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Política europea La ultraderecha tiñe el mapa de Europa: está en cinco gobiernos y 22 parlamentos de la UE

La ultraderecha europea se presenta de mil maneras distintas, pero ya está en casi todos los países europeos. Solo cinco países de la UE tienen parlamentos libres de partidos de este tipo: son Irlanda, Malta, Luxemburgo, Croacia, y Rumanía. Solo hay cuatro más en los que la ultraderecha haya cosechado menos del 10% de los votos en las últimas elecciones: Portugal, Grecia, Lituania, y Chipre.

Seguidores de Amanecer Dorado durante una marcha en la Plaza Syntagma, en Atenas. REUTERS
Seguidores de Amanecer Dorado durante una marcha en la Plaza Syntagma, en Atenas. REUTERS

Dentro de la ultraderecha, hay muchos tipos de formaciones diferentes. Hay partidos que destacan los valores nacionalistas, otros que tienen un discurso contrario a la inmigración, y otros que insultan directamente a las minorías de su país… hasta llegar a unos cuantos países que cuentan con partidos con conexiones neonazis. Los problemas económicos y la llegada de refugiados que huyen de la guerra de Siria han ayudado a la extensión del discurso nacionalista, que ha encontrado en el miedo a los cambios un campo donde florecer.

En algunos países, la ultraderecha ha llegado a facilitar gobiernos de coalición, como en Estonia, Bulgaria, y Finlandia (fuera del Gobierno desde hace unos meses). En Italia, Suecia o Eslovenia, los partidos de ultraderecha encabezan las encuestas de intención de voto para las próximas elecciones. En otros, como Polonia y Hungría hay partidos populistas en el poder de corte autoritario que, si bien no todo el mundo considera como de ultraderecha, sí comparten rasgos con ellos, como la exaltación de la identidad nacional o el discurso contra las minorías sexuales y religiosas.

España

Hasta que Vox consiguió entrar en el Gobierno de coalición de la Junta de Andalucía en 2018, junto con PP y Ciudadanos, la ultraderecha en España no tenía ningún representante público en las administraciones autonómicas o nacionales. España era entonces una rareza en Europa. Dos años más tarde, España ya no es ningún oasis. Vox fue la tercera fuerza en las últimas elecciones, con el 15,1% de los votos, y tiene 52 escaños en el Congreso de los Diputados. Tiene también tres eurodiputados y, además de Andalucía, sostiene el Gobierno de la Comunidad de Madrid y Murcia, junto con PP y Ciudadanos.

Portugal

Hasta las últimas elecciones legislativas de octubre, Portugal era uno de los pocos países de Europa que no tenía a ningún partido de extrema derecha en su parlamento nacional. Pero el pasado octubre el ultraderechista André Ventura consiguió su primer escaño, con su partido Chega, creado solo seis meses antes, con el 1,29% de los votos.

Las pretensiones de Ventura son altas: “En cuatro años habrá un presidente de Chega, en ocho años seremos el primer partido del país. Las personas están hartas de políticos que prometen mucho pero que no hacen nada”, dice en una entrevista con El País. En los últimos sondeos, la intención de voto al Chega es ya del 5,7%.

El discurso de Ventura tiene los rasgos típicos de la ultraderecha: contra la minoría étnica de los gitanos y la inmigración, y por el cierre de fronteras. Como ejemplo, uno de sus carteles electorales rezaba: “Estamos sosteniendo a los que no quieren hacer nada”.

Italia

Un partidario se da la mano con el líder del partido de la Liga, Matteo Salvini, después de una manifestación en Roma. REUTERS / Remo Casilli

El país transalpino es uno de los principales focos de la ultraderecha en Europa, tras el ascenso meteórico de Matteo Salvini, líder de La Liga Norte, quien hace cinco años era un desconocido que liberaba un partido casi en cenizas. En 2018, tras unas elecciones en las que consiguió el 17,35% de los votos, se situó como la tercera fuerza del país. Entonces formó parte de un extraño Gobierno de coalición con el Movimiento Cinco Estrellas, liderado por Luigi Di Maio, que puso al independiente Giuseppe Conte como primer ministro, con Salvini y Di Maio como vice primeros ministros. La coalición hizo aguas en septiembre del año pasado, cuando Conte dimitió. Esto llevó a que M5S buscara un acuerdo con el Partido Democrático, que devolvió la presidencia a Conte, y dejó fuera del Gobierno a la formación de Salvini.

