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La propuesta del juramento de fidelidad a la reina divide a los británicos

El Gobierno de Gordon Brown ha dispensado una fría acogida a esta iniciativa, cuyo objetivo sería reforzar la identidad nacional británica

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La figura de Isabel II centra la última polémica en el debate sobre identidad británica y cohesión social que promueve el Gobierno de Gordon Brown.

Un informe sobre la cuestión, encargado por el primer ministro al anterior abogado general del Estado, Lord Goldsmith, propone la celebración de un 'acto ceremonial de ciudadanía' en que los escolares deberían jurar lealtad a la reina y proclamar su compromiso con el Reino Unido, al concluir el ciclo de secundaria.

'La ceremonia ayudará al joven a comprender que, al superar esta fase de su vida, está adquiriendo responsabilidades para contribuir con el bienestar de la sociedad', señala Goldsmith en el informe, publicado este martes.

La ceremonia equivaldría a la licenciatura como ciudadano del Reino Unido. Goldsmith sugiere incluso extenderla a los estudiantes extranjeros para reforzar la cohesión y 'crear un lazo compartido' con el resto de los ciudadanos.

Realidad multinacional 

Pero en un país reconocidamente multinacional, y con un sector republicano minoritario, el juramento de lealtad a la Corona no es un gesto que todos quieran compartir. El Gobierno escocés se opuso de inmediata al controvertido plan del abogado que dio una polémica justificación legal a la Guerra de Irak.

Goldsmith ha estudiado la situación en otros países, incluido España, en su búsqueda de fórmulas para afianzar la identidad colectiva de los británicos.

'No hay una crisis de identidad, pero sí una disminución del orgullo nacional', explica. Para reforzar el 'sentimiento de pertenencia', el abogado propone extender las clases de ciudadanía a los escolares de primaria, recompensar a los jóvenes y adultos que prestan servicios en el sector voluntario y premiar a los que mejor contribuyen con la comunidad.

En el plano constitucional, el informe apuesta por simplificar las distintas categorías de ciudadanía, forzando al residente permanente a naturalizarse en el país de acogida.

Por otro parte, el ciudadano irlandés residente en Reino Unido pierde un derecho histórico en la propuesta de Goldsmith: no podrá votar en las elecciones al Parlamento de Westminster. De su controvertido plan quedarían excluidos los nacidos en Irlanda del Norte que se identifican como irlandeses, según se reconoce en el Acuerdo de Viernes Santo, de 1998.

Brown dio ayer una fría acogida al plan de Goldsmith que, según dijo su portavoz, es 'interesante' y ha desatado un 'animado debate'. Fue una respuesta más diplomática que la tajante opinión de la baronesa Kennedy, representante laborista en los lores, que lo calificó de 'error grave'. La Asociación de Colegios y Politécnicos lo desacreditó como una serie de 'ideas mal cocidas'. Goldsmith pidió ayer tiempo para analizar el contenido de su informe. El abogado cree conveniente redactar 'una narrativa' de los derechos y responsabilidades de los ciudadanos y celebrar la identidad británica con una nueva fiesta nacional.

El nuevo Día Nacional para celebrar la identidad británica debería introducirse antes de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012, según el plan de Goldsmith.

La ceremonia de juramento de lealtad a la Corona y al país debería celebrarse en lugares emblemáticos, como la Galería Nacional o la Tate en Londres y el Castillo de Edimburgo.