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Los norirlandeses plantan cara al IRA

El reciente asesinato del joven católico Paul Quinn en Armagh desacredita a la banda terrorista en su territorio

LOURDES GOMEZ

Las pintadas de Cullyhanna son claras: 'IRA asesinos, la sangre está en vuestras manos'.

Grafiti en contra del Ejército Republicano Irlandés en su propio terreno, en este pueblo del sur de Armagh, el condado de Irlanda del Norte más ferozmente republicano. Durante décadas fue territorio bandido, nido de los más violentos defensores de la unidad política de la Isla Esmeralda y origen de una cadena de atentados mortales en Inglaterra.

En las carreteras de la zona, señales de tráfico advertían a los extranjeros de la presencia activa de francotiradores del IRA. Las fuerzas de seguridad británicas controlaban el condado desde gigantescas torres vigía instaladas en colinas y prados donde aún pastan la vacas. Al cuartel de Crossmaglen, en la frontera con la República de Irlanda, los soldados accedían en helicóptero, dada la peligrosidad de sus accesos por tierra.

El proceso de paz alivió la situación en el Ulster. Ya no quedan torres de control y la presencia del Ejército en barrios católicos o protestantes es mínima. El IRA decomisó su arsenal militar en 2005 y sus socios políticos, el Sinn Fein, controlan ahora el autogobierno de Belfast con el Partido Unionista Democrático (UDP), que lidera el reverendo Ian Paisley.

Los avances en política y seguridad no mermaron, sin embargo, el poder de los barones republicanos. El IRA aún no se ha disuelto y sigue controlando la vida en reductos católicos. Su poderío quedó demostrado con el reciente asesinato del joven, de 21 años, Paul Quinn, en una granja al sur de la frontera. Sufrió una muerte brutal, de lenta agonía. Le molieron los huesos con barras de hierro y garrotes con clavos incrustados. Su familia acusa del crimen al IRA. En el Parlamento de Londres, un unionista, Lord Laird, ha mencionado el nombre de los supuestos asesinos, todos ellos reconocidos miembros o ex activistas de la rama militar del Sinn Fein. Entre los identificados está Thomas Murphy, supuesto jefe del consejo militar del IRA que acaba de ser detenido en Irlanda por fraude fiscal.

Un momento decisivo

'La población de Armagh está furiosa. Por primera vez ha plantado cara al IRA. La protesta es muy significativa en esta zona de fuerte arraigo republicano, que siempre ha apoyado al IRA. Vivimos un momento decisivo. La gente se ha hartado y exige el desmantelamiento de las estructuras de la organización. Quiere vivir en paz, sin miedo a las amenazas e intimidaciones', explica Dominic Bradley, del partido nacionalista SDLP.

La comisión supervisora de las actividades de grupos paramilitares relaciona el asesinato del joven católico con una acción de la brigada local de Armagh, llevada a cabo sin la autorización del máximo órgano de la banda, el consejo militar. Para el presidente del Sinn Fein, Gerry Adams, se trata de un delito criminal, sin connotaciones políticas. Según el líder republicano, Quinn fue víctima de un ajuste de cuentas de criminales dedicados al contrabando de carburante.

El UDP tampoco quiere incriminar a la dirección del IRA en el asesinato, en tanto que ello conllevaría la ruptura del Ejecutivo de Belfast, formado el pasado mayo. Paisley no podría seguir gobernando en coalición con una formación cuya rama militar ha autorizado un asesinato. Destacados miembros de su partido unionista están satisfechos, al menos de momento, de que esta última acción republicana no lleva el aval 'corporativo'.

'La gente del IRA actúa en Armagh como juez, jurado y ejecutor de su propia justicia. Pero están perdiendo el respeto de los jóvenes. Antes nadie se atrevía a retar a un jefe o familiar del IRA. Paul se enfrentó a ellos. Su muerte es más que un crimen. Lo mataron con tanta brutalidad para imponer miedo en la comunidad', advierte William Frazer, de la asociación FAIR, en apoyo de las víctimas inocentes del terror.

Cambio de mentalidad

Las pintadas de Cullyhanna acusan al IRA del asesinato de Quinn. El joven vivía en el pueblo y a veces hacía de conductor de los capos republicanos. Pero los vecinos saben que no murió a causa del contrabando, sino porque salió airoso de una bronca a puñetazos con el hijo de un jefazo del IRA y porque le cantó las cuarenta a otro que se metió con su hermana. 'El IRA debe cambiar de mentalidad. Domina imponiendo pánico en la gente', advierte Frazer.

'El IRA debe desmantelar sus estructuras. Debe deshacer el entramado de personal que todavía puede organizar y coordinar una acción criminal, ya sea una paliza o unasesinato. Y el Sinn Fein ha de volcarse en este objetivo', demanda Bradley del SDLP. Bradley reconoce que el asesinato acarrea problemas para Adams y su número dos, Martin McGuinness, viceprimer ministro del Gobierno autonómico.

'Sienten presión por desmantelar la estructura del IRA. La influencia debe partir de ellos. Y, desde luego, están ansiosos para que este crimen no altere las instituciones políticas de Irlanda del Norte'.

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