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Nuon Chea: mano derecha de Pot

Persiguió a los burgueses y a los de sangre jemer impura, pero él se excluyó

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Long Bunruot, más conocido como Nuon Chea, debería haber sido enemigo de sí mismo. De origen chino y procedente de una familia acomodada, reencarnaba todo aquello contra lo que luchaba el régimen jemer: la educación burguesa y la sangre jemer impura.

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Nacido en 1925, estudió Derecho en la prestigiosa universidad tailandesa de Thammassat y hablaba tailandés, camboyano y francés.

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Estas contradicciones no fueron inusuales entre los líderes del régimen: la mayoría estudió en París y hablaba diversos idiomas, algo que el resto de camboyanos pagaba con la muerte.

A partir de los años sesenta comenzó a escalar posiciones en el Partido Comunista de Kampuchea, hasta que se convirtió en la mano derecha de Pol Pot y en el principal ideólogo del régimen.

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El hermano número dos fue, además, el máximo responsable de la seguridad en el país y pieza clave en muchas de las muertes.

A su cargo se encontraban todos los centros de detención y de reeducación, incluyendo el famoso S-21, un centro de torturas situado en un antiguo colegio en el centro de la capital, Phnom Penh. Y se cree también que ordenó la evacuación de las ciudades en abril de 1975, lo que llevó a la muerte a miles de personas.

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El ideólogo jemer no fue arrestado hasta 2007. Desde entonces no ha reconocido sus crímenes ante el tribunal, pero sí admitió las muertes previamente ante los medios.

"Por supuesto que lo sentimos, no sólo por las vidas de las personas, también de los animales. Todos ellos murieron porque queríamos ganar la guerra", aseguró en una rueda de prensa en 1998, poco después de la firma de un acuerdo de paz con el Gobierno camboyano.

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Sin embargo, siempre ha sido parco en detalles sobre la forma en que se organizaba el régimen y ha culpado en numerosas ocasiones a "agentes enemigos" del genocidio.

Nuon Chea es el más importante de los cuatro acusados que se sentarán hoy en el banquillo pero, a sus 85 años, es también el más anciano. Su frágil estado de salud hace temer que muera antes de escuchar su sentencia.

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