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El "sueño chino" del nuevo presidente Xi Jinping

Tras años de ascenso económico sin freno el líder comunista introduce la idea del "Chinese dream", una especie de "destino histórico" encaminado a la prosperidad

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El "sueño americano", individualista y que ha inspirado a muchos estadounidenses durante décadas, tiene ya una respuesta oriental y colectivista, el "sueño chino", que se ha convertido en la frase favorita del nuevo presidente del país asiático, Xi Jinping.

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"Debemos continuar luchando para lograr el sueño chino y el gran renacimiento de la nación", señaló el domingo Xi en su primer discurso como jefe de Estado. Ya en diciembre, durante una visita a una exposición titulada precisamente El gran renacimiento de la nación, Xi se expresó en similares términos, que según los observadores buscan dar tintes épicos a un ascenso del país que, tras años de enriquecimiento, adolece de cierto vacío espiritual. "Cuando el Partido Comunista celebre su centenario (2021) será una sociedad modestamente acomodada, y cuando la República tenga cien años (2049) seremos un país próspero, fuerte, democrático, civilizado y armonioso. (...) Ése es el mayor de los sueños de la nación china", dijo entonces Xi.

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El eslogan del "sueño chino", que ha motivado muchos debates y distintas interpretaciones en los medios chinos y entre muchos ciudadanos, se ha convertido en la nueva frase de moda del régimen, de la misma forma que lo fueron la "reforma y apertura" de Deng Xiaoping, la "sociedad modestamente acomodada" de Jiang Zemin o la "sociedad armoniosa" de Hu Jintao, los antecesores de Xi.

Para los analistas, la idea encierra una especie de "destino histórico" según el cual China, después de casi 200 años de guerras civiles, intentos externos de colonización, hambrunas y penurias, ha encontrado el camino para ser un país próspero. "Desde hace más de un siglo, después de la dinastía Qing y de la entrada de Occidente, tenemos estas ideas. Hace más de 60 años que, afrontando obstáculos, hemos adaptado la sociedad y nos hemos levantado de la pobreza", señala el decano de Relaciones Internacionales de la Universidad de Tsinghua, Shi Zhiqin.

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Algunos ven en las palabras grandilocuentes de Xi, muy diferentes de la jerga comunista y casi incomprensible de su antecesor Hu, un rebrote del nacionalismo de China en medio de crecientes tensiones con Japón y otros vecinos, aunque para Shi "no es un discurso más patriótico, sino mantener objetivos ya planteados antes".

En general, los observadores interpretan que después de años de ascenso económico sin freno, con ningún otro objetivo aparente que el de enriquecerse, con Xi llega la idea de perseguir un "Chinese dream" similar al que en EEUU ha animado el espíritu nacional desde la crisis de 1929, aunque, en el caso chino, de forma colectiva. Algunos economistas han intentado traducir a números el "sueño de Xi" y ese "rejuvenecimiento" regeneracionista: para Wang Xiaoguang, de la Academia China de Ciencias Políticas, significará que en 2021 todas las provincias chinas tengan una renta per cápita similar a los estándares occidentales y "todo el mundo tendrá una vivienda".

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Además, la clase media debería para entonces representar más de la mitad de la población total, y todos los ciudadanos deberán tener acceso a servicios públicos y seguridad social, ya que los caros gastos médicos actuales son el gran quebradero de cabeza de las familias orientales. Para el centenario de la República Popular, en 2049, el sueño se completaría, de acuerdo con el también académico He Chuanqi, con una renta per cápita anual de 40.000 dólares (el cuádruple de la actual), una cultura china de prestigio internacional y una esperanza de vida por encima de los 80 años, entre otros logros.

Todo ello, sin cambios en el sistema político, pese a las frecuentes llamadas de Xi y otros líderes a la democratización, que para ellos no es nada más que democracia interna de partido (más primarias, por ejemplo). "El nuevo Gobierno probablemente no hará ningún cambio estructural o radical", vaticinaba hoy el profesor de la Universidad Popular Zhang Min, comentarista político del diario "South China Morning Post".

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No obstante, aún queda un largo camino para esa supuesta apertura: el 1 de enero, un artículo de la revista china "Southern Weekly" analizando el "sueño de China" fue censurado, provocando la primera huelga importante de periodistas en el país asiático.

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