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Galicia Festivala, mujeres creando: la respuesta a la industria musical machista

El feminismo trabaja desde los equipos de producción de los certámenes y apuesta por el talento de las mujeres, porque tampoco podría ser de otro modo: ellas dominan la escena. El camino no fue de rosas, más bien de ortigas, pero el activismo levantó un «A» que ya nadie puede tumbar.

Festivalada
Bego, organizadora de la Festivalada. ARCHIVO

luzes-público | alba tomé

A lo largo de la historia las mujeres fueron discriminadas del ámbito cultural y en el siglo XXI aun hay resistencia al cambio. Es necesario limpiar los resquicios machistas y equilibrar la balanza, reconstruir un sector compartido y equitativo para dejar de expulsar y de marginar a las mujeres creadoras.

La perspectiva de género en las organizaciones de los festivales de música es crucial para dejar de reproducir estereotipos patriarcales y anexar éxito y poder con varón. Lo positivo es que todo esto empieza a formar parte de un pasado, aunque muy próximo. 2018 fue el año del feminismo en el Estado y floreció con empuje en un sector cultural machista hasta los huesos, una orden violenta que se va tornando violeta. El movimiento de la igualdad chilla más que nunca en la música. Lo impulsaron y lo despegaron las mujeres y, en Galicia, lleva por nombre «Festivala».

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Festivala: mulleres creando no es un festival al uso, es toda una reivindicación que visibiliza a las mujeres creadoras, una crítica a esos festivales donde ellas ocupan un segundo plano, si tienen la «suerte» de hacerlo, siendo los hombres los protagonistas y los platos fuertes de los certámenes que tanta juventud mueve. Festivala es un evento donde tiene más peso la parte política que el propio ocio. El mensaje siempre radical, pero con una conexión directa a las almas, a veces con júbilo, con retranca, con humor, la protesta que ya es defender la alegría de las mujeres como una trinchera. «Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa» (Emma Goldman).

Pasacalle feminista de O Som do Lilá. ARCHIVO

En 2016 la asociación feminista de Vilagarcía (Pontevedra), O soño de Lilith, decidió emprender el proyecto sin muchas pretensiones, pero ya van por la cuarta edición con una gran acogida por parte de la asistencia que llega de varios puntos de Galicia y del Estado. La idea es la misma que hace cuatro años: organizar unas jornadas donde participen exclusivamente mujeres creadoras, artistas, autoras y emprendedoras y sean ellas las protagonistas en diversos ámbitos artísticos: música, cine, teatro, literatura, pintura… En palabras del colectivo arousano, la intención radica en «poner el foco de atención en las diversas mujeres creadoras a través de los múltiples proyectos de emprendimiento que están desarrollando».

El abanico es amplio. Buscan autoras del ámbito local y de toda Galicia, y también grupos de fuera para poder atraer el máximo público posible. Las compañeras de Lilith insisten en la necesidad de crear referentes a partir de un mensaje feminista en todo tipo de formatos y también estilos musicales: pop, rock, flamenco, folk, experimental… Acercaron al municipio pontevedrés a lo largo de estos años grupos de la talla de Agoraphobia, Amparito, La Otra & Las locas del Coño, Mercedes Peón, Las Antonias, Las Punkiereteiras, Som do Lilá… Este año además colaboraron con el reconocido festival Revenidas, en Vilaxoán, que consideraron como una forma de tejer redes y de colocar la perspectiva feminista en otros eventos de la zona.

En las ediciones anteriores, y sin olvidar la pantalla grande, proyectaron el cortometraje Feminazi (2018) de la periodista gallega Diana López Varela, y también trajeron a la cineasta uruguaya Manane Rodríguez, con una película que quedó a las puertas de los Óscar, Migas de pan (2016).

Forman parte del programa habitual de Festivala actividades de formación y sensibilización que duran varios días, incluso dos semanas: presentaciones de libros como Mujeres negras en la ciencia de Zinthia Palomino y Nina Sefcik y también talleres de lengua de signos, de disputas dialécticas improvisadas (en gallego, regueifas), recitales de poesía, charlas, talleres de empoderamiento, cuentacuentos para los infantes… mismo feria, donde mujeres artesanas, dibujantes o modistas exponen y venden sus trabajos.