Los últimos sondeos ponen a la Liga como primera fuerza del país, con un 31,5% de los votos, muy por delante de los partidos que actualmente están en el Gobierno. Salvini ya demostró su fuerza en las elecciones al Parlamento Europeo de mayo pasado, cuando obtuvo el 34,3% de los votos de los italianos. La Liga es la tercera fuerza más importante de la Eurocámara con 28 eurodiputados, solo por detrás de la CDU alemana de Angela Merkel y el Partido del Brexit, que dejará sus escaños el 31 de enero si todo va según lo previsto.

Francia

El nombre Le Pen lleva décadas asociado con la ultraderecha francesa. Jean-Marie Le Pen se presentó a las elecciones presidenciales desde 1974 hasta 2007 (excepto a una), con resultados que rondaron siempre el 15% de los votos, aunque solo consiguió pasar a la segunda ronda de las presidenciales en una ocasión.

Su hija, Marine Le Pen, que en 2011 sucedió a su padre en el liderazgo del Front National, rebautizado en 2018 como Rassemblement National (Agrupación Nacional), está teniendo más éxito. En las últimas presidenciales de 2017, Le Pen cosechó un 21,3% de los votos en la primera ronda, aunque entonces perdió de manera estrepitosa contra Emmanuel Macron, al conseguir solo un tercio de los votos en la segunda vuelta.

La figura de Le Pen goza de una popularidad cada vez más alta en el país vecino, donde los franceses la consideran la mujer más influyente en la sociedad de 2019, según un sondeo de Le Figaro.

Los últimos sondeos pronostican que la diferencia entre Le Pen y Macron si se hicieran elecciones hoy estaría en un pañuelo (45% para Le Pen, 55% para Macron). Aprovechando su popularidad, Marine Le Pen ya anunciaba la semana pasada que se presentará a las próximas elecciones presidenciales francesas de 2022.

Alemania

El partido de Alternativa por Alemania (AfD) ha conseguido volver a poner a la ultraderecha en el mapa político de un país que hasta hace muy poco se consideraba tabú hablar de nada que se asemejara a una identidad nacional. La ideología de AfD cuestiona la política de perdón del país por su pasado nazi y tiene una narrativa especialmente dura con el islam.

En las últimas elecciones federales consiguieron el 12,6% de los votos, convirtiéndose en tercera fuerza, y tienen 11 eurodiputados tras haber conseguido el 11% de los votos en Alemania. En cuanto a las elecciones de las regiones alemanas, importantes en un país muy descentralizado, AfD no ha conseguido imponerse en ningún länder, aunque sí es la segunda fuerza en los parlamentos de Sajonia (27,5% de los votos) o Brandenburgo (23,5%), entre otros.

Grecia

Amanecer Dorado dio el salto al protagonismo político en 2012, en plena crisis financiera y con Grecia a un paso de salirse del euro. Entonces consiguieron el 7% de los votos en las elecciones nacionales y 21 diputados. Sin embargo, se han desinflado en las últimas convocatorias, quedándose fuera del Parlamento nacional en 2019 (2,93% de los votos), y con solo un eurodiputado en las últimas elecciones europeas.

El líder del partido neonazi griego Amanecer Dorado, Nikos Michaliolakos, se dirige a sus seguidores en una concentración frente al sitio en donde se construye la primera mezquita e Atenas. AFP/Louise Gouliamaki

A pesar de que Amanecer Dorado nunca obtuvo un resultado que le acercara a tocar poder, el ascenso del partido desató las alarmas en Europa por su cercanía al nazismo. De hecho, su enseña era un motivo clásico griego representado de manera similar a la esvástica de Hitler.

Algo menos radical que Amanecer Dorado es otro partido ultra-nacionalista surgido en 2016, Solución Griega, que también tiene un eurodiputado, y consiguió 10 escaños en el Parlamento nacional (3,7% de los votos).

