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Tensión creciente en el norte de Siria entre Turquía y Estados Unidos

El ejército turco ha iniciado el bombardeo de la ciudad siria de Afrin, en poder de las milicias kurdas. Los kurdos sirios son aliados de Estados Unidos y se disponen a resistir la ofensiva. La paciencia de Turquía se ha agotado y Ankara desconfía de la palabra de Washington, donde hace seis días se anunció la próxima creación de una controvertida “fuerza fronteriza” en el límite entre Siria y Turquía.

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Soldados identificados por las fuerzas sirias como tropas especiales de EEUU en la provincia de Raqqa, Siria. - AFP

Este viernes, el ministro de Defensa turco, Nurettin Canikli, confirmó que el jueves por la noche el ejército de ese país comenzó a bombardear con artillería posiciones en la localidad siria de Afrin, en poder de las milicias kurdas desde 2012, y adelantó que pronto habrá una ofensiva militar en toda regla contra esta ciudad cercana a la frontera con Turquía.

El inicio de los ataques se ha producido a pesar de las advertencias de Washington. El secretario de Estado, Rex Tillerson, dijo hace solo unos días que los turcos deberían concentrarse en la lucha contra el Estado Islámico y no combatir a las milicias kurdas que son aliadas de los americanos y que controlan gran parte del norte de Siria.

Pero cada cual tiene sus propios intereses, y desde luego, los intereses de Turquía no coinciden con los de Estados Unidos. Ibrahim Kalin, portavoz del presidente Recep Tayyip Erdogan, ha respondido que su país dará "los pasos que debe dar para proteger su seguridad nacional y que en absoluto forman parte de un plan dirigido contra los kurdos de Siria".

El lío entre Estados Unidos y Turquía se agudizó el domingo pasado cuando la coalición internacional contra el Estado Islámico anunció en Washington su intención de formar una fuerza de seguridad fronteriza en el norte de Siria, lindando con Turquía, consistente en 30.000 combatientes árabes y combatientes kurdos.

Erdogan calificó este inquietante anuncio de contrario a los intereses nacionales de Turquía y dijo que la nueva fuerza en realidad sería un "ejército terrorista", que es como Ankara califica sistemáticamente a los kurdos sirios. Los turcos no quieren de ninguna manera que los kurdos formen una entidad propia en el norte de Siria.

Erdogan se cuenta entre los principales responsables de la tragedia siria, una crisis que ha terminado por volverse contra él y que ahora será difícil resolver, máxime si se tiene en cuenta el papel que Washington está jugando al lado de los combatientes kurdos. La metedura de pata inicial la está pagando cara Erdogan.

Erdogan se cuenta entre los principales responsables de la tragedia siria

Dos países relativamente fuertes de la región, Irak y Siria, se han hundido en los últimos años y existen indicaciones de que otros dos países fuertes de la región pueden seguir esos mismos pasos: Irán y Turquía. La presión sobre Irán y Turquía no para de crecer y se ha hecho incluso más visible en el último año, durante el mandato de Donald Trump.

Los kurdos de Siria no entraron en esta guerra con la intención de crear una entidad propia, pero las cosas han evolucionado de tal manera que les anima a intentarlo, especialmente si se tiene en cuenta que Estados Unidos, aunque dice lo contrario, parece interesado en impulsar sus deseos secesionistas.

En este contexto, el portavoz de Erdogan ha calificado de "inaceptables" las declaraciones que se han hecho en Washington desde el domingo pasado respecto a la intención de crear una fuerza fronteriza en el norte de Siria.

No hay que olvidar que las relaciones de Turquía con Washington son francamente malas, especialmente desde el fallido golpe de Estado en Ankara, aunque los dos países pertenecen a la OTAN y hay tropas americanas desplegadas en Turquía. Pero las relaciones bilaterales se han deteriorado hasta el punto de que Ankara está adquiriendo en Rusia armamento sofisticado que hasta ahora solo adquiría en Estados Unidos.

El miércoles, conforme en Turquía crecía el malestar, el Pentágono matizó que había habido un malentendido y que los portavoces estadounidenses se habían expresado mal con respecto a la "fuerza fronteriza". Ni se trata de una "nueva fuerza fronteriza", ni de una "fuerza fronteriza convencional", aunque el Pentágono no preciso con claridad de qué estaba hablando. En cualquier caso, el malestar de Erdogan continuó.

El ministerio de Exteriores turco respondió a la matización de Washington diciendo que no carecía de credibilidad. Un portavoz del ministerio dijo que los americanos no son convincentes, puesto que en una ocasión ya prometieron dejar de apoyar a los "terroristas" kurdos cuando se derrotara al Estado Islámico en Raqqa y no han cumplido su palabra.

Está claro que cada cual tiene sus propios intereses y que esos intereses son opuestos. Rusia, por su parte, ha guardado silencio, aunque el jueves, el mismo día que comenzó a disparar la artillería turca contra Afrin, el jefe del estado mayor turco y el jefe de la inteligencia turca viajaron a Moscú en busca del visto bueno de los rusos a los bombardeos aéreos.

Aunque su capacidad es muy limitada, el gobierno de Damasco advirtió que tratará de derribar los aviones turcos que entren en su espacio aéreo. Naturalmente, la capacidad de Siria depende de la de Rusia, de ahí que los responsables turcos viajaran rápidamente a Moscú.

Las Fuerzas Democráticas Sirias que son apoyadas por Estados Unidos y por las Unidades de Protección del Pueblo, constituyen el meollo de las fuerzas que combaten en el norte de Siria. Las Unidades de Protección del Pueblo, de filiación kurda, han dicho que van a resistir la ofensiva turca contra Afrin.

Para el gobierno de Damasco, tanto la presencia turca como la de Estados Unidos es injustificable dentro de su territorio. Se trata de una presencia “ilegal” puesto que no cuenta con el permiso de Damasco, a diferencia de lo que ocurre con los rusos o Hizbolá, que sí que han sido invitados por el gobierno de Bashar al Asad.