Ana Fernández, en el espectáculo Deixaas. ARCHIVO

La presidenta de la asociación, Daisy Alcalde, cuenta que es difícil emprender esta clase de proyectos, aunque tengan el apoyo institucional del Ayuntamiento de Vilagarcía y de la Diputación de Pontevedra. «Todo lo que tiene que ver con la igualdad de género y con el feminismo cuenta con escasos recursos económicos». De hecho, todas las actividades que organiza Festivala son gratuitas. «Si la economía supone una barrera para que una persona pueda participar, pierde todo el sentido para nosotras».

Además, abordar una iniciativa de estas características, que se va haciendo más grande con el paso de los años, es complejo para sus socias puesto que ninguna trabaja en el sector de espectáculos ni en organizaciones de eventos. Sin relación con la música aprendieron desde cero a construir un certamen musical que atrae a centenares de personas gracias al activismo y a la sororidad de las compañeras. En total, la asociación la conforman entre 20 y 30 mujeres, pero las que trabajan activamente a lo largo del año son sobre diez. El feminismo no está tan despierto en la comarca del Salnés como ellas desean. Con todo, cada edición es menos difícil porque hay camino andado, aunque este año tropezaran con la covid-19 y tuvieran que aplazar Festivala por el confinamiento hasta septiembre, cancelar conciertos y adecuarse a las circunstancias.

Ecofeminismo en tiempos de pandemia

Cada edición de Festivala va dedicada a una mujer destacada por su legado en la lucha feminista o a una reivindicación en concreto. Siempre eligen temas transversales para construir el programa: transfeminismo y emprendimiento; Marielle Franco, por su lucha antirracista y por los derechos LGTBIQ+; activismo feminista y este año la figura que iluminó Vilagarcía fue Berta Cáceres, una ecologista, feminista y defensora de los derechos indígenas asesinada por defender el medio ambiente.

Cáceres luchó contra el complejo hidroeléctrico Agua Zarca, en Honduras. La presa restringía el acceso de agua a las comunidades locales lencas [grupo mesoamericano, que habla lenguas lencas y que ocupa parte del territorio de Honduras y del Salvador desde tiempos precolombinos] y ponía en riesgo su modo de vida tradicional y el medio ambiente. Gracias a su trabajo, la mayor empresa de presas del mundo y varios bancos internacionales abandonaron el proyecto, pero esto le costó la vida. Un grupo de sicarios dirigidos por militares y responsables de DESA, la empresa constructora del embalse, la asesinaron en marzo de 2016. Aún se desconocen los autores intelectuales del crimen y los vacíos legales abundan en la investigación.

Las activistas de O soño de Lilith trabajaron esta cuarta edición el ecofeminismo a fondo y quisieron explicarlo en toda su amplitud. «El movimiento feminista y ecologista están destinados a entenderse», relatan. «Cuando analizamos las raíces culturales, políticas y económicas que hay detrás de la subordinación estructural de las mujeres en el patriarcado, vemos que son bastante comunes con las que existen en la destrucción de la naturaleza en las sociedades de corte capitalista, articuladas alrededor de los intereses de la dominación y la violencia», relata un panel de la exposición que montaron en el centro de Vilagarcía. La gente, curiosa, se acercaba a leer el legado de Berta Cáceres, la historia de Festivala y la asociación, la definición del movimiento ecofeminista y a descubrir proyectos de mujeres emprendedoras que crean a partir de la sostenibilidad.

Concierto de Mercedes Peón. ARCHIVO

Para Yayo Herrero, antropóloga, ingeniera, profesora y activista, el ecofeminismo es un movimiento que nos permite conocernos mejor como especie, como ecodependientes e interdependientes y que, por tanto, permite articular la política y la economía alrededor de la prioridad de sostener vidas reales y concretas, cotidianas y cualquier tipo de vida. Cuenta que la han llamado «catastrofista» por su relato, a lo que ella respondió: «tú lo que quieres es que yo te diga que tenemos una solución para seguir viviendo como estamos. Y eso es imposible».

Herrero consiguió un pleno de asistencia en el Salón García, algo que no suele ocurrir. Había ganas de escucharla. Explicó que hay que promover un crecimiento verde más que nunca, pero pensando y reivindicando la importancia en el municipalismo, en los ayuntamientos, en las personas de a pie, lejos de un «fascismo territorial» donde solo la gente con dinero pueda permitirse cambiar este modelo de vida a uno más sostenible. La importancia de la perspectiva de clase para la transición y la búsqueda del bien común. Reflexionó acerca de la crisis económica derivada del coronavirus, una precarización con memoria que ya estaba vigente desde la hecatombe de 2008. «Estamos en un país donde las desigualdades crecieron, tenemos personas desempleadas, excluidas y tenemos personas trabajadoras, con un empleo, y que son pobres. La fragilización del derecho al trabajo está haciendo que el trabajo deje de ser algo que te garantiza poder estar a salvo de la precariedad y de la pobreza. Es un problema enorme en un Estado que se considera del bienestar», agregó Herrero.