Bélgica

El partido más a la derecha de Bélgica es el Vlaams Belang (Interés Flamenco), que defiende la independencia del norte neerlandófono. Sus resultados en las elecciones federales y regionales de mayo del año fueron mucho mejores que en convocatorias anteriores, convirtiéndose en la segunda fuerza de la región de Flandes (18,6% de los votos).

Nueve meses después de las elecciones, en Bélgica siguen sin Gobierno. Así que el debate nacional se centra ahora mismo en si el resto de partidos deberían retirarle el cordón sanitario que siempre le han aplicado al Vlaams Belang para favorecer la formación de un Ejecutivo.

En el sur francófono, la ultraderecha es residual y no tiene ninguna representación en órganos políticos. De hecho, el partido nacionalista más relevante era el Parti Populaire, de valores económicos liberales, pero conservadores en el terreno de los valores, que se ha disuelto después de no conseguir representación en las últimas elecciones federales de 2019.

Países Bajos

Hasta hace unos pocos años el principal partido de la ultraderecha era el Partido por la Libertad (PvV), liderado por Geert Wilders, conocido entre otras cosas por crear un corto de 17 minutos, en el que trata de demostrar que el Corán anima a sus seguidores a odiar a todos los que no cumplen con las enseñanzas islámicas. “No odio a los musulmanes, odio el Islam”, llegó a decir en una entrevista con The Guardian en 2008.

Pero en los últimos años le ha comido la tostada el Foro por la Democracia (FvD), cuyo líder Thierry Baudet tiene un discurso algo más suave, que dice que las fronteras deberían estar cerradas para los migrantes “excepto para los que necesitamos” y que aquellos cuyas opiniones no concuerdan con la civilización occidental deberían ser deportados.

En las elecciones de 2017, Wilders consiguió el 13,1% de los votos y fue segunda fuerza, mientras que el FvD obtuvo el 1,8%. En las europeas de 2019, las tornas ya se invirtieron: un 11% para FvD -cuarta fuerza nacional- (tres eurodiputados, tras el brexit), y un 3,5% para Wilders (un eurodiputado, tras el brexit).

Luxemburgo

Luxemburgo es uno de los pocos países europeos donde la ultraderecha no tiene representación parlamentaria, aunque en los últimos años se han fundado algunos partidos ultranacionalistas, alguno incluso inspirado en el Frente Nacional de Le Pen, con poco éxito. El partido más conservador del país es quizá el Partido Reformista de Alternativa Democrática, que en las últimas elecciones de 2018 obtuvo el 8,3% de los votos, pero no se suele considerar como una formación de extrema derecha, aunque sí euroescéptica.

República Checa

El partido más a la derecha de República Checa se llama Libertad y Democracia Directa. En las últimas elecciones de 2017, consiguieron el 10,6% de los votos, un resultado similar a las europeas del año pasado (9,1% y dos eurodiputados). La formación aboga por salir de la UE y tiene un discurso muy duro contra los inmigrantes de religión islámica.

En particular, están en contra de las cuotas de reparto de refugiados que la Unión Europea ha intentado establecer con poco éxito, ya que dicen que llevarán a la islamización del continente. Una de sus particularidades es que también apoyan un sistema de democracia directa, incluido un “referéndum en sobre los asuntos fundamentales que conciernen el futuro del país”, según explica su programa.

Eslovaquia

En Eslovaquia, el partido Partido Popular - Nuestra Eslovaquia, liderado por Marian Kotleba, uno de los líderes de la ultraderecha con un discurso más abiertamente cercano al fascismo. Su partido va segundo en las encuestas de intención de voto para las elecciones que tendrán lugar el 29 de febrero, con un 13,6% de los votos.

El neonazi Marian Kotleba, líder del Partido del Pueblo-Nuestra Eslovaquia, en una imagen de archivo / REUTERS

En su programa podemos encontrar perlas como que “rechaza la adopción de niños por parte de homosexulaes, y la promoción de las desviaciones sexuales”. A Kotleba le acusan de ser directamente neonazi, y de celebrar el estado eslovaco de la Segunda Guerra Mundial, satélite del Reich.

