Ni abuelos ni pensionistas, son adultos mayores: cómo los medios alimentan el edadismo
'The Conversation' analiza 21 estudios internacionales sobre la representación de las personas mayores en la prensa, la radio y la televisión, con narrativas negativas o estereotipadas.

Idoia Camacho Markina (The Conversation)
Madrid--Actualizado a
Imagine abrir el periódico cada mañana y descubrir que el retrato que se hace de la gente de su edad es el de personas frágiles, dependientes y sin voz propia. Pues bien, esa es la realidad que enfrentan las personas mayores que aparecen en los medios de comunicación. Y lo preocupante es que esas imágenes no solo influyen en cómo la sociedad las ve, sino también en cómo ellas se perciben a sí mismas.
Hemos analizado 21 estudios internacionales sobre la representación de los adultos mayores en la prensa, la radio y la televisión. La conclusión fue clara: los medios los muestran poco, y cuando lo hacen suelen recurrir a narrativas negativas o estereotipadas. Hoy es un buen día para analizar esta situación en el Día Internacional de las Personas Mayores.
Las personas mayores aparecen en los medios mucho menos de lo que correspondería a su peso demográfico, y cuando aparecen es habitual que otras voces hablen por ellas en lugar de ofrecerles un espacio directo para expresarse. Esa ausencia de protagonismo refuerza su invisibilidad en la sociedad.
Invisibles, estigmatizadas o presionadas
Las noticias tienden a presentar a las personas mayores como una carga económica o familiar. O bien se las reduce a la imagen del abuelo entrañable, pero pasivo, sin capacidad de decisión.
El resultado es el edadismo o estigmatización de la vejez, que identifica esta etapa de la vida con un colectivo homogéneo que no refleja la diversidad real de experiencias que tienen los individuos que lo forman.
En los medios abundan los estereotipos negativos sobre las personas mayores. También ocurre que, en ocasiones, promueven una visión excesivamente positiva, la del “envejecimiento exitoso” basado en mantenerse eternamente joven, activo y productivo.
La vejez se convierte en un examen constante donde solo aprueban quienes logran ocultar los signos del paso del tiempo
Aunque pueda parecer un retrato amable, esta narrativa genera nuevas presiones, porque si no encajas en ese modelo idealizado quedas excluido. La vejez se convierte así en un examen constante donde solo aprueban quienes logran ocultar los signos del paso del tiempo.
Palabras y fotografías que pesan
El lenguaje construye realidades. Y, en el caso de la vejez, muchas palabras siguen cargadas de connotaciones negativas. Los estudios analizados muestran que los términos empleados con frecuencia en la prensa –“dependientes” o “ancianos”– consolidan visiones excluyentes. Expresiones como “pensionistas” y “abuelos” reducen a las personas mayores a una sola faceta, borrando su individualidad.
Por el contrario, hablar de “personas mayores” o “adultos mayores” ayuda a reconocerlas como sujetos plenos de derechos y a reflejar la diversidad de trayectorias vitales existentes.
Si las palabras importan, las imágenes también. Aunque no abundan las investigaciones que analicen cómo se ilustran las noticias sobre personas mayores, los estudios disponibles apuntan a un patrón repetido: fotografías de bastones, manos arrugadas o grupos de gente sin rostro definido.
Estas imágenes refuerzan la idea de fragilidad y dependencia. Rara vez muestran a adultos mayores en entornos laborales o en posiciones de liderazgo, a pesar de que muchos de ellos forman parte activa de la vida social, económica y cultural.
El envejecimiento de la población es una de las transformaciones sociales más significativas del siglo XXI, con implicaciones en casi todos los ámbitos. Las Naciones Unidas han designado el 1 de octubre como el Día Internacional de las Personas de Edad. Es un llamamiento a la acción colectiva para reconocer las contribuciones de las personas mayores y construir un futuro más inclusivo.
Este llamamiento tiene en los medios de comunicación un aliado clave. Porque los medios no solo informan, también construyen realidad. Deciden qué temas entran en la agenda pública, qué voces se escuchan y cuáles permanecen en silencio.
Representar mal la vejez tiene consecuencias directas en la autoestima, la salud y la participación social de las personas mayores. Cuando la única narrativa disponible las describe como frágiles, improductivas o fuera de lugar, se corre el riesgo de que esas visiones se interioricen y se conviertan en profecías autocumplidas.
A la vez, los estereotipos mediáticos influyen en cómo el resto de la sociedad se relaciona con ellas, desde políticas públicas que no atienden a sus necesidades hasta actitudes cotidianas de condescendencia o exclusión.
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

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