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Tepco se da nueve meses para acabar con Fukushima

La compañía presenta su hoja de ruta para controlar la situación. La planta seguirá emitiendo partículas radiactivas durante seis meses

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La Tokyo Electric Power Company (Tepco) anunció ayer su hoja de ruta para poner punto y final a la tragedia de Fukushima. Según sus estimaciones, harán falta entre seis y nueve meses para llevar la central nuclear a 'parada fría'; es decir, suspensión de la actividad de los reactores y fin de las emisiones radiactivas. Poner este dato a la inversa permite sacar una conclusión espantosa: la planta seguirá emitiendo partículas radiactivas al medio ambiente durante al menos medio año más.

El plan de choque se divide en dos fases. En la primera, el objetivo es conseguir una 'reducción estable' de los escapes radiactivos, que se basa principalmente en enfriar de manera constante los reactores y las piscinas de combustibles usados. Eso, según Tepco, tomará unos tres meses. Una vez puestos los elementos más peligrosos bajo control, el objetivo será detener completamente las fugas, y para ello harán falta entre tres y seis meses más. La compañía fijó una horquilla de entre octubre de este año y enero de 2012 para rubricar el fin de la tragedia. Varios expertos aseguraron que esa estimación es demasiado optimista y que la fecha final se acercará mucho más a los nueve meses (si acaso no los supera) que a los seis.

La primera fase del plan es enfriar las piscinas de combustible usado

Fue el presidente de Tepco, Tsunehisa Katsumata, quien anunció el calendario. El Gobierno japonés, por su parte, reaccionó positivamente al anuncio, ya que llevaba más de una semana reclamando a la empresa que hiciera pública su previsión de fechas para terminar con el infierno nuclear. 'Siento que hemos hecho un pequeño progreso', afirmó el primer ministro, Naoto Kan. Según el ministro de Economía, Industria y Comercio, Banri Kaieda, se trata de 'un paso adelante' en la carrera por controlar la crisis. 'El Gobierno presionará a Tepco para que siga firmemente el plan anunciado y acelere todo lo posible su aplicación', prometió Kaieda.

Solventado el escape nuclear, será el momento del retorno a casa de las más de 50.000 familias evacuadas a lo largo del perímetro de seguridad de entre 30 y 40 kilómetros que rodea la central nuclear. Pero para ello es posible que se necesite hasta un año entero, ya que Kaieda dijo que el retorno de los evacuados no será inmediato una vez se confirme el fin de los escapes radiactivos, sino que dependerá de cómo proceda el plan de Tepco y del nivel de contaminación de agua, suelo y aire de la zona. Eso significa que decenas de miles de japoneses, quienes ya se han quejado amargamente del limbo en el que viven desde el 11 de marzo y del negro futuro que les espera, no podrán regresar a sus hogares y a sus trabajos antes de enero de 2012. Aunque en realidad la mayoría de ellos ya no podrá retomar su antigua vida nunca más.

Decenas de miles de japoneses no podrán regresar a su casa antes de enero

Hoy, como ayer, la máxima prioridad de los operarios es evitar una explosión de hidrógeno en los reactores 1, 2 y 3, por lo que el plan contempla que se siga inyectando nitrógeno en esas unidades. Al mismo tiempo, se intentará frenar la filtración de agua extremadamente tóxica del reactor 2, que sigue estancada en el sótano del edificio y fluyendo hacia el exterior, y que además entorpece los trabajos de emergencia a causa de su nivel letal de radiación. De hecho, se están empleando robots dentro del edificio para evitar que los trabajadores se expongan a dosis de radiación peligrosísimas a medio plazo para su salud.

Hay unas 60.000 toneladas de agua estancada en los cuatro reactores dañados, una cifra que por mucho que se achique con bombas industriales nunca se reduce porque, al mismo tiempo, los camiones de bomberos siguen inyectando nuevo líquido a los edificios para enfriarlos. Una vez cumplida su función, ese agua estancada e irradiada se convierte en obstáculo. 'Hay que buscar un equilibrio', apeló el presidente de Tepco.

Según marca el plan, durante esta primera fase se construirán nuevos sistemas externos de refrigeración en los reactores 1 y 3 para enfriar las barras de combustible y evitar, precisamente, verter más agua. Una de las ideas es que el agua contaminada sirva como refrigerante para las piscinas de combustible, mediante el uso de un sistema de intercambio de calor. Asimismo, para solventar la preocupante fuga de la unidad 2, la compañía se limitó a adelantar que sellará las grietas existentes con cemento, en especial una parte de la vasija de contención que según las últimas investigaciones está dañada y permite la salida al exterior de sustancias altamente tóxicas.

En la segunda fase, una vez el escape radiactivo se haya reducido a unos niveles marginales, la gestora de la planta tratará de estabilizar la temperatura del combustible nuclear de los reactores por debajo de los cien grados centígrados, lo que limitará su peligrosidad y facilitará su manipulación. Será en ese momento cuando Tepco tape los reactores con una cubierta gigante con filtros para prevenir el escape de sustancias tóxicas a la atmósfera. También instalará en la planta varios equipos para purificar tanto el agua estancada en los edificios como la ya almacenada en los tanques. Al mismo tiempo, la compañía anunció que incrementará el número de puntos de control dentro de las zonas de evacuación, cuyos datos se usarán para neutralizar cuanto antes las sustancias radiactivas en suelo y edificios y permitir que los residentes evacuados puedan regresar cuanto antes al lugar.

En el medio plazo, probablemente durante 2012, Tepco tiene intención de cubrir los reactores nucleares con muros y techos de hormigón. La compañía insistió en que será una medida temporal, no sarcófagos como el de Chernóbil. Sin embargo, este movimiento deja entrever que los ingenieros se están decantando cada vez más por la alternativa de tapar los reactores en lugar de desmantelarlos por partes, una operación que todavía sigue siendo la preferida pero que llevará décadas en ser completada.

La presentación de la hoja de ruta para poner punto y final al desastre coincidió con la visita de la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, quien calificó el desastre nuclear de 'crisis multidimensional con un alcance sin precedentes'. Y es que además del evidente daño medioambiental y humano, Japón se enfrenta a una depresión total en sectores clave como el turismo, que ha caído un 50% desde el 11 de marzo, o la alimentación. Eso, sin contar el durísimo golpe que supondrá para su quebrada economía pagar la factura del desastre.