kawamoto jamás hubiera pensado en que una sensación parecida a la que él vivió hace casi 66 años podría recorrer de nuevo Japón. "Es frustrante volver a ver que una catástrofe ocurre de nuevo, me trae a la memoria muchos recuerdos que ya creía enterrados", exclama. "Lo único que puedo hacer es animar a todos los afectados. En momentos así hay que ser fuertes y tener confianza en el futuro. Y si no que me miren a mí, ¡todavía sigo vivo!", sonríe.

El cesio pasa a la hierba, de ahí al ganado y luego a la leche y derivados

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Hiroshima es lo más parecido a la capital mundial del estudio de la radiactividad. En la Fundación para la Investigación de los Efectos de la Radiación (FIER), algunos de los mayores expertos del mundo investigan cómo afecta a la salud y a los órganos haber sido expuesto a niveles extremos de radiación. Su posición es privilegiada: sólo aquí y en Nagasaki es posible efectuar estudios de radiación con pacientes reales.

Evan B. Douple es el investigador jefe de la Fundación. Acumula una larguísima carrera analizando las consecuencias de la energía nuclear en la salud. Lo primero que recomienda a la gente alarmada por el desastre de Fukushima es mantener la calma: "Cualquier exposición tiene el efecto de producir daños en el organismo humano, pero las exposiciones de corta duración no tienen por qué ser dañinas. Un cáncer no surge por un día de radiación moderada, sino después de meses o años".

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Douple adelanta que los principales peligros de Fuku-shima son dos: las partículas de cesio y las de yodo-131, ambas generadoras de cáncer. "Habrá que tener mucho cuidado a partir de ahora. El cesio se compone de partículas sólidas que se depositan en las raíces de la hierba y del suelo, pasan luego al ganado y de ahí a la leche y los productos lácteos y la carne. Eso precisamente es lo que ocurrió en Chernóbil. Aquí estoy seguro de que se realizarán estrictas cuarentenas. Por desgracia, Fukushima va a tardar muchas generaciones en disponer de un suelo en condiciones para ser sembrado", destaca el doctor.

El pánico puede ser más dañino que la nube tóxica, advierte un investigador

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En cuanto al yodo radiactivo, Douple considera que su estado gaseoso es su principal peligro (viaja muy rápidamente por el aire) y su principal debilidad (se va diluyendo y no se queda en estado latente en un lugar concreto).

Evitar una ola de terror

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"Mis amigos en Tokio me preguntan: ¿si tu hija viviera aquí, le pedirías que huyera o que se quedara? Y la respuesta es que le diría que si el problema son las radiaciones entonces no hay motivo para irse", tranquiliza el doctor. Y advierte: "Lo digo porque en estos casos es importante saber gestionar el pánico. Cuando hay una alerta de radiactividad se produce una ola de terror que hay que evitar. Está comprobado que, en casi todos los casos, los daños provocados por el caos, tales como accidentes de coche u otros, suelen ser más perjudiciales que la nube tóxica en sí".

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