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Putin promete sacar a los terroristas "del fondo de las cloacas"

El primer ministro ruso queda reforzado por el ataque suicida que causó 39 muertos en Moscú

AXIER AMO IZARRA

Ayer fue día de luto oficial en Rusia, pero la jornada transcurrió como una más dentro de la vida cotidiana de los moscovitas. Dos improvisados altares en la estaciones de Park Kultury y Lubyanka con flores y velas eran el único homenaje que los ciudadanos de la capital rendían a las víctimas de los atentados del lunes.

De no ser por eso, por las banderas izadas a media asta o el ligero aumento de la seguridad policial en las principales estaciones de metro, ninguna otra huella en el ambiente denotaba que esta ciudad ha sido sacudida por un brutal ataque terrorista que costó la vida a 39 personas. El Servicio Federal de Seguridad (FSB) atribuye la autoría del doble atentado contra el metro a dos mujeres suicidas que estaban relacionadas con grupos islamistas del Cáucaso Norte.

Las investigaciones se centran en la búsqueda de las tres personas fugitivas captadas por las cámaras de seguridad del metro, dos mujeres y un hombre de rasgos eslavos. "Sabemos que están escondidos, pero es una cuestión de honor para las fuerzas del orden público arrancarlos del fondo de las cloacas y sacarlos a la luz del día", proclamó ayer el primer ministro, Vladímir Putin, en su habitual tono amenazador y belicoso, que suele contrastar con el discurso más moderado del presidente, Dmitri Medvédev.

Analistas políticos estadounidenses señalaron al New York Times que estas acciones terroristas pueden reforzar la política esgrimida por Putin, una estrategia basada en la dureza y en la contundencia militar para terminar con cualquier sospecha o conato de rebeldía. Algo que ahora intenta imitar, pero con matices, Medvédev con declaraciones como las que hizo en el día de los atentados, en las que afirmaba que se acabará con los terroristas a cualquier precio pero al mismo tiempo prometía llevar a cabo una política sensata y moderna.

Estos analistas añaden, además, que el doble atentado vuelve a dar protagonismo a Putin, quien en los últimos tiempos hubiera pasado a un segundo plano, frente al ascenso internacional de Medvédev, encumbrado por asuntos como la lucha contra la corrupción policial y administrativa, y el reciente cuerdo alcanzado con Estados Unidos sobre el Tratado de No Proliferación de armamento Nuclear.

Mientras tanto, parte de la prensa rusa afirmaba que la tragedia podría haberse evitado, ya que desde el pasado 15 de febrero, día en que saliera a la luz el vídeo de Doku Umarov, autoproclamado emir del Cáucaso, se sabía que pretendía llevar la yihad islámica a las ciudades de Rusia. Se critica ahora que las autoridades rusas no elevaran la alerta en Moscú y en cambio tomaran la decisión de actuar por la fuerza, eliminando a varios cabecillas terroristas en el Cáucaso Norte. Una acción de la que cabía esperar la correspondiente venganza.

Una realidad que resulta indiferente a la sociedad rusa, que además de desconocer el estado de alerta ante la posibilidad de producirse atentados, parece que vive alienada. De hecho, el miembro de la Cámara Pública (un foro social oficial) Andrei Makárov criticó en una entrevista a un medio de comunicación ruso que la sociedad no se solidarice ni muestre repulsión y que no se manifieste contra actos de este tipo. Makarov llegó a afirmar que hasta que el Kremlin no ordene manifestarse contra los terroristas, los rusos, por sí mismos, no lo harán, porque aún no tienen conciencia ciudadana.

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