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No sólo de blancos viven los republicanos

La derrota de Mitt Romney pone de manifiesto que el partido debe atender las nuevas necesidades de la sociedad de EEUU

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No lo vieron venir. Hasta el último momento los republicanos pensaron que iban a ganar. Tenían ya nombrado un equipo de transición en Washington para hacerse con las riendas del poder . Cuando las televisiones americanas anunciaron que Ohio se había finalmente decantado por Barack Obama, dando por terminadas las elecciones, muchos en el cuartel general de Mitt Romney en Boston no se lo acabaron de creer.

Ahora, una vez digerida la derrota, el partido republicano ha empezado un largo período de introspección ¿Fue un error de estrategia? ¿Falló el candidato o la ideología? ¿No supieron calibrar los profundos cambios demográficos de un país donde las minorías tienen cada vez más peso?

El portavoz de la mayoría conservadora en la Cámara de Representantes, John Boehner, resumía bastante bien la cuestión: 'Los republicanos debemos hacernos la pregunta de si hablamos a todos los americanos, no sólo a los que se parecen a nosotros y actúan como nosotros. Pero ¿cómo nos dirigimos a todos los americanos?'

Y en eso están. Los republicanos subestimaron la movilización de las minorías, el voto negro (13% del electorado) siguió tan motivado a favor de Obama como hace cuatro años. Pero la gran diferencia de estas presidenciales fue el voto latino (10% del electorado) en el que Romney fracasó por completo. Su apoyo incondicional a la 'autodeportación' -endurecer las condiciones de vida de los clandestinos para forzarles a marcharse- como única solución al problema migratorio, alienó profundamente a los hispanos.

'Habrá algún tipo de guerra interna' anticipaba el estratega republicano Mike Murphy, un enfrentamiento entre los pragmáticos que piensan que el partido debe acercarse a los nuevos electores, jóvenes, minorías, mujeres; y los 'puristas', para quienes Romney no fue suficientemente ideológico. Esta última rama va a reagruparse en torno a Paul Ryan que ya parece posicionarse de cara a 2016. 'Existe realmente un debate sobre el hecho de que hubiera sido mejor elegir a un conservador de verdad', comentaba Ralph Reed, que lleva décadas canalizando el voto evangelista.

'Vamos a ver repetidas las guerras entre la vieja y la nueva guardia, la que salió de las legislativas del 2010, pero es todavía difícil valorar la intensidad', aseguraba Matt Kibbe, presidente de Freedom Works una de las plataformas asociadas al Tea Party.

Para muchos, esta sería la vía de la irrelevancia. El partido republicano ya no puede basar su victoria en el malestar de los votantes blancos masculinos de los suburbios, sobre todo porque está menguando. Supusieron el 77% del electorado en 2004 y este año han bajado al 72%. Una tendencia que se irá acentuando: desde este verano, en Estados Unidos nacen más niños de minorías que niños blancos. 'Ya no estamos en los años 50', asegura el analista William Frey, de la Brookings Institution, 'las elecciones han dejado claro que centrarse en los electores blancos no es suficiente. Menos aún cuando el otro partido se dedica a movilizar la otra parte del electorado'.

'Si hacemos con los latinos lo que hicimos con los afroamericanos, estamos condenados al fracaso', decía el estratega de BushLo decía Karl Rove, el estratega de George Bush, hace poco menos de un mes. 'Si hacemos con los latinos lo que hicimos con los afroamericanos, estamos condenados al fracaso' al añadir que 'estaba inquieto por esta situación a largo plazo'. Jeb Bush, exgobernador de Florida, también dejó entrever su preocupación durante la convención republicana de Tampa: 'La demografía de este país está cambiando y debemos, no tanto cambiar nuestras convicciones, sino el tono y la intensidad de nuestro mensaje'.

Mike Huckabee, exgobernador de Arkansas, excandidato presidencial y ahora comentarista político en la cadena ultraconservadora Fox News, lo decía en la noche electoral al calificar de 'patética' la estrategia de su partido hacia las minorías y le aconsejaba cambiar de táctica demasiado centrada 'en el establishment blanco'.

'El partido debe preguntarse a quien representa', declaraba el senador de Florida Marco Rubio, elegido hace dos años gracias al voto del Tea Party. 'Debemos representar la movilidad social, identificarnos con las aspiraciones de nuestro electorado, la gente que busca una oportunidad', aseguraba.

Incluso los demócratas se han permitido darles consejos. Lo que los republicanos necesitan, decía Rahm Emanuel, actual alcalde de Chicago y exjefe de gabinete de Obama 'es un momento Bill Clinton'. En los años 80, los demócratas perdieron tres elecciones consecutivas en la era de Ronald Reagan y después de Bush padre, en 1980, 84 y 88 porque no estaban en sintonía con un electorado más conservador. Llegó Bill Clinton y lo acercó hacia el centro.

Los republicanos echan la culpa a los demócratas al reconocer que fueron mejor estrategas en la campaña negativa, cuando lanzaron una ofensiva brutal a lo largo del verano contra el pasado empresarial de Mitt Romney, pintándolo como un capitalista sin escrúpulos. Imagen que las propias declaraciones del candidato, sobre el famoso 47% de la población que vivía del cuento, reforzaron. La campaña de Obama también supo movilizar a los millones de seguidores que se volcaron en 2008 y con los que siguió manteniendo el contacto a lo largo de estos cuatro años. 'Fueron mucho mejores', reconocía la estratega republicana Sara Taylor, 'nuestro partido tiene mucho que aprender sobre la maquinaria de este tipo operaciones'.

En Washington, el equipo de transición dirigido por el exgobernador de Utah, Mike Leavitt, ya está haciendo las maletas. El que no pierde un segundo es Marco Rubio, que muchos consideran como un posible remedio al problema de los republicanos con los hispanos y un futuro candidato a la presidencia. Rubio asistirá la semana que viene a una cena recaudatoria en honor al gobernador de Iowa, Terry Branstand, donde asistirán muchos republicanos. Iowa es, recordémoslo, la primera etapa de las primarias hacia la presidencia. Las de 2016.