Sin ir más lejos, uno de los miembros de su partido, Milan Mazurek, perdió su acta de parlamentario hace unos meses, después de que insultara de manera abierta a las personas de etnia gitana en una intervención en una radio, en la que dijo que “150 millones de euros van a parar a las casas de las comunidades gitanas. Es decir, a gente que nunca ha hecho nada por nuestra nación, ni nuestro Estado, sino que, todo lo contrario, han escogido una manera de vivir asocial y que chupa de nuestra seguridad social”. 

Polonia

En las últimas elecciones polacas de octubre 2019, los partidos de la derecha más radical acudieron a los comicios bajo una coalición que consiguió el 6,8% de los votos -colocándose como quinta fuerza del parlamento-. En las europeas se quedaron en el 4,5%, sin ningún eurodiputado. Dentro de esa confederación, hay partidos con ideologías varias, que van desde el nacionalismo extremo al autoritarismo, y tienen un programa económico neoliberal

Uno de sus líderes, Janusz Korwin-Mikke es conocido en Bruselas por afirmar en el Parlamento Europeo que las mujeres deben ganar menos que los hombres porque son “más débiles, más pequeñas y menos inteligentes”.

Además, en el poder está el Partido Ley y Justicia (PiS), conocido en Europa por su discurso populista de derechas, y que ha colocado a Polonia en el punto de mira de la UE. Bruselas ha pedido que se le aplique el artículo 7 del Tratado, lo que en última instancia podría acabar con su poder de voto en el Consejo Europeo, por las injerencias del Gobierno en el sistema judicial y sus ataques a la libertad de expresión.

Eslovenia

En Eslovenia, el partido anti-inmigración Partido Democrático Esloveno ganó las elecciones en 2018 con el 24,9% de los votos. Su líder, Janez Janša es un político con una larga carrera, que se ha alineado con las posiciones del húngaro Viktor Orbán, y en su Twitter se pueden ver apoyos a las políticas del brasileño Bolsonaro o Donald Trump. A pesar de ser la lista más votada, Janša no consiguió formar Gobierno por la negativa del resto de partidos a aliarse con él debido a su discurso autoritario

Irlanda

En las elecciones Irlanda del próximo 8 de febrero no participará ningún partido de extrema derecha de relevancia. Si bien existe algún partido como el National Party, que proclama “Irlanda para los irlandeses”, ninguna encuesta espera que consiga ninguna representación en el parlamento.

Croacia

No hay de partidos de extrema derecha en el parlamento croata, aunque sí existen una serie de partidos minoritarios que han conseguido algún diputado en el pasado. En las últimas elecciones, de 2016, la principal formación fue el Partido Nacional de los Derechos, que obtuvo un 0,7% de los votos. Entre sus símbolos destacan las camisas negras y el uso de la frase Por la patria, preparado, un saludo fascista.

Austria

Tras quedar segunda en las elecciones de finales de 2017, la ultraderecha austriaca, el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), formó una coalición de Gobierno con el partido conservador que colocó en la cancillería a Sebastian Kurz, del partido popular austriaco. La coalición cayó en mayo del año pasado, cuando el líder del FPÖ y entonces vicecanciller, Heinz-Christian Strache, tuvo que dimitir tras ser descubierto ofreciendo contratos públicos a cambio de donaciones para su partido, en un vídeo grabado en Ibiza. En ese Gobierno, la formación de ultraderecha había conseguido un total de seis ministros.

El exlíder del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) Heinz Christian Strache.

Tras el escándalo se celebraron nuevas elecciones, en las que la FPÖ consiguió el 16,2% de los votos. El partido se define como defensor de la tradición, y tiene un fuerte mensaje anti-islamista y anti-inmigración. Kurz ha vuelto a proclamarse como canciller hace unos días, esta vez gracias a una coalición con el partido verde.

Hungría

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, durante un mítin. / REUTERS

Hungría tiene quizá el parlamento más inclinado a la derecha, y a la ultraderecha, del continente. Fidesz, el partido de Viktor Orbán, que tiene un dominio absoluto de la política nacional -49,2% de los votos en las últimas elecciones-, ha estado a punto de ser expulsado del Partido Popular Europeo varias veces por su deriva autoritaria, acusado de perseguir a los inmigrantes, y de destituir jueces incómodos.

