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Yemen Biden inicia con Yemen la nueva política exterior de EEUU

El pasado jueves en el departamento de Estado el presidente Joe Biden expuso las líneas maestras que gobernarán la política exterior americana en los próximos cuatro años. La guerra de Yemen ocupó el lugar prominente de su discurso. El fin de esta guerra tendrá consecuencias para varios países de la región, especialmente para Arabia Saudí.

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El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en una imagen de archivo. - Agencias

En lo tocante a Oriente Próximo, el primer discurso de política exterior de Joe Biden hizo hincapié en la desastrosa situación de Yemen, donde la guerra ha causado la peor crisis humanitaria de la actualidad, un conflicto que deberá acabar y resolverse gracias a los agentes implicados y no por medio de la intervención extranjera.

El presidente anunció su intención de poner fin a la venta de armas americanas, que durante el mandato de Donald Trump ha sido un negocio redondo, no solo para Estados Unidos, donde según Trump han creado cientos de miles de empleos, sino también para una Europa acostumbrada a predicar una cosa y hacer otra distinta impulsada por las ganancias sin atender a resultados.

"Vamos a intensificar nuestros esfuerzos diplomáticos para acabar con la guerra en Yemen, una guerra que ha creado una catástrofe humanitaria y estratégica", dijo Biden en el departamento de Estado, justo antes de anunciar su intención de detener completamente el apoyo americano a las campañas militares extranjeras en Yemen, "incluida la venta de armas".

Para The New York Times, la suspensión de la venta de armas a Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos constituye el gesto más importante en la nueva política exterior americana. El periódico recuerda que la intervención extranjera en Yemen comenzó durante el mandato de Barack Obama y creció significativamente bajo la administración Trump.

La prensa americana ha publicado numerosas veces que Estados Unidos sabe perfectamente lo que está ocurriendo en Yemen, es decir los bombardeos que se hacen con aviones americanos, con bombas americanas y con asesores militares americanos, y que se han cebado en bodas, funerales y mezquitas causando un enorme número de muertos y heridos. No parece que a partir de ahora vayan a continuar estas actividades.

El anuncio del jueves es la más clara indicación hasta el momento de que la Casa Blanca no quiere rehuir los problemas heredados y de que sus planteamientos van a ser distintos en relación con lo que se ha visto hasta ahora. En todo caso, la vuelta a los "valores" no va a ser fácil en un mundo azotado por nacionalismos y populismos cada vez más agresivos, como se vio en enero durante el asalto al Capitolio, precisamente en Estados Unidos.

Al lado de la intervención emiratí y saudí en Yemen, se encuentra otro problema que puede tener un alcance imprevisto: el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en Estambul hace más de dos años. Aquí se verá si Biden realmente quiere decir lo que está diciendo cuando habla de derechos humanos y democracia.

Si lleva hasta el fin estos planteamientos, el joven príncipe Mohammed bin Salman se verá en aprietos que podrían acabar con sus ambiciones de un día para otro, y no hay que descartar que si esto ocurre se cree en la región una situación inestable cuyas consecuencias son imprevisibles a medio plazo, no solo para Arabia Saudí sino también para otros países.

Al príncipe Bin Salman no le ha tomado por sorpresa el discurso de Biden. Ya durante la campaña el presidente demócrata prometió detener la venta de armas a los saudíes y numerosas personalidades demócratas expresaron su intención de hacer pagar a Bin Salman por el asesinato de Khashoggi.

Se ha creado una situación en la que el futuro de Bin Salman queda en manos de la Casa Blanca, y no solo de Israel. El príncipe confiaba en Benjamín Netanyahu para salvar el pescuezo, pero ahora ve cómo quien tiene la sartén por el mango es Biden, quien podría utilizar esa ventaja en distintas cuestiones, como por ejemplo en la negociación del programa nuclear iraní.

Analistas saudíes han dejado caer que, a falta de armas americanas, Riad podría recurrir a armas rusas, como han hecho los turcos, pero sería demasiado arriesgado y pondría a Bin Salman en una tesitura que no le compensaría. Ahora mismo, el príncipe tiene que ver cómo termina la guerra de Yemen y cómo se salva del caso Khashoggi, de manera que va a estar muy ocupado y necesitado de la ayuda de Biden.

Que el presidente haya dicho que no va a pasar a los saudíes información de inteligencia sobre Yemen es otra indicación clara de que la intervención extranjera está a punto de acabar. Sin armas y sin inteligencia Riad no puede continuar en esa aventura.

Pero al mismo tiempo, Biden extendió la mano a Riad. "Vamos a continuar apoyando a Arabia Saudí para proteger su soberanía, su unidad nacional y su gente", unas palabras que, aunque están más dirigidas al pueblo que a sus dirigentes, también buscan calmar el temor que tiene la cúpula saudí a Irán, y dejar claro que Washington lo comprende y lo tiene en cuenta.

Biden no fue tan explícito con el tema iraní, aunque es obvio que figura en los primeros lugares de su lista de prioridades por la sencilla razón de que Israel dice que es su preocupación más acuciante. Tampoco fue muy explícito con la brutal ocupación de los territorios palestinos. Pero si anda preocupado por los derechos humanos, sin duda la gestión de estos dos asuntos mostrará hasta qué punto se interesa en esas cuestiones.

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