Las protestas en Irán acorralan a los ayatolás y atraen la peligrosa atención de Trump
La violenta represión de las protestas por la carestía económica en Irán dispara el temor a un ataque de EEUU, a quien el régimen islámico acusa de incitar las revueltas.

El renovado intervencionismo estadounidense, convertido en doctrina de seguridad nacional por el presidente Donald Trump, abarca todo el planeta. Con Venezuela y Groenlandia en la mira por razones económicas, las protestas masivas que se están produciendo en Irán, originadas en la crisis económica y convertidas en un detonante político contra el régimen islámico, han captado la atención del jefe de la Casa Blanca. Trump ha prometido “rescatar” a los iraníes de los ayatolás, mientras calcula cuidadosamente el rédito que podría traer a EEUU un cambio de poder en un país clave en la producción y comercio de gas y petróleo mundiales.
La represión de las autoridades iraníes contra los manifestantes, a los que califica de “alborotadores” y “mercenarios” seguidores de consignas extranjeras, ha dejado ya medio centenar de muertos y está recordando los peores tiempos de las manifestaciones ocurridas en 2022. Entonces, la dictadura de Teherán aplastó sin piedad las protestas desatadas por la muerte de la joven kurda Mahsa Amini, detenida y torturada por la policía de la moral iraní por no seguir las normas estatales sobre el hiyab. La represión causó entonces cientos de muertos y miles de encarcelados.
Inicialmente, una revuelta de los desfavorecidos
En esta ocasión, las protestas comenzaron con el fondo de la depauperación económica de la población, ante la descomunal inflación que sufre el país, la devaluación del rial (la moneda iraní) y después de que los comerciantes del Gran Bazar de Teherán se manifestaran desde el 29 de diciembre contra el fracaso del Gobierno para atajar la crisis.
Los productos alimentarios más básicos, como el aceite o el pollo, vieron sus precios multiplicarse, mientras otros desaparecieron de los mercados. La respuesta del Gobierno para atajar el desastre fue mínima e incluso el presidente del país, el moderado Masud Pezeshkian, se lavó las manos y dijo que lo que sucedía no era culpa del ejecutivo y que la responsabilidad estaba en los comerciantes.
Pero no es así. La inflación anual alcanza en Irán el 42%; solo en diciembre pasado superó el 52% respecto al mismo mes del año anterior. Las sanciones impuestas por EEUU y Occidente a Teherán por el supuesto programa nuclear militar que estaría desarrollando han aplastado el desarrollo económico desde hace años. Durante 2025 la moneda iraní perdió un 69% de su valor frente al dólar. La prolongada sequía y los efectos de la contaminación ambiental terminan por pintar el desolador panorama que sufren los iraníes.
Pezeshkian siempre quiso presentarse como el paladín de los desfavorecidos y de la clase trabajadora iraní. Pero sus políticas, por ejemplo, con una mejor intervención en el mercado de divisas y una mayor emisión de moneda, no han llevado a ninguna parte. Su incapacidad para limitar la corrupción y manejar el dinero público, junto con la presión de las sanciones occidentales, especialmente estadounidenses, acabaron por rematar la economía iraní. Entonces, las protestas pusieron contra las cuerdas al Gobierno, maniatado, por otra parte, por el fanatismo (e ineptitud) de los ayatolás islámicos, que son quienes detentan realmente el poder político.
Y las protestas se tornaron en reivindicaciones políticas
Miles de estudiantes y otros ciudadanos se unieron a las protestas que arrancaron la semana pasada y que rápidamente se extendieron por todo Irán. Para horror de los ayatolás, pronto las reivindicaciones económicas se trocaron en demandas para cambiar el régimen, que rige con mano dura Irán desde que triunfó la revolución islámica en 1979. Al menos 51 manifestantes, entre ellos nueve menores, murieron y 2.200 resultaron heridos en la represión policial, según difundió este viernes la ONG Iran Human Rights (IHRNGO), con sede en Oslo.
Este viernes, el Gobierno iraní procedió a cortar la señal de internet en el país. Las consignas políticas exigiendo el fin de la República Islámica ya estaban por todas partes, además de otros preocupantes llamamientos a favor del restablecimiento de la monarquía, derrocada en 1979 por la revolución encabezada por el ayatolá Jomeini. Sin embargo, al igual que no hay un movimiento opositor unido en Irán, se desconoce hasta dónde llegaría el apoyo a una eventual restauración monárquica. El heredero de esa dinastía destronada (fiel aliada de Washington en aquel entonces), Reza Pahlaví (hijo del último Sha), está exiliado en EEUU.
El líder supremo acusa a la protesta de servir a EEUU
Por eso, este viernes, el líder supremo iraní, Alí Jameneí, acusó a los manifestantes de ser "alborotadores que saquean la propiedad nacional y complacen al presidente de EEUU". Irán, clamó Jameneí en un mensaje a la nación, "no tolerará a quienes actúen como mercenarios para extranjeros", en referencia a EEUU e Israel, los encarnizados enemigos de la dictadura islámica iraní.
Jameneí atacó también a Trump, quien hace unos días prometió defender a los participantes en las protestas si su Gobierno cargaba contra ellos. "Si Irán dispara y mata violentamente a manifestantes pacíficos, como es su costumbre, Estados Unidos acudirá a rescatarlos. Estamos listos y preparados para actuar", señaló Trump el pasado 2 de enero.