Por si fuera poco, el segundo partido del parlamento es Jobbik -19% de los votos-, una formación que no acepta el tratado que tras la Primera Guerra Mundial otorgó parte de sus antiguos territorios a los países colindantes y ha recibido acusaciones de ser un partido fascista e incluso neonazi.

Los miembros de Jobbik no quieren que se les tache de ultraderecha, sino que prefieren que los definan como patriota o de derecha radical. De hecho, una decisión del Tribunal Supremo húngaro de 2014 estableció que a Jobbik no se le puede llamar de “extrema derecha” en los medios nacionales, ya que eso supondría emitir una opinión.

Suecia

En Suecia, el partido de extrema derecha Demócratas de Suecia está a la cabeza de las encuestas de opinión (alrededor del 25% de los votos estimados), después de una subida continua en los últimos meses. En las últimas elecciones de 2018 ya consiguieron el 17,5% de los votos y fueron la tercera fuerza.

Los Demócratas de Suecia han llegado a decir en el pasado que una persona que se considera judía o Sami (nativo del círculo polar ártico) no puede ser a la vez sueca, pero en el último año su líder Jimmie Åkesson ha tomado una postura más moderada, desmarcándose de los discursos racistas.

Dinamarca

El partido que lleva representando la posición más extrema de la derecha en Dinamarca desde 1998 es el Dansk Folkeparti (Partido Popular Danés), cuya ideología rechaza la inmigración porque convertiría a la sociedad danesa en una sociedad multicultural. En las últimas elecciones del país, que se celebraron en junio del año pasado, el partido sacó sus peores resultados desde su fundación, con solo el 8,7% de los sufragios y 16 escaños, 21 menos que en 2015, y colocado como tercera fuerza de la cámara. Por su parte, el partido La Nueva Derecha, que califica al Folkeparti de demasiado blando, consiguió un 2,4%.

Un fenómeno que se desató en los meses anteriores a las elecciones fue el del partido de La Línea Dura, cuyo líder Rasmus Paludan ha protagonizado manifestaciones en las que quema coranes y decía querer prohibir esa religión y que se deporte a los musulmanes. Necesitaba un mínimo del 2% de votos en las elecciones para entrar en el parlamento, pero se quedó a las puertas con un 1,8%.

Finlandia

En Finlandia, el Partido de los Finlandeses (antes conocido como “de los verdaderos finlandeses”) obtuvo el 17,5% de los votos en las elecciones de abril del año pasado y tiene solo un escaño menos que el Partido Socialdemócrata que ganó los comicios. El apoyo a la ultraderecha lleva en unas cifras similares desde 2011. Aun así, el partido no forma parte de la actual coalición de Gobierno, en la que están cinco partidos. En la anterior legislatura sí formaron parte del gabinete y tuvieron varios ministros.

Su líder, Jussi Halla-aho, recibió una multa del Tribunal Supremo de su país en 2012 por unos comentarios en un blog en los que vinculaba el islam con la pedofilia y a los somalíes con el robo, según informa la BBC. En la última campaña, Halla-aho endureció su retórica anti-inmigración después de que se dieran a conocer una serie de abusos sexuales cometidos por un grupo de inmigrantes de origen árabe.

Estonia

“Si eres negro, vete” o “quiero que Estonia sea un país blanco” son algunos de los sutiles comentarios que Martin Helme, hijo del líder del partido ultraderechista de ese país (y también miembro de la directiva), ha llegado a proferir en directo en un programa de tertulias en la televisión. Pero comentarios como este no han evitado que su padre, Mart Helme, consiguiera convertirse en tercera fuerza del parlamento, con un 17,8% de los votos en las elecciones que se celebraron en marzo del año pasado.

Con esos resultados, el Partido Popular Conservador entró en la coalición de Gobierno y se ha convertido en ministro del Interior, encargado de gestionar, entre otras cosas, las cuestiones migratorias.

Lituania

En Lituania no hay partidos de ultraderecha entre las principales formaciones del país. El partido Orden y Justicia es el que se coloca más a la derecha, de corte nacionalista y moderadamente euroescéptico. Consiguió un 5,5% de los votos en las últimas elecciones de 2016, y solo un 2,7% en las europeas de mayo del año pasado -sin representación en la Eurocámara-. En la legislatura europea anterior sí tuvieron un eurodiputado, que se incluyó en el mismo grupo parlamentario que otros partidos europeos de diverso cariz como Alternativa por Alemania y el Movimiento Cinco Estrellas.

