Ni el dinero ni el éxito, lo que realmente protege la salud de los mayores es sentirse queridos
Las relaciones de amistad son un elemento clave para mejorar el bienestar y disminuir la sensación de soledad en la vejez, incluso por encima de factores económicos o de salud.

Madrid-
Las relaciones humanas representan un elemento biológico clave para la supervivencia: fortalecen el sistema inmunológico, potencian la memoria y funcionan como un mecanismo de protección social. De acuerdo con lo expuesto por el Centro Internacional del Envejecimiento (CENIE), este tipo de vínculos afectivos no dependen de la edad, aunque a medida que envejecemos, el afecto cobra cada vez mayor importancia.
A lo largo de los últimos 86 años, la Universidad de Harvard ha realizado un estudio científico sobre la felicidad, llamado Harvard Study of Adult Development (Estudio de Desarrollo de Adultos). Este se ha convertido en la investigación más larga de la historia desde su inicio en 1938. Una de las conclusiones más sorprendentes que obtuvo fue la correlación que encontraron entre la esperanza y la calidad de vida en la vejez con la calidad en los vínculos personales. Las personas que tenían relaciones de amistad más significativas se mantienen físicamente más saludables a medida que envejecían.
La red de amigos, y sobre todo de amigas, conlleva a contar con una red de cuidados
La amistad conforma un espacio donde en envejecer compartiendo recuerdos y proyectos comunes, en ella se equilibra la independencia con la interdependencia. Es un hecho que el paso del tiempo puede provocar un aumento en la vulnerabilidad y la soledad de las personas, por ello tener una red de amigos y sobre todo de amigas, conlleva la creación de una red de cuidados. Lejos de ocasionar una pérdida de libertad, estar rodeado de personas puede aportar un sentido distinto a la vida más allá de la realización personal que aportan las relaciones familiares o las parejas.
Las comunidades más fuertes
Sin embargo, las relaciones personales, al igual que la salud exigen un mantenimiento y deben ser algo mutuo, una práctica cotidiana que se base en la reciprocidad y se convierta en una práctica diaria. No existe estructura más firme que una comunidad cuyos miembros se conocen y se apoyan mutuamente. En definitiva, una sociedad que cultiva sus vínculos colectivos se protege frente a la fragilidad y al olvido.
Gabriela Gómez Rocas, psicóloga, explica a Público que uno de los factores esenciales respecto a este fenómeno es la calidad de los vínculos, la clave es que las relaciones interpersonales te den soporte y te puedan proveer de sentido en tu día a día: "Unas relaciones seguras van a actuar ayudando a reducir el estrés, lo que permite que el sistema nervioso se regule mejor y más rápido, es por ello que el cuerpo de una persona que tiene vínculos de calidad va a tener menores niveles de cortisol, menor inflamación crónica y a largo plazo un mejor funcionamiento de la salud en general", declara Gómez.
Las investigaciones más recientes del proyecto SOLiEDAD, promovido por el CENIE, revelan que los vínculos comunitarios son un elemento clave para mejorar el bienestar y disminuir la sensación de soledad, incluso por encima de factores económicos o de salud. La ausencia de vínculos cercanos de calidad y el aislamiento social se han relacionado con un aumento en la probabilidad de sufrir problemas cardiovasculares y con la pérdida de funciones cognitivas.
Esto también se aplica al contexto urbano: la amistad entre vecinos y ciudadanos se convierte en la mejor protección contra la soledad. Esta es una de las bases del discurso de la exministra Matilde Fernández, hoy presidenta del Observatorio de la Soledad No Deseada. Como experta entiende que "hacer barrio" ayuda a los mayores a estar activos, no sentirse solos y tener con quién hablar.
No hacen falta grandes avances tecnológicos, solo el acto de estar presentes. Una sonrisa, una conversación casual en el mercado o compartir un paseo son gestos simples que pueden funcionar como verdaderas acciones de salud pública, según los expertos.
En una sociedad saturada por las conexiones digitales, muchas personas experimentan, paradójicamente, la falta de vínculos reales y cercanos, esto incluye también a las personas mayores. Por ello, las iniciativas intergeneracionales y las redes comunitarias dejan de ser gestos de buena voluntad para convertirse en una auténtica infraestructura que sostiene el bienestar social. Apostar por la amistad, por el tiempo compartido y por los espacios donde encontrarse se ha vuelto más necesario que nunca y supone, en esencia, una política de salud pública.
En países como Portugal y España existen distintos proyectos locales que promueven la convivencia, el voluntariado sénior o la mentoría entre generaciones. Estas iniciativas están demostrando que los lazos afectivos pueden planificarse, mantenerse y crecer. Al final, una sociedad que cultiva el encuentro no solo envejece con mayor calidad, sino que aprende a vivir con más empatía y humanidad.



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