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Siria aplasta con los blindados la revuelta de Derá

El régimen de Asad recurre al Ejército para apagar las protestas. La represión de ayer se salda con 25 muertos

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El presidente sirio, Bashar al Asad, se quitó ayer definitivamente los guantes y envió por primera vez los tanques a Derá para aplastar las protestas que se iniciaron en esta ciudad del sur del país el 18 de marzo y que ya han costado la vida a más de 300 personas, según varias organizaciones de derechos humanos sirias e internacionales.

Desde primera hora de la mañana, el Ejército decretó el estado de sitio en la ciudad y los soldados empezaron a disparar contra todos aquellos que osaban salir de sus casas. Activistas locales denunciaron al menos 25 muertos, pero otras informaciones elevaban esta cifra a varias decenas.

Los testigos relataron escenas de cadáveres en las calles después de que los carros de combate y los blindados entraran en la ciudad tras la oración de la madrugada y se desplegaran por el centro de esta localidad de 300.000 habitantes, próxima a Jordania. Derá se quedó ayer sin teléfono, agua y electricidad.

Enclaustrados en sus casas so pena de recibir un disparo, los habitantes de la ciudad ni siquiera podían salir para socorrer a los heridos. Los minaretes de las mezquitas, incluida la Mezquita al Omari, la principal de la ciudad, se utilizaron ayer para pedir a los médicos que acudieran a prestar su auxilio a las víctimas, pero la población ni siquiera podía aventurarse a las calles para retirar los cadáveres. En el área de este importante templo musulmán se oyeron ayer prolongados tiroteos.

Unos 3.000 soldados se desplegaron por todas partes. Algunos incluso subieron a los tejados de los edificios públicos para controlar cualquier movimiento de la población. Los militares disparaban desde allí contra cualquiera que abandonara su domicilio.

'Las Fuerzas de Seguridad están entrando en las casas. Han impuesto el toque de queda y disparan a todo el que sale de casa; incluso están disparando a los depósitos de agua que están en los tejados para dejar a la gente sin agua', relató un testigo citado por la cadena Al Yazira.

El puño de hierro y la violencia desatada por el régimen sirio contra su propio pueblo parecen estar teniendo los primeros efectos indeseables para el Gobierno. Un activista aseguró al canal de televisión qatarí que algunos militares cambiaron ayer de bando y se unieron al pueblo. Una información que, como casi todas ahora en Siria, es imposible de verificar debido al férreo bloqueo informativo que Damasco mantiene sobre los periodistas, en su mayoría sirios, que siguen en el país.

El servicio en árabe de la BBC informó ayer de que los jefes de un cuerpo del Ejército desplegado en Derá habían comunicado a sus superiores que en ningún caso pensaban abrir fuego contra el pueblo.

Esta información tampoco se ha podido contrastar pero es posible que refleje que el Ejército no es un cuerpo monolítico. De hecho, aunque es cierto que en los altos estamentos hay muchos oficiales alauíes, la minoría a la que pertenece el presidente Asad, también los hay de la mayoría suní y de la minoría cristiana.

Fuentes oficiales dijeron que al menos nueve soldados y oficiales sirios murieron ayer en Derá por disparos de bandas incontroladas, aunque este dato tampoco se pudo confirmar de manera independiente. Las autoridades sirias insisten en que hay elementos radicales armados que provocan al Ejército y a la población en general disparando contra unos y otros para sembrar el caos.

El despliegue del Ejército en Derá indica que el régimen ha perdido la confianza en la Policía y los mujabarat (la Policía secreta), y ha tenido que recurrir a los militares para intentar poner fin de una vez por todas a una revuelta que no ha hecho más que crecer desde hace cinco semanas. Si primero las protestas pedían más democracia, ahora exigen sin tapujos la caída del régimen.

Las autoridades jordanas acusaron ayer a Siria de haber cerrado el paso fronterizo, una alegación desmentida por el Gobierno sirio. El de Derá es el paso más transitado de los dos países y comunica directamente por carretera ambas capitales, Damasco y Ammán. En otras ocasiones en las que ha habido tensión en la región también se ha sellado la frontera.

Recientemente las autoridades sirias acusaron a Jordania de permitir el tráfico de armas desde su territorio. Fuentes oficiales jordanas relacionaron el cierre con el despliegue de los tanques en la vecina Derá. La ciudad sureña no fue la única de Siria que vio ayer cómo los carros de combate entraban en sus calles.

Duma, un suburbio de Damasco, también fue testigo de la llegada de los tanques durante la madrugada. Los carros de combate y blindados se desplegaron por esta localidad que durante los últimos días ha sido muy activa en las protestas, y donde ha habido un elevado número de víctimas.

El Ejército cortó las comunicaciones con Duma y a lo largo del día sólo se supo que los soldados llevaron a cabo registros de domicilios y detuvieron a un número indeterminado de personas.

No se sabe si el despliegue del Ejército continuará en los próximos días en otras ciudades, pero esta acción parece formar parte de un paquete de medidas más amplio que incluye la detención el domingo de decenas de activistas a lo largo y ancho del país, en un intento de descabezar las protestas.

Según algunos analistas, las tensiones que está experimentando Siria podrían conducir a una guerra civil. Los islamistas de la Sociedad de los Hermanos Musulmanes, que durante décadas ha sido reprimida sin contemplaciones en Siria, parecen contar con un fuerte apoyo popular y su orientación no es tan relativamente moderada como la rama principal de esta cofradía en Egipto.

Mientras tanto, la Administración de Barack Obama está estudiando la imposición de nuevas sanciones sobre Siria, un país que ha sufrido el boicot de Estados Unidos y un sinfín de sanciones hasta ahora y al que ni siquiera se le permite adquirir piezas de recambio para sus aviones de transporte civil. El diario The Wall Street Journal aseguró que las sanciones sólo serán efectivas si Europa se suma a ellas, puesto que Siria mantiene una relación económica y comercial más estrecha con la Unión Europea que con Estados Unidos.

El Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Navi Pillay, instó también al Gobierno de Damasco a detener la represión con el fin de que se pueda llevar a cabo una 'investigación completa e independiente' de las muertes de los últimos días.

Por su parte, Reino Unido instó a todos los ciudadanos de este país a que abandonen Siria aprovechando que las aerolíneas todavía vuelan a Damasco. El comunicado británico destaca que la 'situación de la seguridad se está deteriorando' rápidamente.