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La UE aparca la adhesión de los Balcanes y se arriesga a perder influencia en la región

Los 27 líderes europeos celebran una cumbre sobre los Balcanes Occidentales que pasa de puntilla sobre la ampliación y no fija ningún calendario para las nuevas entradas. España asistirá al evento a pesar de no reconocer la soberanía de Kosovo.

Banderas de la UE en el exterior del edificio de la sede de la Comisión Eureopa, en Bruselas. REUTERS/Yves Herman
Banderas de la UE en el exterior del edificio de la sede de la Comisión Eureopa, en Bruselas. REUTERS/Yves Herman.

Han pasado ocho años desde que la UE sumó su último miembro, Croacia. Y uno desde que perdió al primero, el Reino Unido. Salvo sorpresa, la perspectiva es que la UE permanezca durante los próximos años a Veintisiete. La Presidencia eslovena proponía un calendario de adhesión de los Balcanes Occidentales para 2030, pero no cuenta con el apoyo de todos los Estados miembros.

A día de hoy, Turquía y los seis países de los Balcanes Occidentales (Serbia, Montenegro, Albania, Kosovo, Macedonia del Norte y Bosnia-Herzegovina) optan a formar parte del club comunitario. El primero suma décadas tocando la puerta europea sin que nadie la abra de forma creíble. La tendencia autoritaria de Recep Tayyip Erdogan, acuciante desde el intento de golpe de Estado de 2016, ha terminado de concluir cualquier ilusión de que el país del Bósforo se sume a la UE. Todos los esfuerzos se centran en la ampliación balcánica, pero las dificultades de una región traumatizada por su pasado y las divisiones de las capitales europeas complican el proceso. 

Los 27 líderes de Estado y de Gobierno se dan cita el martes y miércoles en una cumbre extraordinaria en Eslovenia —país que ostenta la Presidencia del Consejo—. Durante el primer día mantendrán un debate estratégico sobre las relaciones con Estados Unidos, las lecciones a extraer de las crisis de Afganistán y de los submarinos AUKUS y sobre cómo lidiar con China. Durante el segundo, se reunirán con los líderes de los seis países de los Balcanes Occidentales. 

"No es una cumbre sobre ampliación, es una cumbre sobre Balcanes", repiten varias fuentes en la capital comunitaria. La primera cita de este tipo se celebró en 2003 en Tesalónica; la última el año pasado por videoconferencia. Pero a lo largo de estos años, el proceso de adhesión no termina de concretarse y amenaza con perder el momentum, como le ocurrió a Ankara. Los 27 países han tenido problemas para acordar la declaración conjunta de la cita. Algunos ni siquiera querían que se mencionase la palabra ampliación; otros querían ir más allá. Finalmente saldrá alguna referencia al proceso de adhesión, pero ningún compromiso y mucho más lejano está el de un calendario claro. 

La antigua Comisión abanderada por Jean-Claude Juncker se fijó 2025 para la entrada de Serbia y Montenegro, los países más avanzados. Esa hoja de ruta es ya impensable. En juego hay muchos intereses y también sobre la mesa existen diferentes sensibilidades políticas. Países como Croacia o Eslovenia pisan el acelerador para agilizar la adhesión de sus países vecinos. Su desarrollo y conectividad tendrían un buen impacto en sus economías, pero también reducirían el riesgo de seguridad en sus fronteras. Por otro lado, otros como Bulgaria bloquean la apertura de negociaciones con Macedonia del Norte. El país vive elecciones en noviembre en plena disputa identitaria con Skopje por el idioma y la historia.  

Poco apetito para ampliar la 'familia UE'

Otros pesos pesados como Francia también pisan el freno. Emmanuel Macron afronta unos comicios cruciales durante la próxima primavera. El presidente galo no quiere asumir riesgos. Es de la opinión de que la casa europea está demasiado desordenada y es necesario estabilizarla antes de abrir la puerta al patio trasero, como se alude con frecuencia a los países que conforman los Balcanes Occidentales. 

Pero esta opinión no se limita a París. No hay un apetito generalizado en la UE para aceptar ipso facto a los países balcánicos. Por un lado, la sacudida que supuso el Brexit está presente. Por el otro, países como Hungría y Polonia amenazan la estabilidad del propio proyecto comunitario con sus reiterados ataques sobre el Estado de Derecho. Y en la menta de otros como Países Bajos planea la idea de que las incorporaciones de Bulgaria y Rumanía en 2007 fueron precipitadas. Creen que no estaban preparados y no quieren repetir los mismos errores.

