La paz en Gaza está en el filo de la navaja pese a la reapertura "en pruebas" del paso de Rafah
Los obstáculos impuestos por Israel al paso de Rafah, que conecta Gaza y Egipto, y la incesante matanza de palestinos ensombrecen la posibilidad de una paz real en la Franja.
Según Israel, se prevé que el paso de Rafah se abra este lunes tras no hacerlo este domingo.

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El sábado fue uno de los días más mortíferos del endeble alto el fuego que vive Gaza desde el pasado 10 de octubre, con una treintena de personas, muchas de ellas niños, asesinadas por el ejército israelí en ataques lanzados por toda la Franja. Esa matanza se produjo en vísperas de la apertura “en pruebas” y cargada de restricciones del paso de Rafah, que en el sur de Gaza debería permitir el acceso a Egipto y es clave para la llegada de ayuda humanitaria y la evacuación de heridos.
Aunque el Gobierno israelí había anunciado para este domingo ya la entrada y salida de personas por el cruce de Rafah, situado al sur de esta ciudad también arrasada por su ejército, finalmente ese trasiego no se produjo. Lo confirmó en un comunicado el ejército israelí: "Hoy (domingo), está en marcha un test piloto para probar la operación de paso. El movimiento de residentes en ambas direcciones, de entrada y salida desde Gaza, es esperado para mañana".
Las decenas de heridos graves que esperaban su traslado a Egipto para ser tratados en los hospitales del país vecino no pudieron cruzar finalmente por Rafah. Según la Organización Mundial de la Salud, hay más de 16.500 heridos y enfermos graves que deberían abandonar Gaza para ser tratados en Egipto con urgencia.
Al final, la apertura del paso de Rafah, anunciada desde hace días para este domingo, fue más simbólica que real y, de nuevo, Israel hizo uso de la coerción para presionar a los palestinos de Gaza, una tónica en todos los procesos de negociación boicoteados, más tarde o más temprano, por Tel Aviv.
Una paz erosionada por Israel
Las violaciones continuas por Israel de la tregua firmada hace cuatro meses y estas dificultades impuestas al cruce de personas por Rafah no ofrecen buenos augurios al proceso de consolidación de la paz en Gaza auspiciado por Estados Unidos. Al contrario, afianzan las sospechas de que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pretende utilizar Rafah primero para extorsionar a los palestinos y en segundo lugar para facilitar una eventual expulsión masiva de gazatíes cuando así decidan Israel y sus aliados en Estados Unidos.
Pese al optimismo de Donald Trump acerca del futuro de Gaza, que el presidente estadounidense vislumbra como un paraíso inmobiliario semejante al de las ciudades oasis del Golfo Pérsico, la realidad es otra. El plan de paz con el que convenció a Netanyahu para que detuviera los bombardeos masivos de Gaza hace aguas por todas partes saboteado por Israel.
Ya debería estar en marcha la segunda parte de esa hoja de ruta, con la formación de un Gobierno de transición en la Franja, pero lo cierto es que, aunque Israel detuvo el genocidio a gran escala de palestinos, las matanzas continúan. Los ataques israelíes que han causado ya más de 530 muertos desde el 10 de octubre, cuando comenzó la tregua, han ocurrido en la parte occidental de la llamada Línea Amarilla que divide Gaza tras el acuerdo de paz y que deja a Israel con el control de un 60% de la Franja y a los 2,2 millones de gazatíes hacinados en el resto del territorio, arrasado también por la campaña militar israelí.
En una de estas ofensivas lanzadas por Israel desde que empezó el alto el fuego, la ocurrida el 29 de octubre pasado, las bombas del ejército judío asesinaron a más de un centenar de gazatíes, la mitad de ellos niños. En el ataque de este domingo, que se saldó con 32 palestinos muertos, las bombas estaban dirigidas contra alojamientos transitorios donde se encontraban las víctimas, tiendas de campaña de refugiados, apartamentos residenciales y una estación de policía, donde murieron cuatro agentes mujeres.
Este domingo, los ministerios de Asuntos Exteriores de Arabia Saudí, Catar, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia, Jordania, Pakistán y Turquía condenaron "las reiteradas violaciones por parte de Israel del alto el fuego en Gaza", acciones que contribuyen a "aumentar las tensiones y socavar los esfuerzos destinados a consolidar la calma y restablecer la estabilidad, en un momento en que las partes regionales e internacionales están trabajando colectivamente para avanzar en la segunda fase del plan de paz del presidente Donald Trump e implementar la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas", según indicó la declaración conjunta, que nadie tendrá en cuenta.
Israel reconoce la matanza de 70.000 gazatíes
Tal y como reconoció por primera vez el ejército israelí este viernes, más de 70.000 gazatíes han muerto en la devastación desatada por orden de Netanyahu el 7 de octubre de 2023 contra Gaza en respuesta al asesinato de 1.200 personas por las incursiones de las milicias de Hamás ese día en Israel. En esa cifra de gazatíes masacrados, que el Ministerio de Sanidad de Gaza sitúa en casi 71.700, no se cuentan los miles de cuerpos que aún siguen sepultados bajo las ruinas de las ciudades de Gaza destruidas por el ejército hebreo. El mismo ejército judío admite que hay muchos desaparecidos entre los escombros dejados por sus bombardeos.