Lituania volverá a tener elecciones en octubre de este año, donde los apoyos a ese partido se estiman en torno al 5%.

Letonia

Aunque ha sido acusado de fascismo en el pasado, no está claro que la Alianza Nacional sea un partido de extrema derecha, ya que ellos mismos se definen como de centro-derecha. Si bien es un partido que destaca la importancia de la nación letona, el caso de ese país es un tanto especial, ya que los descendientes rusos y de otros países vecinos, herencia de la época en que el país formó parte de la URSS, suponen alrededor de un tercio de la población. El partido defiende el lenguaje letón y pone como prioridad “que no entren fuerzas pro-rusas en el Gobierno” del país. Consiguieron un 11% de los votos en las últimas elecciones y forman parte de un Ejecutivo de coalición con otros cuatro partidos.

Malta

Malta es otro de esos pocos reductos donde la ultraderecha apenas consigue apoyos. El partido que más éxito ha tenido es Imperium Europa. Su excéntrico líder, Norman Lowell, es un reconocido admirador de Hitler, que ha llegado a colgar vídeos en Facebook en su peregrinaje a la localidad natal del líder genocida. Su mejor resultado llegó en las últimas elecciones europeas, cuando consiguió más de 8.000 votos, que en el pequeño país representaron el 3,2% de los votos. En tercera posición, pero lejos de conseguir alguno de los seis eurodiputados a los que tiene derecho Malta.

Chipre

En Chipre la ultraderecha no ha tiene una representación importante en el parlamento, aunque en los últimos años ha conseguido mejorar progresivamente sus resultados. Del 1,1% de votos en las elecciones generales de 2016 pasó al 5,6% en las presidenciales dos años más tarde, y llegó al 8,25% de los votos en las europeas de 2019 -cuarta fuerza, aunque sin derecho a eurodiputado-.

El partido de ultraderecha chipriota es el Frente Popular Nacional (ELAM), que nació como un partido gemelo del Amanecer Dorado griego, y es conocido por su sueño de unir Chipre a Grecia -la isla está dividida en la zona turco-chipriota del norte y la greco-chipriota del sur-, por organizar acciones de caridad solo para ciudadanos de descendencia griega, y por su imagen de disciplina militar.

Bulgaria

Boiko Borisov, este domingo en Sofía. REUTERS/Stoyan Nenov

En Bulgaria, una coalición de partidos de extrema derecha sostiene el Gobierno de coalición que lidera el ‘popular’ Boyko Borissov. Los Patriotas Unidos tienen un ministro en el gabinete, el de Defensa, y han designado otros cinco, aunque los ministros elegidos no son militantes del partido. Un tercer partido de carácter nacionalista, Volya, completa la coalición de Gobierno.

Los Patriotas Unidos consiguieron el 9% de los votos en las últimas elecciones de 2017, mientras que Volya consiguió el 4,1%. Las posiciones de estos partidos varían en su radicalidad, pero tienen todos comparten una fuerte retórica nacionalista y anti-inmigración. Por ejemplo, Valeri Simeonov, líder de uno de los partidos de la coalición de Patriotas Unidos, tuvo que dimitir como vicepresidente del Gobierno después de haber dicho en el parlamento que las personas de etnia gitana son “humanoides feroces”, que “juegan con cerdos en la calle” y que las mujeres de esa etnia “tienen instintos de perras callejeras”, según informa Balkan Insight.

Rumanía

En Rumanía no hay ningún partido de extrema derecha que tenga una representación relevante. Existen un par de formaciones de ese corte que compiten en las elecciones, el Partido de la Rumanía Unida y el Partido de la Gran Rumanía, pero ninguna de ellas tiene escaños en el parlamento nacional. Hasta 2008, esta última formación sí tuvo hasta 21 diputados, tras haber conseguido el 13,6% de los votos en las elecciones de 2004, pero no ha vuelto a conseguir representación desde entonces.