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Los rebeldes se baten en retirada tras el contraataque de Gadafi

El ministro de Exteriores libio, muy cercano al dictador, deserta y se refugia en Londres 

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Tras el triunfalismo de la conferencia de Londres, que dio a Gadafi por acabado, la cruda realidad. Los rebeldes libios confirmaron ayer una vez más que no son enemigo para las fuerzas profesionales del Ejército libio. En menos de 24 horas, perdieron buena parte del terreno ocupado esta semana. Más que una retirada, protagonizaron una caótica y algo vergonzosa retirada en decenas de vehículos.

Mientras las tropas de Gadafi avanzaban en el campo de batalla, el ministro de Exteriores libio, Musa Kusa, desertó ayer del régimen y cogió un avión hacia Londres. Kusa era uno de los hombres más cercanos al dictador y antes de ser ministro, cargo que ejercía desde 2009, fue jefe de los servicios de inteligencia durante 15 años.

La huida les hace perder las ciudades conquistadas en la última semana

Ante la muestra de debilidad militar de los insurgentes, los países que han atacado a las tropas de Gadafi en nombre de la resolución 1973 de la ONU siguen debatiendo si es oportuno mandar armas u otro material a las fuerzas rebeldes. El presidente de EEUU, Barack Obama, y el primer ministro británico, David Cameron, dijeron que no descartan el envío de ayuda.

La retirada precipitada de las fuerzas rebeldes ayer se produjo sólo un día después de haberse acercado a 90 kilómetros de Sirte, la localidad natal de Gadafi. El contraataque hizo que las líneas rebeldes se disolvieran de improviso. Por la mañana, tuvieron que reconocer que su enemigo había recuperado la ciudad costera de Ras Lanuf, que alberga varias refinerías y cuyo control es fundamental para asegurar el suministro de combustible. Antes, había ocurrido lo mismo en Nawfaliyah y Bin Jawad. Horas después, la escena se repitió en Brega, que está sólo a unos 90 kilómetros de Ajdabiya, la antepuerta de Bengasi, el bastión de la insurgencia.

Obama y Cameron no descartan el envío de armas a los insurgentes

Un portavoz del consejo rebelde de Bengasi habló de una 'retirada táctica', pero las imágenes demostraron que se parecía más a una huida desesperada.

La confusión no es menor en el caso de la polémica sobre el envío de armamento a los rebeldes cuando rige un embargo decretado por dos resoluciones de la ONU. El presidente de EEUU, Barack Obama, y el primer ministro británico, David Cameron, insisten en que la resolución 1973 no lo impide, aunque con argumentos algo retorcidos.

Según el ministro de Exteriores británico, William Hague, la resolución 'podría permitir la entrega de material a personas sólo para que puedan defenderse en ciertas circunstancias y de forma limitada'.

Parece difícil de creer que los rebeldes utilizarían esas armas y explosivos únicamente para defenderse de los ataques del Ejército, y no en sus propias ofensivas.

David Cameron y Hague creen que la resolución les da cobertura jurídica, pero sostienen que no hay ninguna urgencia en dar ese paso, aunque los acontecimientos de ayer no les dan la razón. Quien se ha desmarcado de esa interpretación es el secretario general de la Alianza Atlántica. 'El mandato de la ONU autoriza la imposición de un embargo de armas dijo Anders Rasmussen a la cadena CNN. No estamos en Libia para dar armas a la gente, sino para proteger a los civiles'.