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Obama busca estrategia para salvar sus reformas

El presidente admite que los errores de comunicación han llevado a la derrota en Massachusetts

ISABEL PIQUER

Los mismos vientos de cambio que llevaron a Barack Obama a la Casa Blanca soplan ahora en su contra. La recesión, el desempleo, la crisis, en una palabra, el cabreo han hecho de la tormenta progresista -que a lo mejor sólo fue una brisa- un huracán conservador.

El presidente estadounidense busca ahora nuevas estrategias para que el vendaval no se lleve por delante su plan de salud y disperse a unos demócratas aterrados por las legislativas de noviembre.

Esta semana ha sido especialmente dura. Y no sólo por la humillante derrota de Massachusetts, donde los republicanos lograron el escaño del difunto senador Ted Kennedy. Más grave aún, el pasado jueves, el Tribunal Supremo de Estados Unidos autorizó a las grandes empresas, incluso internacionales, a contribuir de forma ilimitada a las campañas de los candidatos que se presenten a la presidencia o al Congreso, una sentencia que, después de años de cierta "moderación" recaudatoria, podría canalizar millones de dólares a las arcas republicanas.

"Pensé que cumplir mi programa sería suficiente. He visto que no", dice Obama

Obama calificó ayer la inesperada decisión del Supremo de "golpe a la democracia" por dar rienda suelta a los grupos de presión. "Lo último que necesitamos es darle más poder a los lobbistas de Washington", dijo en su mensaje radiofónico.

De momento, el presidente no parece darse por vencido. Su prioridad es poner orden en el partido. Los demócratas tienen tal ataque de pánico que incluso están poniendo dificultades a la reconfirmación de Ben Bernanke a la cabeza de la Reserva Federal porque interpretan la última iniciativa de Obama contra los bancos como un cambio de estrategia y de equipo. La confusión -que los líderes en ambas cámaras, Nancy Pelosi y Harry Reid, esperaban controlar- es total: si ha caído el escaño de Kennedy en un bastión como Massachusetts, nadie está a salvo.

El debate es intenso. Los estadounidenses "no confían en las respuestas que estamos dando a los problemas y tenemos que corregirlo", decía el senador Evan Bayh, una de las voces moderadas del partido.

"Debemos centrarnos en la creación de empleo en los próximos meses; es más fácil de explicar. La gente no entiende muy bien lo de la reforma sanitaria", aseguraba el ex director de campaña de Hillary Clinton, Terry McAuliffe.

Entre los demócratas hay pánico. Si cae el escaño de Kennedy, nadie está a salvo

Los demócratas más progresistas, los que se han sentido traicionados por la "flexibilidad" ideológica de Obama desde que llegó al poder, pedían, por el contrario, mantener el rumbo. "Este es el momento de la verdad. Pueden hacer lo correcto y aprobar la reforma sanitaria o buscar una salida fácil y suspender el examen de la historia", escribía desde las páginas de The New York Times el Nobel de Economía Paul Krugman.

La frustración, la insatisfacción, la antipatía hacia un Gobierno intervencionista, alimentada por el recelo tradicional hacia todo lo que viene de Washington, y la fijación de los demócratas con el tema de la salud, cuando el país parecía estar desmoronándose, garantizaron la victoria de un conservador desconocido, Scott Brown, apuntaba el Washington Post al publicar un sondeo exhaustivo sobre los resultados de Massachusetts.

Las cifras describen a unos votantes bastante descarriados: el 63% de los encuestados consideraba que Estados Unidos iba por mal camino, dos tercios de los cuales votaron por Brown; el 75% de estos últimos esperaban que su nuevo senador trabajara con los demócratas; el 58% se declaraban descontentos con las políticas republicanas.

En una entrevista a la televisión ABC, el día después de Massachusetts, Obama, que alimentó su popularidad en arengas enardecidas, reconoció que no había sabido "comunicarse" con los estadounidenses, ahogados por la crisis, desesperanzados ante el futuro. "Pensé que concentrándome en cumplir mi programa sería suficiente, he visto que no", confesó el mandatario al asumir parte de la responsabilidad en la derrota.

"Mejor que se hayan despertado ahora, tienen todavía diez meses para reaccionar", comentaba Greg Simons, de la web Politics Now. Algunos han puesto el ejemplo de Bill Clinton, cuyos primeros momentos en el poder fueron complicados, debido en parte al fracaso de su propia reforma sanitaria, y le costaron las legislativas de 1994. Dos años más tarde, fue reelegido presidente.

El presidente tiene diez meses para reaccionar y ganar las legislativas

Clinton dio un giro a la derecha y consiguió poner orden en su partido porque, como subrayaba John Harris, autor de un libro sobre el ex mandatario, "la única cosa que los políticos respetan realmente es la popularidad y el poder".

Para recuperarse, Obama cuenta con una importante baza: cae bien. Los sondeos son consistentes, el presidente y su familia gustan, incluso a quienes no aprueban su política: el 60% de los que votaron por Brown daban su visto bueno a Obama, según el Post. El reto es transformar ese capital personal en votos.

La veta populista, como los comentaristas estadounidenses califican ahora el tono de Obama, aunque no ha cambiado sustancialmente, tiene sus limitaciones. El presidente "no puede aparecer como un guerrero de clases; es alguien un poco frío y cerebral, lo suyo es la ironía intelectual", aseguraba el analista Michael Gerson. El presidente, aunque arremeta contra los abusos de Wall Street, no puede atacar el sistema, sobre todo ante unos independientes con unas tendencias conservadoras avivadas por la angustia de la crisis.

¿Y los republicanos? "Los votantes se han desenamorado de los demócratas, pero todavía no se han vuelto a enamorar de nosotros", resumía el congresista conservador de Florida, Adam Putnam.

"Tenemos que centrarnos en crear empleo", afirma un senador demócrata

"Los republicanos que van por ahí cantando victoria deberían recordar que el país está cambiando constantemente y ningún partido las tiene todas consigo", decía Matthew Dowd, ex consultor de George W. Bush.

Además, Scott Brown, el senador local que arrebató el escaño de Kennedy, "no se presentó como un conservador, sino como alguien fuera del sistema", subrayaba el analista.

Obama tiene por delante unos meses muy cuesta arriba. "Clinton me dijo una vez -comentaba su biógrafo John Harris- que su secreto era enfrentarse a la controversia y las flaquezas políticas en vez de seguir el instinto natural de huir lo más lejos posible".

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