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Las víctimas del clan Trabelsi reclaman justicia en Túnez

Los familiares de la esposa del dictador Ben Alí han robado y extorsionado a la población con total impunidad durante más de dos décadas. Los que les plantaban cara solían acabar en la cárcel

TRINIDAD DEIROS

A Nizzar Touil lo asesinaron a golpes. Golpes en la columna vertebral y en la nuca, lo que no impidió a las autoridades tunecinas decirle luego a la familia que el joven militar de 24 años "se había suicidado". Una vez que hubo acabado con él, el asesino de Nizzar arrojó su cuerpo a unos matorrales.

Saida Ghesmi, la madre del joven, se pasea entre los manifestantes que claman contra la dictadura en Túnez con una foto de su hijo que aprieta contra el pecho. En una bolsa atesora todos los papeles que ha ido acumulando en los ocho años que lleva luchando para que el asesino de Nizzar y sus cómplices paguen.

Entre los documentos figura una copia del atestado del asesinato: croquis del lugar del crimen, el informe policial y fotocopias de las fotos del cadáver. El chico estaba prácticamente desnudo, sólo llevaba puestos los calzoncillos, y la postura del cuerpo, con los miembros desmadejados, hace pensar en un muñeco de trapo roto y arrojado a la basura.

"Nizzar se acababa de comprar un coche y, poco antes de su muerte, Imad Trabelsi [sobrino de Leila Trabelsi, la mujer de Ben Alí], le propuso que se uniera a su banda. Quería que usara el vehículo para vender drogas y alcohol en el mercado negro, pero mi hijo se negó ", recuerda Saida. Días después, Nizzar apareció muerto. Saida dice que Trabelsi "lo mató con sus propias manos".

De nada le sirvió a esta madre recorrer los tribunales para denunciar el crimen. La omnipotencia del clan de la odiada mujer de Ben Alí era tal que cualquier intento de plantarles cara solía terminar con el ofendido en la cárcel. También con sus propiedades en manos de la familia que el Departamento de Estado norteamericano definió como un clan "casi mafioso".

A Saida no la metieron en la cárcel, pero Imad Trabelsi llevó su venganza al extremo: el sobrino político del dictador confiscó el coche de Nizzar y expulsó de su casa a su familia. La humilde vivienda de esta mujer pasó entonces a ser un diminuto grano de arena más en la fortuna de cientos de millones de euros que la familia Trabelsi ha construido sobre la corrupción y el crimen.

La Revolución de los Jazmines ha vengado a Nizzar Touil: el sábado, uno de los guardaespaldas de Imad Trabelsi lo apuñaló hasta la muerte en La Goulette, la localidad cercana a Túnez de la que era alcalde. Lo sorprendente es que el odio que los tunecinos profesan a los Trabelsi es en muchos casos personal. Es asombroso cuántas personas de este país de diez millones de habitantes denuncian haber sido robadas, extorsionadas o incluso haber sufrido la pérdida de un ser querido a manos de esta voraz familia.

Amina es otra madre coraje que también busca justicia para su hijo, en el paro a causa del nepotismo de Imad Trabelsi. Fuad (el nombre es ficticio), tenía un trabajo en el Ayuntamiento de La Goulette cuando al sobrino del dictador se le ocurrió que podía dar el puesto a una amiga suya.

Entonces empezó el acoso. "Un día, obligaron a mi hijo, licenciado en Empresariales, a que sacara la basura. Cuando se agachó para coger el cubo, uno de los empleados le hizo un comentario obsceno", explica Amina. Cuando Fuad fue a quejarse, Imad Trabelsi le arrojó el sello del ayuntamiento a la cara y lo despidió.

El sindicalista Amami Mongi también tiene una historia que contar. "Mi hermano compró una casa en la que había una inquilina. Después resultó que la mujer era la maquilladora de Leila Trabelsi, por lo que no pudo desalojarla. Cuando acudía a la policía con la sentencia judicial que le daba la razón, le decían que Ben Alí en persona había dado orden de que no se aplicara".

"Desesperado, fue a ver a Na-sser Trabelsi, hermano de Leila, quien le dijo que no se oponía a que recuperase su casa e incluso le firmó un papel. Cuando mi hermano llevó el documento a la policía. le acusaron de haberlo falsificado y lo encarcelaron. En los seis meses que estuvo preso, cambiaron la titularidad de la casa y la vendieron dos veces", explica Mongi.

A Walid Ridhi, los Trabelsi no le robaron, pero sí lo dejaron marcado para siempre. Una cicatriz recorre la mejilla izquierda, desde la oreja hasta la boca, de este funcionario. Es el recuerdo que le dejó otro de los diez hermanos de Leila Trabelsi cuando Ridhi intentó separarlo de otro hombre con quien se estaba pegando en un bar.