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Mubarak responde de nuevo por los muertos de la revolución egipcia

El juicio contra el dictador se reanuda tras dos meses de suspensión

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Hosni Mubarak volvió a la Academia de Policía de El Cairo, donde se ha habilitado una sala para celebrar su juicio, enfermo, derrotado y postrado en una camilla. Acusado de la muerte de los cientos de manifestantes que perecieron en la revolución egipcia, al expresidente, de 82 años, ya nada le queda de sus sueños de crear en Egipto una república hereditaria con su hijo Gamal al frente.

El expresidente, recluido en un hospital militar cercano a El Cairo donde los médicos le tratan de las secuelas de un infarto, llegó este miércoles en helicóptero a la reanudación de su juicio, que ha estado suspendido dos meses. Su comparecencia se produjo en calma, sin que, como en las vistas anteriores, sus partidarios se enfrentaran a las puertas del edificio con egipcios que pedían para él la pena de muerte. Tras cuatro horas de audiencia, los jueces decidieron posponer la vista al próximo lunes.

Tras cuatro horas de audiencia, los jueces pospusieron la vista hasta el lunes

Mubarak, sus dos hijos, el exministro del Interior y altos cargos policiales afrontan cargos que van desde abuso de poder a corrupción, pasando por los relativos a su responsabilidad en la represión que arrebató la vida a 850 egipcios entre el 25 de enero y el 11 de febrero, los 18 días que tardó en caer el rais.

Los egipcios siguen con expectación este juicio, que esperan que cierre algunas de sus heridas. De momento, el proceso sólo lo ha hecho en el plano simbólico: la imagen entre rejas de Mubarak, el hombre que gobernó Egipto durante tres décadas, el pasado mes agosto ante un tribunal fue uno de los momentos estelares de la revolución egipcia.

El proceso pone a prueba al Ejército, otrora liderado por Mubarak

Unos días más tarde, el juez principal del caso, Ahmed Refaat, ordenó a las cámaras de televisión que salieran de la sala hasta que concluyera la instrucción, asegurándose así de que el testimonio clave de determinados altos cargos tuviera lugar fuera de la vista de la opinión pública.

Los abogados de las familias de los muertos en la revolución presentaron el 30 de octubre una demanda pidiendo que se reemplazara a Refaat y a otros dos jueces del tribunal, lo que motivó la suspensión del juicio. Días antes, se habían quejado de que los magistrados no les habían dado tiempo suficiente para interrogar al mariscal Mohamed Husein Tantawi, líder de la Junta Militar que gobierna ahora Egipto, que testificó el 24 de septiembre.

Al final de esa vista, uno de los letrados de las víctimas, Ashraf Amin Atwa, denunció que 'el tribunal no permitió a los abogados hacer preguntas al mariscal'. Los abogados de la acusación denunciaron, además, que Refaat había trabajado hace tiempo como consejero jurídico de Mubarak en la Presidencia egipcia.

Un tribunal de apelación rechazó el 7 de diciembre la solicitud de recusación de los jueces, lo que abrió la puerta a la reanudación del caso hoy.

No pocos ciudadanos confían en que este juicio sea un paso más hacia la estabilidad tras casi un año de revueltas, que no se han aplacado ante la resistencia del estamento militar a ceder el poder. De hecho, se considera que este proceso pone a prueba al Ejército, que podría estar incómodo con la perspectiva de una humillación pública de Mubarak, héroe de la guerra de Yom Kippur (1973) y exjefe de la Fuerza Aérea.

Aunque la complejidad de las acusaciones y la multitud de testigos augura un juicio largo, este miércoles, Asad Heikal, uno de los abogados de las víctimas, declaró a Efe: 'Esta claro que el tribunal quiere agilizar el juicio y emitir una sentencia lo antes posible'.