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Los sindicatos argentinos arreglan cuentas a balazos

Su descrédito ha llegado a tal punto que el 80% de los ciudadanos considera que están al margen de la ley y que anteponen sus intereses a los del país.

FEDERICO PEÑA

"Hacen así, dice llevándose la mano a la cintura como si fuera un pistolero,y el que no firma ya sabe que está amenazado". Humberto Díaz jefe del sindicato de los recolectores de basura de la ciudad argentina de Rosario, describe así el típico enfrentamiento entre sindicalistas en un país en el que las disputas de éstos se saldan muchas veces a balazos.

El blanco de muchas de las críticas es Hugo Moyano, líder de la Confederación General del Trabajo (CGT), a quien Humberto Díaz acusa de querer "robarles los afiliados a tiros".

En Argentina, los ajustes de cuentas, balas, muertes y silencio forman parte del cóctel sindical. No es de extrañar que el 80% de los ciudadanos de este país vean con malos ojos a sus líderes sindicales, según han revelado diferentes encuestas. Consideran que son ricos, que anteponen sus intereses a los del país y que están al margen de la ley.

El punto de inflexión de esta situación fue en octubre de 2006 cuando los restos del ex presidente Juan Domingo Perón fueron trasladados a la conocida quinta de San Vicente. Lo que debía haber sido una ceremonia terminó siendo una batalla campal. En aquel suceso, todos los ojos se volvieron de nuevo a Hugo Moyano.

Dos semanas antes, Abel Beiroz, mano derecha del líder de la CGT y tesorero de la organización, fue acribillado y apuñalado en un aparcamiento, también en Rosario. Moyano atribuyó entonces el hecho a la "inseguridad".

En septiembre, el secretario general del sindicato de taxistas, hermano del aliado de Moyano Omar Viviani, apareció muerto con una bala en el pecho. La policía sospecha que fue un ajuste de cuentas por problemas sindicales. La esposa del muerto apuntó contra su cuñado, "el único enemigo que tenía mi marido".Viviani avaló la hipótesis del suicidio.

A nosotros, no

La impunidad de la que parecen gozar los sindicalistas fue también notoria en noviembre cuando el gremio de los taxistas y de los camioneros, que movilizan a más de 40.000 choferes, se enfrentó con palos y piedras a la policía cuando protestaban por el carnet por puntos. El mensaje implícito de "a nosotros, no" fue la gota que colmó la paciencia de la sociedad. El Gobierno también tomo nota.

Incluso la recién elegida presidenta, Cristina Fernández, en su discurso de investidura del 10 de diciembre, llegó a decir que ella no era "el gendarme de la rentabilidad de los empresarios ni parte en las luchas sindicales y políticas".

A Moyano le faltó tiempo para contestar. Al día siguiente de la investidura, de la que se ausentó, se presentó en unmitin ante 5000 personas para ponerle los puntos sobre las íes a Cristina Fernández. "Si no respetan los derechos de los trabajadores vamos a estar en la vereda de enfrente", advirtió.

Las aguas volvieron a su cauce cuando el líder del sindicato de la construcción, apoyado por Cristina Fernández, se retiró de la competición para las elecciones sindicales de julio. En su última reunión con la presidenta, el jefe de la CGT se mostró conciliador y se presentó como  garantía de gobernabilidad. Ello no resta gravedad a unas relaciones sindicales "de tipo mafioso", tal y como las definió una alta fuente judicial al diario Clarín.

Moyano y sus acólitos restan importancia al asunto. "Acá no pasa nada, son imaginaciones de algunos" dijo a Público uno de ellos.

Si fuera posible la reencarnación de Jimmy Hoffa, el mítico líder de los truckers estadounidenses que murió en 1975, ése sería Hugo Moyano. "Yo soy el Hoffa argentino", dijo, medio en broma, medio en serio, al diario Página 12 en 1997. Pese a que su gremio se vio favorecido por la muerte del tren impulsada por Carlos Menem en los años 90, Moyano se opuso a la flexibilidad laboral impulsada por el ex presidente argentino. Ganó poder siguiendo al pie de la letra la máxima del dirigente metalúrgico Lorenzo Miguel: "Pegar primero y negociar después".Moyano asentó su influencia sobre la masa obrera con una certeza: "Podrán producir en el campo y las industrias, pero si no hay transporte, nada de eso sirve". En otras palabras, lo mismo que decía Hoffa a quien le unen más similitudes.
Por ejemplo, ambos organizaron la primera huelga y llegaron al poder en sus gremios a la misma edad. En abril de 2005, Moyano cumplió un sueño al reunirse en Washington con el heredero del mítico sindicalista y nuevo líder de la Fraternidad Internacional de Camioneros, James P. Hoffa. Moyano también tiene un hijo, Pablo, que es su heredero al mando de Camioneros.  

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