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Silvio Berlusconi lleva su paranoia de la persecución judicial ante el G-8

El primer ministro italiano se muestra en su versión más ultra ante la segunda vuelta de las municipales

DANIEL DEL PINO

Silvio Berlusconi cerró el viernes la campaña electoral para la segunda vuelta de las elecciones municipales como la empezó: atacando a la magistratura. Por la noche participó en una fiesta de apoyo al candidato del centroderecha por Nápoles, Gianni Lettieri. Pero el mejor mitin de la jornada lo dio por la mañana en un sitio muy particular. No fue una plaza o un palacio de congresos, sino la sala de prensa para los líderes del G-8 celebrado en Francia.

El primer ministro italiano leyó un comunicado diciendo que había hablado con todos los mandatarios sobre "las interferencias intolerables de algunos fiscales en la vida política. Lo hago para que se sepa a qué persecución estoy sometido. Mi obligación como presidente del Consejo es informarles sobre lo que pasa en Italia". Berlusconi trataba de excusarse por haber sido pillado in fraganti el día anterior, diciéndole al presidente de EEUU, Barack Obama, que "en Italia hay una dictadura de los jueces de izquierda". A sus espaldas ayer había un cartel con el eslogan de la reunión: Nouveau monde, nouvelles idées (Nuevo mundo, nuevas ideas). Ironías de la vida, porque si hay algo que no ha cambiado en el mundo, eso es Il Cavaliere.

"En Italia hay una dictadura de los jueces", le dice a Obama

La victoria de Giuliano Pisapia, el candidato del centroizquierda, en la primera vuelta de las elecciones por Milán el pasado 16 de mayo, puso de manifiesto que Berlusconi se equivocó de estrategia. El mandatario centró sus discursos en acusar a los jueces de haber emprendido una caza de brujas para sacarlo de la política, dándole a unos comicios locales un aroma a elecciones generales que los ciudadanos no entendieron.

La candidata conjunta del Pueblo de la Libertad (PdL) y la Liga Norte, Letizia Moratti, obtuvo un 41,6% de los votos en Milán, casi siete puntos por debajo de Pisapia, poniendo en manos de la izquierda el feudo por antonomasia de Berlusconi. El líder de la Liga, Umberto Bossi, obligó a Il Cavaliere a cambiar su oratoria bajo la amenaza de retirarle su apoyo en el Gobierno nacional. Y el primer ministro optó por hacer suyos los principios generales de la Liga: xenofobia, racismo y populismo a partes iguales.

Escenas como la del G-8 son señal de que Il Cavaliere no cambia y va a peor. Estos días ha tratado de aterrorizar a la población diciendo que Pisapia "convertirá Milán en una ciudad islámica" por apoyar la construcción de mezquitas y en una "gitanópolis" (sic) por mostrarse cercano a los campamentos de romaníes en la capital lombarda. Le ha acusado de "estar del lado de los comunistas", "de los centros sociales" y hasta de "los terroristas" de las Brigadas Rojas.

El mandatario alega que la izquierda convertiría Milán en una ciudad islámica

A diferencia de Moratti, que ha tratado de mantenerse al margen del radicalismo que sí usó ante la primera vuelta, Berlusconi no entendió que los mensajes apocalípticos ya no funcionan y que la sociedad italiana prefiere tonos moderados. Y Pisapia, un abogado de 62 años, representa la moderación absoluta aunque hayan tratado de explotar su militancia en el partido Refundación Comunista.

Pisapia consiguió hasta el apoyo de la burguesía milanesa y nadie mejor que otro Moratti, de nombre Massimo, familia de la candidata de Berlusconi y presidente del Inter de Milán, para explicarlo: "Giuliano me parece una buena persona. Se dirige a todos y encarna valores y tradiciones de la burguesía milanesa. Su propia naturaleza no le lleva a una posición extrema".

La ley electoral no permite publicar sondeos en la campaña por la segunda vuelta, pero por internet han circulado encuestas encubiertas que dan una victoria segura a Pisapia. Si se cumplen las predicciones, el Gobierno de Berlusconi entrará en barrena. Será una derrota histórica para Il Cavaliere, en el PdL ya hay rumores de rebelión y la Liga Norte podría darle el golpe final.

El único salvoconducto lo obtendría si Lettieri gana en Nápoles, gobernada por la izquierda en los últimos 18 años, contra Luigi de Magistris, un exfiscal antimafia al que Berlusconi ha acusado de haber "arruinado la vida a miles de personas".

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