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Rohingya La vida de las niñas rohingya en Bangladesh: controlada, iletrada y asfixiante

Hace un año, los rohingya se vieron obligados a huir de Myanmar por la persecución a su comunidad religiosa. La ONG Plan Internacional ha elaborado un informe, el único hasta ahora, sobre la situación de las niñas y adolescentes de esta minoría musulmana en Bangladesh.

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La vida de las niñas rohingya en el campamento de refugiados de Kutupalong en Cox’s Bazar, Bangladesh. / Reuters

Más del 75% de las niñas rohingya, que actualmente sobreviven en campos de refugiados en Bangladesh tras abandonar a la fuerza Myanmar, no pueden tomar decisiones sobre sus vidas. Así lo afirma la ONG española Plan Internacional en un informe elaborado para conocer la situación de estas adolescentes, el primero que se centra en analizar sus experiencias.

Los rohingya, una minoría musulmana, se vieron obligados a huir de Myanmar por la persecución a su comunidad religiosa por parte de fuerzas de seguridad birmanas en el estado de Rakhine, que comenzó hace ahora un año, el pasado agosto de 2017. Se habla de más 600.000 desplazados. La mayoría se movió hasta el sur de Bangladesh, país vecino, y la mitad de ellos son niños, niñas y adolescentes.

Estos, están ahora aislados. Las familias viven entre extraños y los padres reconocen una mayor preocupación por la seguridad de sus hijas. Las ideas preconcebidas sobre los roles de género influyen en la decisión de encerrar a sus hijas en casa. “No puedo salir fuera, tengo que pasar el día dentro de la tienda”, dice una chica de 18 años a Plan Internacional.

“Mis padres me obligarán a casarme”, asegura otra joven. “No puedo hacer nada por evitarlo. No estaba permitido en Myanmar, pero aquí sí.” Ni sus propias comunidades ni los servicios humanitarios prestan atención a las necesidades específicas de las adolescentes rohingya que están “profundamente afectadas por la actual crisis”.

Solo el 28 % de las jóvenes rohingya encuestadas asisten a la escuela, según Plan Internacional

Esta falta de libertad tiene graves consecuencias, y entre otras, sufren el escaso acceso a la educación. Solo el 28 % de las jóvenes encuestadas asisten a la escuela, según Plan Internacional. Sienten frustradas porque su situación actual les impide estudiar. Perciben la educación como una forma de mejorar sus vidas y sus oportunidades de futuro. “Ojalá pudiera estudiar y emanciparme”, afirma una rohingya de 14 años.

Refugiados Rohingya en un campo de refugiados en Bangladesh. | (ADNAN ABIDI | REUTERS)

La organización tilda de necesario asegurar la educación de estas niñas. Además, reclama que los sistemas educativos deben ser flexibles y responder a las necesidades y circunstancias de estas niñas. Asimismo, pide priorizar la financiación de servicios que aporten ciertos conocimientos. En particular, Plan Internacional pone el foco en lo relativo a las enfermedades mentales, la salud y los derechos sexuales y reproductivos.

La falta de acceso a la información y de apoyo hace que sean “más propensas a la depresión, las enfermedades y los embarazos precoces”, concluye el informe. No pueden acceder a los servicios sanitarios, tiene problemas de salud y la falta de alimentos de calidad supone un agravante, sobre todo para las chicas embarazadas o no acompañadas.

"En Myanmar el ejército despedazaba a la gente y la arrojaba a los ríos"

La investigación también ha constatado que estas niñas cuentan con una determinación y resistencia admirables. La mayoría de las niñas describen su experiencia como “asfixiante”. Las condiciones de vida que sufren son extremas. Los campos de refugiados en los que habitan están superpoblados y los alojamientos son “sofocantes”, aseguran.

Las rohingya han vivido experiencias muy traumáticas. “En Myanmar el ejército despedazaba a la gente y la arrojaba a los ríos”, narra una niña de 12 años a la ONG. Muchas de ellas han perdido a sus familias, que han sido asesinados por las fuerzas militares y policiales birmanas. Estas se sienten más vulnerables en sus nuevos hogares, recoge el informe.

A pesar de esta realidad, una gran cantidad de niñas y adolescentes siguen mostrándose optimistas y tienen esperanza en el futuro, aunque la violencia y el miedo siguen formando parte de sus vidas. Aún así, se sienten más seguras en Bangladesh. Algunas también afirman que la religión les sirve de ayuda para seguir adelante. Pero, según Plan Internacional, necesitan aprender habilidades que pueden ayudarlas a reconstruir sus vidas.