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Los márgenes del islam y la ‘retribución’ de Bruselas

Los musulmanes representan casi el 5% de la población de Bélgica, el país que aporta proporcionalmente más combatientes a las organizaciones yihadistas que luchan en Oriente Próximo. Una de las nociones esenciales de estos grupos es la que se han formado sobre el territorio del enemigo, al que tienen obligación de guerrear

Una joven musulmana cubierta con niqab en Bruselas.-REUTERS

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

JERUSALÉN – Uno de los conceptos más significativos del islam contemporáneo, y en particular del yihadismo, es el de dar al harb, que literalmente significa "la casa de la guerra" y que bien podría traducirse como "el dominio del enemigo". Con dar al harb los musulmanes se refieren al territorio que no es dar al islam, es decir "la casa del islam" en la que reina la ley islámica.

Desde mediados del siglo pasado algunos pensadores muy influyentes, como el egipcio Sayyid Qutb, ejecutado en 1966, han insistido en la relevancia de este concepto, y algunos de ellos lo han llevado más lejos al sostener que incluso los países que se proclaman dar al islam son en realidad dar al harb ya que no practican el islam como es debido.

Según numerosas organizaciones yihadistas, es legítimo combatir no sólo a los infieles sino también a los regímenes musulmanes corruptos. Este planteamiento ha tenido un impacto directo en Oriente Próximo y no debe ignorarse que quienes más han sufrido y están sufriendo las consecuencias son los musulmanes de la región y no los países occidentales donde se han cometido cruentos atentados.

La mayoría de  divisiones que de la sociedad musulmana belga tienen que ver con conflictos de Oriente Próximo

Bélgica cuenta con aproximadamente medio millón de musulmanes dentro de una población total de poco más de once millones. En el país hay registradas 328 mezquitas, de las que 77 están en Bruselas, donde hay barrios con hasta un 80% de población musulmana y que ciertamente son problemáticos para la sociedad.

Se estima que Bélgica ha contribuido con medio centenar de yihadistas a las organizaciones islamistas de Oriente Próximo en los últimos años. En el Estado Islámico es donde más belgas se han enrolado, pero otros lo han hecho en el Frente al Nusra (Al Qaeda) y en otras organizaciones que combaten en Siria, Irak y Libia principalmente.
Un dato interesante que aporta el profesor belga Mohamed El Battiui es la existencia de una crisis generacional entre los padres que emigraron a Bélgica en busca de trabajo y mejores condiciones de vida y sus hijos que se han criado en ese país y a menudo viven alienados del entorno, o mejor, viven en otro entorno.

El Battiui señala que la mayoría de las escisiones y divisiones que registra la sociedad musulmana belga tienen que ver con conflictos que se desarrollan en Oriente Próximo, como la segunda intifada palestina, la invasión americana de Irak o los ataques aliados contra el Estado Islámico en Siria e Irak. Estos hechos marcan con frecuencia el alejamiento existente entre una generación y otra.

Dar al harb no es un concepto que aparezca en el Corán. De hecho, ni siquiera aparece en la sunna o tradición más antigua. En realidad fue introducido por ulemas posteriores a Mahoma. Sin embargo, en las últimas décadas el concepto ha tenido una amplia circulación no solo entre pensadores árabes sino también en los ambientes yihadistas europeos.

Las células que prentenden ser semillas

Es justamente en estos ambientes donde se han formado células dispuestas a combatir al infiel tanto en Oriente Próximo como en Occidente. Estas células equivalen en casi todos los sentidos a las vanguardias que según Sayyid Qutb debían sacrificarse llevando el islam a Occidente a la espera de que las semillas que depositaran dieran su fruto en ulteriores generaciones.

Este planteamiento responde deliberadamente a las células que el propio Mahoma creó durante los primeros años de su predicación en La Meca y Medina, células que tuvieron que luchar con todas sus fuerzas en un territorio muy hostil antes de establecer una sociedad plenamente musulmana. Aquellos fueron años de grandes sacrificios y hoy estaríamos asistiendo a un fenómeno similar en Europa a la espera de que las semillas que se están plantado den su fruto.

Hay grupos yihadistas que consideran que otros musulmanes están colaborando con el enemigo

Esta visión es propia de grupos integrados en su mayor parte por jóvenes que están alienados de sus familias, o que se alienan durante el proceso de acercamiento al islam radical, y que se separan de la familia y amigos a los que no tienen por verdaderos musulmanes. Es más, hay grupos yihadistas que consideran que otros musulmanes están colaborando con el enemigo, Occidente, y por lo tanto está justificada su muerte.

La sociedad infiel no les interesa por dos motivos principalmente. Primero, porque no les ofrece las satisfacciones vitales que encuentran en la religión y segundo porque la encuentran abiertamente hipócrita y vulgar, además de estar apegada a un consumo que ellos ven como vacío e intranscendente.

El bar del terrorista suicida de los atentados de París, Brahim Abdeslam, en el barrio de Molenbeek de Bruselas. EMMANUEL DUNAND / AFP

El bar del terrorista suicida de los atentados de París, Brahim Abdeslam, en el barrio de Molenbeek de Bruselas. EMMANUEL DUNAND / AFP

Un estudio reciente elaborado en el Reino Unido descubre que el 20% de los jóvenes que viajan a combatir en Oriente Próximo se enrolan en los grupos yihadistas a través de las mezquitas; el 5% lo hacen a través de algún familiar, mientras que el restante 75% lo hacen a través de algún amigo.

Numerosos estudiosos subrayan la importancia que en los últimos años han tenido las redes sociales donde los jóvenes intercambian ideas y se forman una opinión de lo que significa ser yihadista y optar por el islam verdadero, a diferencia del islam que representan sus padres o amigos que no están vinculados a la religión de una manera tan estrecha.

Distintas interpretaciones modernas justifican dar muerte a infieles que no están inmersos directamente en un conflicto con el islam, incluidos mujeres y niños, en ciertos casos. Por ejemplo, cuando se retribuye al enemigo con la misma moneda, es decir cuando el enemigo está matando a musulmanes inocentes, como está ocurriendo en numerosas partes de Oriente Próximo en la actualidad. De este modo, se considera perfectamente lícito matar a inocentes en Bruselas o en cualquier otra ciudad occidental.

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