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El Parlamento francés debate la reforma de las pensiones en plena crisis interna del macronismo

La Asamblea Nacional empieza a debatir la polémica ley sobre las jubilaciones, mientras cae la popularidad del presidente francés y su partido afronta con dificultades las elecciones municipales de marzo. 

El presidente francés Emmanuel Macron durante una conferencia en Munich el 15 de febrero. /REUTERS
El presidente francés Emmanuel Macron durante una conferencia en Munich el 15 de febrero. /REUTERS

Emmanuel Macron mantiene su firmeza —u obstinación— para sacar adelante su reforma de las pensiones. Esta contestada medida empezó a debatirse este lunes por la tarde en la Asamblea Nacional en París. Después de más de dos meses de intensas protestas y una huelga en los transportes histórica por su longevidad, el presidente francés se encuentra a pocas semanas de lograr la aprobación de una de las medidas claves de su proyecto neoliberal. ¿Es un triunfo para Macron? En el mejor de los casos, una victoria pírrica, por el desgaste social causado en el ejecutivo. Y porque coincide con la caótica campaña de su partido en las municipales del mes que viene.

La votación de la reforma está prevista para el 4 de marzo, pero pocos diputados creen que se mantenga el calendario previsto. Los dos proyectos de ley que la componen han recibido más de 42.000 enmiendas. La oposición de izquierdas —los socialistas, comunistas y los insumisos— prepara una guerrilla parlamentaria. Salvo una sorpresa mayúscula, no hay ninguna duda de su adopción final, gracias a la mayoría absoluta de La República en Marcha (LREM, partido del presidente). Pero los debates se auguran eléctricos.

En su llegada al Parlamento, el insumiso Jean-Luc Mélenchon prometió una batalla “dura, implacable y larga”. “Haremos todo lo posible para impedir que se adopte esta ley”, aseguró. Antes de que empezara el primer debate, el reducido grupo de diputados comunistas se manifestó con camisetas en las que pedían un referéndum. Hasta tres mociones parlamentarias se presentaron pidiendo la retirada de la reforma.

“Ha llegado el momento de la responsabilidad ante los franceses por un debate que conllevará el tiempo necesario, aunque sea en el alboroto”, aseguró el ministro de Sanidad, Olivier Véran, recientemente nombrado para este cargo después de que su antecesora, Agnès Buzyn, fuera designada como candidata de urgencia de LREM en las municipales en París tras la renuncia de Benjamin Griveaux por la publicación de unos vídeos de carácter sexual (https://www.publico.es/internacional/benjamin-griveaux-candidato-macron-alcaldia-paris-renuncia-video-sexual.html).

La reforma erosiona la popularidad de Macron

El ejecutivo centrista utilizó su habitual discurso trufado de expresiones relacionadas con la justicia social —“igualdad”, “equidad”, “las mujeres son las ganadoras” — para defender su nuevo sistema por puntos. No obstante, este medida tiene como objetivo disminuir del actual 14% al 12,9% en 2050 el gasto público destinado a las jubilaciones. Lo que amenaza con una disminución significativa de las futuras pensiones. “Esta reforma es la del cinismo y la improvisación. Del cinismo de presentarla como una medida de igualdad y equidad”, criticó el diputado socialista Boris Vallaud durante el debate. “Este proyecto monstruoso es el monstruo que se os escapa”, añadió el diputado comunista Pierre Dharréville, sobre el desgaste ocasionado por esta medida en el ejecutivo macronista.

Según un sondeo reciente del instituto Kantar para el diario conservador Le Figaro, solo el 24% de los franceses siente simpatía por el joven dirigente, después de que su popularidad haya caído ocho puntos desde septiembre y se acerque a los niveles más bajos de la crisis de los chalecos amarillos. “Macron ha decidido que quiere hacer votar como sea una reforma de las pensiones rechazada por la mayoría de la opinión pública, pero esto puede convertirse en un suicidio político”, advierte el politólogo Christophe Bouillaud. Este profesor en Sciences Po Grenoble recuerda que “prácticamente ningún economista, ni siquiera los liberales, defiende esta medida, que ha sido mal diseñada”.