Estas matanzas han sido en buena parte realizadas con armas estadounidenses, vendidas a Israel por la Administración Trump y por el Gobierno del anterior presidente de EEUU, Joe Biden. Sin el permiso del Congreso estadounidense, Trump firmó hace unos días la autorización para la venta a Tel Aviv de otros 6.000 millones de dólares en armamento.
Trump se arroga el papel de pacificador de Gaza, pero en este territorio las matanzas continúan con las bendiciones de la Casa Blanca y las armas del Pentágono, convirtiendo la tregua en papel mojado y el acuerdo de paz en una farsa.
La desasistencia humanitaria, otro arma más de Israel
La reapertura de Rafah debería haberse producido en la primera fase de ese acuerdo, pero no fue así. Israel ha seguido asfixiando a la población gazatí con la falta de alimentos y otros bienes de primera necesidad, que han entrado a cuentagotas y con muchos obstáculos a Gaza. La parte gazatí de Rafah está controlada y sellada por Israel desde mayo de 2024, cuando el ejército judío lanzó su ofensiva militar contra el sur de Gaza.
El paso de Rafah es la única vía terrestre que enlaza Gaza con el exterior, pues el resto de sus límites lindan con territorio israelí o con el mar. Su cierre, que ya tuvo un precedente con el bloqueo de 2007, supone el enclaustramiento de la población de Gaza en una trampa mortal a merced de las bombas israelíes.
Tras el ataque de Hamás de octubre de 2023, Israel cerró todos los accesos a Gaza y solo quedó Rafah como paso para la ayuda humanitaria, aunque los bombardeos israelíes limitaron el acceso y el cruce estaba previsto solo para personas y no mercancías. Los pocos camiones que entraban por Rafah con ayuda humanitaria eran además controlados exhaustivamente por las fuerzas israelíes, que impedían la entrada de buena parte de esa asistencia. Solo algunos miles de palestinos con doble nacionalidad y heridos muy graves pudieron dejar Gaza por Rafah, tras ser extorsionados, además, monetariamente.
Finalmente, el 7 de mayo de 2024, el ejército israelí clausuró el paso de Rafah y el desabastecimiento fue ya generalizado en Gaza, sometida a la hambruna además de las balas y bombas de Israel. Solo tras la puesta en marcha del plan de paz de Trump se retomó la llegada de ayuda humanitaria en Gaza, pero muy controlada también.
Desde la lógica bélica que rige Israel, esta restricción de la ayuda tiene su sentido. Es el arma más afilada que tiene Netanyahu para doblegar a los más de dos millones de gazatíes y empujarles, más tarde o más temprano, a dejar el territorio palestino. Ahora, la apertura condicionada de Rafah puede contribuir a esa la limpieza étnica y dar vía libre a la reconstrucción modélica de Gaza soñada por Trump con los palestinos excluidos de la misma.
Israel seguirá teniendo el control de Rafah
La apertura de Rafah no traerá consigo el libre desplazamiento entre Egipto y Gaza por este cruce. Seguirá estando bajo el control de Israel, que ya ha anunciado que será muy selectivo con quienes lo cruzan en una u otra dirección. Está en principio previsto que se permita salir diariamente de Gaza a unas 150 personas y acceder a la Franja palestina a medio centenar, todos ellos sometidos a un exhaustivo control.
"Israel confirmará los nombres de quienes salgan y el cruce será gestionado por equipos palestinos bajo la supervisión de una delegación de la Unión Europea", explicó una fuente egipcia citada por la agencia EFE este domingo. Según estos datos, Israel permitiría a los miembros del comité de técnicos palestinos que, según el plan de Trump, gestionará Gaza, "ingresar a la Franja en los próximos días a través del cruce de Rafah, en un gesto de buena voluntad hacia la Administración estadounidense".
La composición de ese Gobierno de tecnócratas para Gaza es otra de las incertidumbres que hay en este proceso de paz. La dirección del mismo está bajo el propio Trump, con un montón de líderes y figuras públicas internacionales que se han unido al carro de la victoria del presidente estadounidense en Gaza, para desconcierto de los palestinos y fastidio de Netanyahu y sus acólitos en el Gobierno extremista israelí. Tantos ojos en este asunto podrían llegar a cuestionar la política de tierra quemada y anexión de facto de Gaza, o al menos de parte de ella, por la que aboga buena parte del Gabinete de Netanyahu.
La farsa de la reconstrucción cuando faltan incluso generadores eléctricos
Se supone que en esta segunda fase de la implementación del acuerdo de paz de Trump se sentarán las bases para la reconstrucción de Gaza, donde el 90% de sus edificios han sido destruidos o dañados. Difícil tarea, pues es Israel quien controla la llegada también de los materiales básicos para siquiera asegurar las mínimas condiciones de vida de los gazatíes.
Tal y como indicó esta semana en un comunicado la presidenta del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Mirjana Spoljaric, es imprescindible "reducir las restricciones en el material llamado de doble uso y en equipamientos como tuberías de agua y generadores, que son esenciales para restaurar la infraestructura esencial de la que dependen las personas".
Según el CICR, en medio de las peores condiciones invernales y desde las ruinas, sin servicios básicos, "miles de familias continúan esperando noticias de sus seres queridos. Los hospitales, casas, escuelas y sistemas de agua necesitan ser reparados, y la munición sin explotar debe ser retirada". Los pasos dados por Israel para abrir el paso de Rafah no apuntan, de momento, a que esa situación vaya a mejorar mucho.



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