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Ser niño en el Alepo sitiado

Escuelas bombardeadas

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Dos niñas con mochilas donadas por UNICEF pasan junto a un edificio derruido en Alepo de camino a la escuela. Fotografía de marzo de 2015. - ZEIN AL-RIFAI (AFP)

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BARCELONA.- "Así es cómo se va a dormir mi hija por la noche, ya no soporta más el ruido de las bombas”, dice Afraa Hashem mientras envía por teléfono una foto de su hija pequeña, Nevy, de tres años de edad, agazapada bajo las mantas y con las manos tapándose las orejas. Afraa y sus tres hijos ─Wassim de 12 años, Zein de 11 años y Nevy─ viven en el este de Alepo sometidos a los constantes bombardeos del régimen sirio y de la aviación rusa.

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“Nos acostamos y nos levantamos con el sonido de las bombas. Y todo bajo la mirada de la ONU y el silencio del mundo desde hace ya seis años”, explica Afraa Hashem

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La vida de los pequeños transcurre en los refugios subterráneos. El objetivo es protegerles de las bombas. “En el refugio los niños cantan o pintan”, y de día, cuando deberían estar en la escuela, es el lugar para salvaguardarse de los ataques. Afraa, que trabaja en un colegio, explica que las escuelas se han ubicado en refugios subterráneos para evitar que los niños mueran en un ataque: “Los niños odian las bombas y los aviones rusos”. Pero los niños son niños, incluso en el Alepo bombardeado.

Una fiesta infantil en uno de los refugios subterráneos. - Fotografía cedida por Afraa Hashem

“Espero que en las próximas guerras los bombardeos paren durante la noche o que se avise a nuestros pequeños un cuarto de hora antes de que caigan las bombas”, escribe Afraa en un mensaje. Pero en Alepo la muerte llega desde el cielo sin avisar. “Nos acostamos y nos levantamos con el sonido de las bombas. Y todo bajo la mirada de las Naciones Unidas y el silencio del mundo desde hace ya seis años”, dice otro WhatsApp de esta madre.

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Muchos niños, a pesar del peligro que supone, van al colegio. “Sí, algunos padres mandan a sus niños a la escuela, en días normales”, es decir, cuando los bombardeos no son tan intensos, explica Mohammed Adel, profesor de Fonética y Literatura Inglesa de la Universidad que se encuentra en la parte rebelde de Alepo. “Pero cuando el régimen de Al Asad y sus aliados intensifican los bombardeos y bombardean escuelas, ¿tú qué harías si estuvieras aquí?”, pregunta durante una conexión Skype interrumpida por el sonido de una detonación: “Sí, tal vez haya caído algo cerca”, dice Mohammed mientras continúa la entrevista.

"La aviación rusa y el régimen sirio usan un nuevo tipo de bombas que tienen como objetivo destrozar los refugios subterráneos. Ya nada es seguro, los niños no están a salvo, nadie está a salvo", se lamenta Zouhir Al Shimale

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“Un 80% de las escuelas son subterráneas para proteger a los niños de las bombas”, explica Zouhir Al Shimale, periodista y fotógrafo en la zona rebelde de Alepo. “Antes, las escuelas ubicadas en los subterráneos eran la solución, los niños estaban alejados de la guerra, veían un libro o pintaban. Ahora mismo ya no van a la escuela, están demasiado asustados por los bombardeos. Y las escuelas en el subterráneo tampoco son seguras. La aviación rusa y el régimen sirio usan un nuevo tipo de bombas: las antibunker. Son bombas que precisamente tienen como objetivo destrozar los refugios subterráneos. Por lo que ya nada es seguro, los niños no están a salvo, nadie está a salvo”, añade el periodista.

Escuelas bombardeadas

Según explica Mohammed Adel,  varias escuelas han sido bombardeadas de forma sistemática: Ain Jalout en mayo de 2014; Saad Al Ansari en abril de 2015; Al Rajaa en mayo de 2015; Japal Al Sheith hace dos meses y medio. También se convirtió en blanco de guerra un colegio para personas con discapacidad física. Se trata de la escuela Al Rabeaa Al-Arabi, bombardeada el 3 de agosto de este año. Dos alumnos resultaron heridos. “Convertir en blanco de guerra las escuelas y los hospitales es un crimen de guerra y desde hace años la comunidad internacional cierra los ojos. Aquí llevan años matando a los niños, el hecho es que no les importamos”, dice Mohammed en un mensaje enviado por teléfono.

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Una escuela destroza en la zona de Alepo controlada por los rebeldes. Fotografía cedida por Mohammed Adel.

A pesar de que en la parte sitiada de Alepo no queda ningún lugar seguro para los más pequeños, los padres y los profesores luchan por dar una educación a los alumnos. “Hay alrededor de cien escuelas y unos 18.000 alumnos. Aunque no hay dinero para los profesores, los niños acuden al colegio”, comenta Zouhir. Una vez a la semana, si hay suerte y la escuela puede abrir, unos cuantos profesores organizan actividades con los niños, como bailes y juegos para, sobre todo, hacerles reír y que su mente se olvide de la guerra.

“La carne es muy cara. No hay leche, huevos, fruta o verdura. Sólo comemos arroz, sopa y pasta.
Tampoco hay pan”

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Pero no sólo las bombas son una amenaza. Los niños y el resto de la población de la parte rebelde de Alepo están sometidos a otra arma letal: el hambre. Debido al sitio impuesto por el Ejército del régimen sirio a los barrios controlados por los rebeldes, los 100.000 niños estimados que viven en esta parte de la ciudad no tienen acceso a alimentos y medicinas. “La carne es muy cara. No hay leche, huevos, fruta o verdura. Sólo comemos arroz, sopa y pasta. Tampoco hay pan”, relata Afraa.

Sus hijos, junto con otros, amasan harina y agua para hacer pan en casa. También recogen trozos de madera que encuentran por los alrededores para quemarlos y cocinar luego. No hay ningún tipo de combustible, ni electricidad: “Primero el hambre empezó a afectar al progreso educativo de los niños. Ahora hay brotes de epidemias como resultado de las deficiencias nutritivas y la falta de agua potable y medicinas”, explica Afraa.

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“Las madres no tienen leche materna para dar de mamar a los recién nacidos porque no comen lo suficiente"

Los bebes sufren por la falta de vitaminas y por la falta de la alimentación que necesitan para desarrollarse: “Las madres no tienen leche materna para dar de mamar a los recién nacidos porque no comen lo suficiente. Muchos bebes y niños pequeños enferman a causa de la falta de alimentación, no existe otro tipo de leche“, dice Zouhir Al Shimale. El periodista aclara que los civiles no han acudido a los corredores humanitarios abiertos durante la tregua porque temían por sus vidas o a ser detenidos por el régimen: “Dudaban de que fueran seguros".

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