“La aprobación de esta reforma no podrá considerarse como una victoria para Macron, ya que su elaboración ha generado una gran tensión en el país. Sobre todo, ha resultado un fracaso que no haya logrado convencer a la opinión pública”, explica Agathe Cagé, presidenta del gabinete en asesoría política y empresarial Compass Label, sobre la oposición de la mayoría de los franceses. Según recuerda esta doctora en Ciencias Políticas, Macron se encuentra en una situación de bloqueo, en la que no logra “imponer su ritmo”. La semana pasada intentó dar un giro verde a su mandato con una visita a los glaciares del Mont Blanc. Pero esta operación mediática quedó en un plano secundario ante la renuncia del candidato macronista en las municipales en París.

Campaña caótica del macronismo en las municipales

Griveaux renunció el pasado viernes a su candidatura después de que se publicaran unos vídeos, grabados por él, en los que aparecía masturbándose. Unas imágenes que corrieron como la espuma en las redes sociales, siendo un exdiputado de LREM uno de los primeros en compartirlas. Los supuestos principales implicados en esta “porno venganza”, el artista ruso Piotr Pavlenski y su pareja Alexandra de Taddeo —según la prensa francesa, Griveaux le envió a ella los vídeos en 2018 cuando mantuvo un breve romance con esta estudiante de Derecho, de 29 años—, comparecieron este lunes ante un juez de instrucción. El caso Griveaux ha provocado otra crisis interna en el macronismo, cuya caótica campaña en París simboliza el difícil momento que atraviesa el joven dirigente.

Aunque una ciudad burguesa como la capital francesa es propicia de convertirse en un feudo macronista —el joven presidente fue el más votado con el 34% de los votos en las presidenciales de 2017 y el 33% en las europeas— la carrera por la alcaldía de París se ha convertido en un camino de espinas para el macronismo. Primero, esta formación, fundada en 2016, se dividió en dos candidatos: el oficialista Griveaux y el diputado disidente Cédric Villani, un prestigioso matemático al que expulsaron del partido a principios de febrero. Tras la renuncia de Griveaux, ahora ha tenido que recurrir de urgencia a la ministra de Sanidad, Agnès Buzyn, para que lidere la maltrecha candidatura.

En numerosas otras ciudades, como Lyon, Toulouse o Lille, también se han reproducido estas divisiones en el seno de LREM de cara a las municipales que se celebrarán el 15 (primera vuelta) y el 22 de marzo (segunda vuelta). “Muchos se implicaron en LREM creyendo que este partido permitiría hacer política de otra forma, pero ahora se sienten decepcionados al ver que los candidatos son nombrados de forma arbitraria”, explica Cagé, sobre el funcionamiento internó que precipitó la división en París y en otras localidades. “El macronismo es un movimiento formado sobre todo por oportunistas e ingenuos que creyeron en la promesa de regeneración de 2017”, añade Bouillaud, quien considera que los oportunistas ahora se dan codazos entre ellos y los ingenuos se sienten decepcionados.

“Os pido la unidad, no la uniformidad”, aseguró Macron durante una reunión en el Elíseo. el 11 de febrero, con más de 300 diputados de la mayoría presidencial para tratar las tensiones internas del macronismo. Unas discrepancias que no solo se producen a nivel local, sino también nacional. Así quedó reflejado con la fuerte polémica suscitada por el voto negativo del grupo parlamentario de LREM a una enmienda que proponía aumentar de 5 a 12 días el tiempo de baja por la muerte de un hijo. Pese a ser rectificada pocos días después por el presidente, esta decisión reforzó la reputación de escasa sensibilidad social del ejecutivo.

Según sondeos recientes, no es descabellada la posibilidad de que LREM se quede sin ninguna de las alcaldías en las ciudades de más de 100.000 habitantes. Resultaría un hecho inédito para un partido presidencial en la historia de la Quinta República. Y una contundente respuesta del electorado a los oídos sordos del ejecutivo ante el malestar por la reforma de las pensiones.