Muchas capitales temen que a entrada de países con un Estado de Derecho débil suponga la exportación de problemas a Bruselas

Son muchas capitales las que temen que la entrada de países con problemas de corrupción, de disputas fronterizas, de traumas históricos y que cuentan con un Estado de Derecho débil acabe suponiendo la exportación de problemas a la capital comunitaria. Buen ejemplo de ello es el choque por las fronteras marítimas que Croacia y Eslovenia —países de la UE— azuzan de cuando en cuando asentando un dolor de cabeza a Bruselas.

Pero ello entraña también muchos riesgos. Los Balcanes pueden sufrir el "efecto Turquía": desconfianza en la UE, frustración por parte de sus ciudadanos por estar demasiados años en la sala de espera y terminar abrazándose a otros actores. Rusia, China, la propia Turquía o los países del Golfo son cada vez más fuertes en la región con proyectos de inversión llenando el vacío de la UE. Para Bruselas se trata de una zona estratégica por puras cuestiones geográficas, pero también de seguridad en sus fronteras. La paz en la región, más de 20 años después de las últimas guerras que asolaron Europea, continúa siendo muy frágil. Kosovo y Serbia volvieron a reavivar sus tensiones hace unos días por la crisis de las matrículas. Cualquier conflicto en las fronteras balcánicas sellará su primer impacto en suelo comunitario.

Con esta coyuntura de fondo, la Unión Europea lucha por mantener el equilibrio y por gestionar las expectativas del pueblo balcánico. Los líderes rubricarán en la capital eslovena un paquete de 29.000 millones de euros en ayudas para el desarrollo de estos seis países. Los europeos representan el 69% de los lazos comerciales de los Balcanes Occidentales, muy por delante del 8% de Rusia o del 4% de China. Y uno de sus objetivos en la cita es ensalzar estos logros para que no haya margen de duda. "Es un buen momento para ser asertivos y recordar que somos el mayor socio inversor y comercial de la región", apunta una fuente europea.

"No estamos en 2004"

Hace 16 años, la UE vivió su gran apertura hacia el Este: Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Estonia, Lituania, Malta, Polonia y Chequia pasaron a formar parte del club comunitario. "No estamos en 2004. No estamos dispuestos a una ampliación generosa", advierten fuentes diplomáticas. El estado actual de impasse responde a una doble vertiente: los seis países implicados tienen por delante un gran proceso de reforma de sus administraciones; y la UE no se siente preparada para hacerse mayor y absorber a más países. Aunque el proceso de adhesión se ve en la capital comunitaria como una historia de éxito, corre el riesgo de restar credibilidad a la UE. Países como Macedonia del Norte han accedido a cambiar su nombre tras décadas de disputa con Grecia para allanar su destino europeo, pero se ha tropezado con promesas incumplidas por parte de los europeos. La sensación de frustración e incluso de sanción puede sentar el caldo de cultivo a una mayor influencia de actores terceros como Pekín o Moscú a las puertas europeas. 

El caso más simbólico es el de Serbia. El mensaje pro-europeísta está perdiendo especial impacto en este país, que es el que cuenta con más apoyo de Moscú. En la crisis del coronavirus, Belgrado se abrazó a la ayuda de Pekín calificando la solidaridad europea como "una farsa" y convirtiéndose en el primer país de Europa en recibir la vacuna china. 

España asistirá a pesar de la presencia de Kosovo

Pero las divisiones internas no solo afectan a los Balcanes. Dentro de la UE, cinco países (España, Grecia, Rumanía, Chipre y Eslovaquia) no reconocen la soberanía de Kosovo, tras su independencia unilateral de Serbia en 2008. Ello provocó que en la anterior cumbre organizada por Bulgaria en 2018 el entonces presidente del Gobierno español Mariano Rajoy no acudiese a la cita.

Durante esta ocasión, el actual líder del Ejecutivo, Pedro Sánchez, sí asistirá. Eso sí, con la base de la postura "neutral sobre Kosovo", en Eslovenia habrá símbolos, banderas ni cargos, explican fuentes de La Moncloa, que aseguran que no hay un cambio de postura de Madrid hacia el estatus de Pristina.

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