La socióloga y profesora en la Universidad de Vigo, Iria Vázquez Silva, impartió el taller «Ecofeminismo para la sostenibilidad de la vida» y acercó el debate de los cuidados y de las mujeres como sustentadoras de alimentos de diversas comunidades, como recogedoras de agua, trabajadoras de la tierra y del rural. En consecuencia, ellas están más expuestas a la destrucción de la naturaleza. El ecofeminismo es la lucha contra la subordinación de las mujeres y la naturaleza por debajo de los hombres y la cultura, que analiza críticamente por qué las mujeres son las principales perjudicadas por la contaminación ambiental. Forma parte de todo este debate el animalismo, el antiespecismo, la fragmentación de la mujer de manera similar a la de los animales, la deshumanización de la misma hasta reducirla a un culo, a unas tetas, a la propia nada.

Proyectos ecofeministas en Galicia

Pasacalle feminista de O Som do Lilá. ARCHIVO

El coronavirus obligó las organizadoras a suspender este año la feria, donde decenas de mujeres suelen exponer sus trabajos para venderlos. En su lugar, promocionaron en una exposición y a través de sus redes sociales varios proyectos de mujeres gallegas que crean a partir de la sostenibilidad y de la reutilización de materiales, sin dañar el medio ambiente. Destacan las compresas ecológicas con marcas como Cíclica y Proxecto Xerminando, que nacen de la necesidad de empoderar a la mujer menstrual a partir de la autosuficiencia.

Las «comprestelas» son unos de sus productos más demandados y quieren diferenciarlas por su característica más destacada: no hace falta consumir ningún material para hacerlas. Solo empleando, por ejemplo, camisetas viejas.

También relacionada con la temática, A bolsa vermella (La bolsa roja) de Sabela Losada Cortizas está llena de regalos artesanos y sostenibles para «dar la bienvenida» a la menstruación. El proyecto nació a partir de su libro Vermella, premiado con el Premio Fina Casalderrey. Por otra banda, TocaMadera Galega es un proyecto de reutilización de materiales que su creadora Mónica encuentra en la calle y en los montes para la creación de cuadernos artesanales, álbumes y otros objetos. Y, por último, aunque no menos importante, Cerveza AleAlé es una pequeña empresa de cerveza artesanal y al frente de ella está Marta Galán. Es la delegada territorial de Pink Boots Society, una asociación internacional de mujeres cerveceras que visibilizan el papel histórico y actual de las mujeres en este ámbito que se relaciona solo con hombres. ¿A cuántas de nosotras le pusieron el zumo de piña y a él la cerveza cuando era al revés?

La cultura es segura

La cultura es segura. Y las activistas de O Soño de Lilith no pararon de repetirlo durante la cuarta edición de Festivala. Aunque las medidas que exigían el coronavirus limitaron el evento reduciendo las actividades, modificando los espacios y evitando los contactos, el resultado fue positivo porque la gente también creyó que, si se garantiza la higiene y la seguridad, no hay peligro en acudir a la proyección de una película o escuchar un concierto. Los grupos que tocarían este año en el Festivala, si todo siguiera en la vieja normalidad, quedan guardados para la próxima edición, que apunta aún más fuerte.

Pasa el tiempo y los festivales más famosos del Estado van alcanzando conciencia feminista y esto se consiguió en parte gracias a iniciativas como Festivala, que reivindican el papel de las mujeres porque la cultura es del pueblo y construye un imaginario social. Es un arma, un billete de ida. Mientras tanto, O Soño de Lilith continúa batallando. Las activistas no adormilan. Ellas, las que izaron el «A»: Daisy, Bea, Bego, Vera, Mery, Isa, Alejandra, Mariña, Uxía, Ángela, Sandra.

Este artículo se publicó originalmente en gallego en la revista Luzes . Ahora Público lo reproduce como parte de un acuerdo de colaboración con la revista. Aquí puedes encontrar más artículos de Luzes en Público.