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Un testigo relata en la Audiencia Nacional las torturas que vio en el Tíbet

Un médico norteamericano declara ante el juez Moreno sobre los crímenes y los casos de eugenesia que presenció en Lhasa

ÁNGELES VÁZQUEZ

El médico norteamericano William Blake Kerr se dio de bruces con la represión que las autoridades chinas ejercían sobre el pueblo tibetano y decidió tomar partido. Era 1987 y él había ido al Tíbet para escalar el Everest. Lo que vio allí cambió su vida y ayer contó al juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno los atroces crímenes de los que fue testigo durante varios periodos: entre el 17 de septiembre y el 1 de octubre de ese año y entre 1991 y 1993.

Kerr llevaba cuatro años esperando para declarar en la Audiencia. Su testimonio fue acordado por el juez Moreno en septiembre de 2007 en la causa que él mismo había abierto en enero de 2006 para investigar el genocidio del pueblo tibetano. Como nunca fue citado en Estados Unidos, el testigo ha terminado viniendo a Madrid.

Fuentes presentes en la declaración señalaron que el magistrado prestó gran atención a sus palabras, que tuvieron que ser traducidas por un intérprete. Kerr explicó cómo en 1987 fue testigo, casi por casualidad, de la represión con la que China respondió a las manifestaciones que se celebraron en Lhasa. En una de ellas vio cómo un joven de 16 años recibió un tiro en la cara.

Pese a que en ese momento todavía no había ejercido la medicina sin supervisión, no lo dudó y se puso a atender a los heridos en medio de los disparos con los que las autoridades chinas reprimían a los manifestantes. Por las noches visitó monasterios y casas particulares donde habían sido trasladados los heridos, a los que procuraba atender sin disponer de medicinas.

Después volvió varias veces al Tíbet. Pero para entonces ya estaba preparado, y grabó lo que pudo ver en los hospitales que visitó. Dispone de más de cien horas de grabación, que los abogados que ejercen la acusación preparan para incorporar a la causa. Representan al Comité de Apoyo al Tíbet y a la Fundación Casa del Tíbet, así como al español de origen tibetano Thubten Wangchen.

En esas cintas, según fuentes de la acusación, aparecen prácticas abortivas a la población tibetana aplicando un criterio puramente eugenésico. Kerr explicó que, a veces, únicamente por el hecho de que los progenitores desconocían el chino se asesinaba a sus bebés mediante inyecciones en el cerebro.

Además, aseguró ante el juez que muchos de los heridos que atendió en Lhasa habían sido víctimas de torturas, porque, como médico, no podía encontrar otra explicación a las heridas que presentaban.

Esta es la única causa por el genocidio del Tíbet que sigue abierta en la Audiencia Nacional, después del archivo de la abierta por la represión que se produjo en el país con motivo de los Juegos Olímpicos de Pekín.