Reino Unido vive un terremoto político con masivas deserciones de conservadores hacia el partido ultraderechista de Farage
Las encuestas apuntan a que el Partido Conservador se enfrentaría al peor resultado electoral de sus 190 años de historia, hundiéndose aún más que en las elecciones generales de 2024.

Londres--Actualizado a
La derecha británica se reconfigura. El todopoderoso Partido Conservador, que ha gobernado el país durante más de 50 años desde el final de la Segunda Guerra Mundial, vive horas críticas en medio de deserciones masivas al partido ultra Reform, liderado por el excéntrico ultraderechista Nigel Farage, instigador del Brexit y cuya formación hoy lidera las encuestas.
Diputados, exministros, grandes donantes y, sobre todo, gran parte del electorado torie están migrando de forma acelerada hacia Reform, amenazando con reducir a la formación conservadora a medio centenar de escaños, de acuerdo con los últimos sondeos. Según el agregador de encuestas de Politico, los conservadores rondarían el 17% del voto, de celebrarse hoy elecciones generales, frente al 29% de Reform, el 19% del gobernante Partido Laborista, el 15% del creciente Green Party y el 13% de los Liberal-Demócratas.
De confirmarse las proyecciones, el Partido Conservador se enfrentaría al peor resultado electoral de sus 190 años de historia, hundiéndose aún más que en su último gran batacazo: las elecciones generales de 2024. Entonces, bajo el liderazgo de Rishi Sunak, los tories firmaron un 23,7% de los votos, el registro más bajo hasta la fecha para una formación que durante décadas dirigió la política nacional británica.
La última gran deserción torie hacia las filas de Reform se produjo este lunes 26 de enero, cuando la diputada y exministra de Interior (2022-2023) Suella Braverman apareció en un acto público junto a Nigel Farage. “Reino Unido está realmente roto”, afirmó, tras cargar contra lo que considera la debilidad de los conservadores en materia migratoria y su negativa a apoyar explícitamente la salida de Reino Unido del Convenio Europeo de Derechos Humanos (CEDH). Un marco legal que la extrema derecha ha situado en el centro de su diana política, al considerarlo el principal obstáculo para aplicar una política de deportaciones rápidas y masivas.
A principios de enero, Robert Jenrick, ministro de Justicia en la sombra —denominación del gabinete paralelo que articula el líder de la oposición británica— y una de las figuras mejor valoradas del partido, fue expulsado de las filas conservadoras poco antes de oficializar su desembarco en Reform. Una semana más tarde, el diputado y ministro de Asuntos Exteriores en la sombra, Andrew Rosindell, siguió el mismo camino. Antes, el exministro de Economía con Liz Truss, Nadhim Zahawi, ya había abandonado el partido, al que calificó sin ambages de “marca difunta”.
Junto a Braverman, Jenrick, Rosindell o Zahawi, cerca de una veintena de altos cargos conservadores han abandonado la formación en el último año, profundizando la crisis interna del partido. En un intento por contener la sangría, Kemi Badenoch, líder del Partido Conservador, aseguró que en su formación no hay espacio para el centro político y recordó que “el Partido Conservador se ha movido hacía la derecha todos los días desde que fui elegida líder de la formación”. En su discurso, Badenoch se mostró dura con la inmigración y puso el énfasis en la necesidad del crecimiento económico.
Precisamente la migración, la seguridad y el encarecimiento del coste de la vida son las banderas que agita Nigel Farage y con las que Reform sigue ganando terreno. Su discurso no solo atrae a antiguos votantes conservadores, sino también a abstencionistas e incluso a sectores desencantados del electorado laborista. El gobierno gris de Keir Starmer, los años de inestabilidad política y unos indicadores económicos persistentemente débiles alimentan la retórica polarizante y antisistema de Farage.
Convertido en figura pública como principal artífice del Brexit, el líder de Reform supo, tras consumarse la salida de la Unión Europea, recolocar en el centro del debate su agenda antiinmigración y ultranacionalista, erosionando a los tories hasta erigirse en el nuevo referente de la derecha británica.
Terremoto político en Reino Unido
Más allá de la reconfiguración de la derecha británica, el conjunto del tablero político nacional se encuentra en plena ebullición. El gobierno de Keir Starmer, cada vez más impopular y que hace poco más de un año arrasó en las elecciones generales de 2024, habría perdido ya a cerca de la mitad de su electorado, según los sondeos.
La falta de ambición en materia de políticas sociales y el endurecimiento de su discurso y de sus medidas contra la migración están impulsando el crecimiento del Green Party, que registra porcentajes de apoyo inéditos. Al mismo tiempo, una parte del ala izquierda laborista, encabezada por el exlíder Jeremy Corbyn, se escindió formalmente de la formación para lanzar You Party.
Por su parte, Reform se ha convertido en una amenaza real al “bipartidismo perfecto” que, con escasas fisuras, ha dominado la política británica durante más de un siglo. Tanto un Partido Laborista en horas bajas como unos conservadores sumidos en una crisis existencial, observan cómo Nigel Farage encabeza todas las encuestas desde abril de 2025. Un escenario inédito que anticipa una fragmentación duradera del sistema político británico y abre la puerta a un ciclo de inestabilidad cuyo alcance aún resulta difícil de calibrar. Aunque no se esperan elecciones hasta 2029, el inestable liderazgo de Starmer no hace inimaginible un adelanto electoral que pudiese llevar a Farage hasta el 10 de Downing Street.

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