La respuesta este viernes de Jameneí fue directa contra el presidente estadounidense: "la mano de Trump está manchada con la sangre de más de mil iraníes que murieron en la agresión estadounidense-israelí de junio" de 2025, y debería "centrarse en gobernar su propio país si es capaz ", afirmó Jameneí en su mensaje televisado.
Se refería el líder supremo iraní al ataque masivo estadounidense con misiles de bombarderos y submarinos lanzado el junio pasado contra instalaciones nucleares de Irán en Fordow, Natanz e Isfahán. Teherán insiste en que su programa nuclear es civil y no pretende, como aseveran EEUU e Israel, fabricar armas atómicas. El ataque masivo estadounidense se produjo pocos días después de que Israel bombardeara, por su parte, instalaciones energéticas, nucleares y militares iraníes.
Washington acusa a Teherán también de encabezar el llamado Eje de Resistencia contra la presencia estadounidense en Irak, Siria y otras zonas de Oriente Medio, y contra Israel, aglutinando y coordinando las acciones de fuerzas paramilitares islamistas en la región.
A las críticas de Jameneí se sumaron las del ministro de Exteriores de Irán, Abás Araqchi, quien denunció este viernes la "relación e intervención directa" de Estados Unidos e Israel en las protestas ciudadanas, que, afirmó, quieren derivarlas de "pacíficas a un estado de violencia".
La amenaza es real
Tanto Jameneí como Araqchi descartaron una intervención armada directa de EEUU e Israel contra Irán. "Eso ya lo han intentado en el pasado, ha fallado, y no importa cuantas veces lo hagan, el resultado será el mismo", afirmó Araqchi.
La realidad, sin embargo, es otra. En estos momentos la alerta es máxima en Irán ante la posibilidad de que Trump quiera arriesgarse, con apoyo del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a dar un golpe de mano al estilo de Venezuela contra la cúpula iraní. Son escenarios diferentes, pero la arrogancia del presidente estadounidense es la misma y no sería la primera vez que bajo su mandato se ordena atacar a destacados cargos militares iraníes o lanzar ataques quirúrgicos contra sus instalaciones críticas. Es muy alto el botín en juego, al igual que asó en Venezuela.
Si al principio de las protestas, la inteligencia de EEUU descartaba una progresión que amenazara al régimen iraní, ahora la situación ha cambiado. La web de análisis Axios, con buenos contactos en la Casa Blanca, citó este viernes a un alto cargo de la Administración Trump: “la situación en Irán es seria. La estamos monitoreando”, afirmó.
Que a los pocos días de la visita de Netanyahu a Trump en su residencia de Florida el 29 de diciembre, el presidente de EEUU volviera a plantear la posibilidad de atacar Irán, justo además cuando se estaba preparando la intervención en Venezuela y la detención de su presidente, Nicolás Maduro, el 3 de enero, evidencia que ciertos acontecimientos estaban ya evolucionando en los planes de la Casa Blanca.
El factor venezolano
Si la avidez por el petróleo fue el desencadenante final del ataque contra Venezuela, la posibilidad de trastocar el sistema energético de Oriente Medio descabezando al régimen iraní y beneficiando a los aliados estadounidenses en el mundo árabe y a las empresas de EEUU es una razón de peso para poner a Irán en la agenda intervencionista del líder republicano, pese al alto riesgo de desestabilización regional.
Irán es uno de los diez mayores productores de petróleo del mundo, con unas reservas probadas de 208.600 millones de barriles. Y su mayor comprador es China, el principal rival de EEUU en la economía global. Venezuela, con las mayores reservas de crudo del planeta, también tenía en China su principal cliente. Además de petróleo, Irán es uno de los principales productores mundiales de gas, con unas reservas estimadas en 33.988 millones de metros cúbicos.
Si en el caso venezolano, la falta de inversiones explica el desaprovechamiento de esas reservas, en Irán son las sanciones internacionales, principalmente de EEUU, el mayor hándicap para el pleno desarrollo del sector petrolífero.
En octubre pasado, Teherán anunció el descubrimiento de unas ingentes reservas de hidrocarburos en Pazn, sur del país. El Gobierno iraní habló de 10 billones de pies cúbicos de gas y 200 millones de barriles de crudo. Un inmenso tesoro cuyo hallazgo, sin duda, no pasó desapercibido en EEUU, actualmente el mayor productor mundial de petróleo, con 14 millones de barriles diarios. Y quiere serlo aún más y que nadie le desafíe.
Según Axios, la política exterior de Trump está en estos momentos determinada por el auge petrolero de EEUU, el exceso de la oferta mundial de crudo y los bajos precios de venta. La menor dependencia estadounidense del petróleo importado define esa estrategia. Washington no necesita el crudo ajeno para cubrir sus necesidades nacionales, sino para controlar la exportación y, así, dominar a sus compradores.
Eso, señala Axios, le permite atacar Venezuela o hacer lo mismo con Irán sin arriesgar una subida de los precios del petróleo en EEUU. Una apuesta sin riesgo y con muchas ganancias. Y si se tiene en cuenta que la producción de petróleo nuevo es más costosa en Venezuela que en Irán, la ecuación está ya hecha.
"Ahora tenemos seguridad energética en este país (EEUU), pero es importante que, para las futuras reservas, busquemos otros lugares", vaticinó Mike Sommers, director ejecutivo del Instituto Americano del Petróleo, a Fox News el jueves.



Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.