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La marcha de las rosas de Ferguson termina con 31 detenidos

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El despliegue de la Guardia Nacional no ha logrado apaciguar la ira en la pequeña localidad estadounidense de Ferguson, que este lunes vivió una de las noches de disturbios más duras desde el comienzo de las movilizaciones de la comunidad negra hace algo más de una semana tras la muerte del joven afroamericano John Brown a manos de un policía blanco. En este sentido, este lunes se conocía la autopsia encargada por la familia y todo apunta a que Brown se había rendido cuando recibió los seis disparos, dos de ellos en la cabeza.  

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Esta nueva noche de violencia se ha saldado con  31 manifestantes detenidos y dos heridos de bala. La Policía ha informado de que ningún agente participó en los tiroteos y añadió que carecía de información sobre la identidad de los heridos. (VER FOTOGALERÍA)

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Centenares de manifestantes volvieron a ocupar la Avenida West Florissant de Ferguson, epicentro de las protestas, donde arrancó una marcha con rosas en lo alto. Pero llegó la noche y la jornada se cerró, como días anteriores, con enfrentamientos, varios arrestos, algunos heridos y el uso de gases lacrimógenos, bombas de humo y granadas de aturdimiento para dispersar la protesta. La Policía dijo que había estado bajo un "intenso fuego". 

La tensión escaló a partir de las 22.00 hora local (03.00 GMT), cuando la Policía comenzó a avisar a los manifestantes de que debían despejar la calle si no querían ser arrestados. Casi dos horas después, junto antes de la medianoche en Ferguson, los agentes empezaron a avanzar hacia los manifestantes, ataviados con material antidisturbios y alertando a través de los altavoces de que el área dejaba de ser segura, la gente debía volver a sus casas y los periodistas debían salir de la zona de las protestas.

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Agentes antidisturbios avanzan contra los manifestantes en el centro de Ferguson. - Scott Olson (AFP)

La mayoría de los congregados atendieron la orden, aunque un grupo reducido de personas -menos de cien- se resistió y en ese momento se sucedieron los arrestos, que superaron la decena, según los medios locales. Varios rupos de manifestantes lanzaron cócteles molotov y piedras contra los agentes. A lo largo de la noche el fuego también fue protagonista: los manifestantes lo usaron para evitar el avance de la policía y al menos un edificio estuvo en llamas.

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A la 1.00 de la madrugada hora local (6.00 GMT) la zona de protestas estaba bloqueada con barreras y por agentes, de manera que algunas personas encontraron problemas para abandonar el lugar con sus vehículos. En las manifestaciones pudieron verse además varios observadores de Amnistía Internacional.

También la organización de derechos humanos Human Rights Watch envió a dos representantes a Ferguson para estudiar la respuesta policial a las protestas y reunirse con miembros de la comunidad, así como con autoridades locales y del estado de Misuri, al que pertenece la ciudad, para documentar los recientes sucesos.

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La decisión de desplegar la Guardia Nacional, la milicia estatal que suele movilizarse en catástrofes naturales y también para afrontar situaciones de desorden público, no sirvió para calmar la situación en Ferguson en la novena jornada de protestas tras la muerte del joven Michael Brown el sábado día 9. Este contexto ha obligado al cierre de escuelas en esta pequeña ciudad cercana a San Luis durante el resto de la semana como medida de precaución.

Nueva noche de protestas en Misuri

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"Los manifestantes pacíficos no son el enemigo, ellos no. Pero hoy hemos tenido disparos. Dos personas han tenido que ser trasladas a un hospital y quienes les dispararon no eran agentes", explicó el capitán de la Patrulla de Carreteras de Misuri, Ron Johnson, a la CNN al término de las protestas.  "Salí ahí a pedir paz. Quería hacer todo lo que podía para mantener pacífica la situación. Salí ahí en medio y podría haber resultado herido. Yo sé que los que han sido arrestados hoy no eran pacíficos", aseguró Johnson. "Los agentes no dispararon una sola bala pese a estar bajo un fuego intenso", agregó.

El capitán Ron Johnson, de la Patrulla de Carreteras de Misuri, se ha convertido en la esperanza para pacificar Ferguson. De 51 años, es un afroamericano de voz profunda nacido en San Luis que ha residido en el área toda su vida y ahora quiere lograr la paz entre los habitantes de Ferguson -sus vecinos- y las fuerzas del orden, a las que también pertenece. El gobernador le encomendó la tarea de la pacificación precisamente por su color y origen social, que le habilitan para entender las razones de las movilizaciones.  "Este es mi vecindario. Ustedes son mi familia, ustedes son mis amigos y yo lo soy suyo", dijo el domingo Johnson en un acto en recuerdo de Brown en la iglesia Greater Grace Church, al que acudieron los padres del joven, entre los aplausos de los asistentes a los que garantizó que protegerá. Una ovación impensable hace días.

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Durante las protestas, el fotógrafo de Getty Images Scott Olson fue detenido y puesto en libertad poco después sin que hayan trascendido los motivos. La Administración Federal de Aviación (FAA) ha extendido las restricciones de vuelo sobre Ferguson -no a menos de 3.000 pies de altura- hasta el día 25 de este mes.

Asimismo, el rapero Nelly, que creció en San Luis, se unió a las protestas con una camiseta en la que se leía "#MikeBrown". Pidió marchas pacíficas y evitar saqueos y enfrentamientos, pero como en jornadas anteriores la protesta que vivió momentos tan simbólicos como una caminata con rosas en lo alto durante el día, en la noche se tornó cruda y dejó más arrestos, heridos y enfrentamientos.

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Manifestantes tapan sus caras mientras la Policía lanza gases lacrimógenos.  - Joe Raedle (AFP)

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Seis disparos

John Brown, de 18 años, fue tiroteado el pasado 9 de agosto por un policía identificado como Darren Wilson pese a que estaba desarmado, en un encuentro del que la versión policial y los testigos difieren. El informe preliminar de la autopsia privada encargada por la familia de Brown al jefe forense de la ciudad de Nueva York Michael M. Baden y difundido este lunes señala que el joven pudo haber recibido "al menos seis disparos, dos de ellos en la cabeza".

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"Los tiros en la cabeza fueron probablemente los últimos efectuados sobre Michael Brown", indicó Baden en una rueda de prensa en Fegurson, acompañado por los abogados de la familia de Brown, que indicaron que la autopsia da suficientes evidencias para que se arreste al policía que le disparó.

Baden agregó que los disparos "no se produjeron a corta distancia" y que no había "evidencia de lucha" en el cuerpo de Brown, como indica la versión policial, que apunta que el joven se abalanzó sobre el agente y que éste tuvo que ser atendido por lesiones después del incidente. Los expertos indicaron que necesitarán examinar la autopsia original realizada por las autoridades locales antes de publicar las conclusiones finales.

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Esta no será la última autopsia, ya que el fiscal general Holder ha ordenado que personal médico federal realice otra autopsia al cuerpo del joven, "debido a las circunstancias extraordinarias que rodean el caso y a petición de la familia de Brown".

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