Entrevista a Edurne Correa, presidenta de la asociación Despertrans"Defender los derechos trans es defender los derechos humanos en su globalidad"
La activista conversa con 'Público' por el Día de la Visibilidad Trans sobre los avances y retrocesos en derechos del colectivo.

Madrid--Actualizado a
Edurne Correa es activista y presidenta de Despertrans, una asociación navarra que defiende los derechos del colectivo trans, nacida en 2020. Un año antes de su fundación, Edurne se presentó como transexual frente al mundo. Para ella, la Federación Plataforma Trans, de la que es vocal, fue fundamental en su proceso de transición. “Es toda una familia. Familia de esa que se elige”, expresa en conversación con Público.
Se encontraba el pasado sábado 28 de marzo al frente de la marcha convocada por Plataforma Trans, bajo el lema “Frente al odio y el fascismo: orgullo y furia trans”. Junto a cientos de manifestantes que llenaron la Gran Vía de Madrid, Edurne protestaba por la discriminación y la violencia que a día de hoy vulneran los derechos del colectivo. Todavía se oía un poco afónica de aquel día; se había dejado la voz al grito de “Bianca, hermana, aquí está tu manada”.
En esta entrevista, con motivo del Día Internacional de la Visibilidad Trans, Edurne reflexiona sobre los avances que hubo en materia de derechos y los que aún quedan por conseguir; sobre la violencia fomentada por la extrema derecha en redes sociales, que acaba manifestándose hasta dejar secuelas físicas, tal como se vio con la reciente agresión a Bianca Lizbeth en León; y sobre la falta de representación del colectivo en la política.
La Ley Trans entró en vigor en 2023. ¿Perciben cambios significativos desde entonces?
Hay cambios, pero luego hay muchos casos en los que no se están aplicando las leyes. O hay comunidades también donde está habiendo más problemas, por ejemplo, en temas médicos, en el tema del registro también. Y luego las personas trans migrantes. Se supone que tenían que haber hecho un protocolo para que puedan ir a coger su documentación. Llevamos tres años y no lo han hecho. Sí es verdad que a mucha gente le ha permitido acelerar el proceso de cambio de género, pero luego hay comunidades y sitios concretos donde el registro está saturado.
¿Y esto en qué se traduce, en la práctica?
Para las personas trans migrantes, imagínate lo que es tener una apariencia femenina y tener un DNI que pone "Ramón". Vete tú a pedir un trabajo, vete tú a pedir una vivienda. Es complicado. Y, de entrada, salimos con una ley recortada. El borrador de ley que presentamos nosotras, era una ley integral trans. Creo que tenía treinta y tantas páginas. Todo el borrador de la ley luego la fusionaron con la ley LGTBI, y el tema trans se ve en ocho páginas. Todo lo que hemos perdido por el camino. Las personas no binarias, las infancias.
Por un lado está la parte institucional, pero también hay violencia que se manifiesta en agresiones físicas.
Las terf (feminista radical transexcluyente) y la ultraderecha, sobre todo a través de las redes sociales, han conseguido llevar sus discursos de odio que se traducen en eso, lo que le pasó el otro día a Bianca. Cada año se dobla el número de agresiones por LGTBIfobia y eso que el 80% no se denuncia..
¿Por qué no se denuncia?
En gran medida porque no confiamos en la Policía. La misma Policía que muchas veces se encarga de reprimirnos por nuestra identidad. Muchas veces hay gente que va a denunciar y se ríen de ellos. Y luego tampoco confiamos en los juzgados. De no sé cuántas mil denuncias por LGTBIfobia en los últimos años, solamente hubo 28 condenas. Y luego todo lo que conlleva a nivel personal. Cada caso es un mundo, pero sobre todo es la falta de confianza en las instituciones.
Parecía que la sociedad ya había avanzado, ¿de dónde nace toda esta violencia?
De la ultraderecha. Esto es una estrategia global. Lo mismo que está pasando aquí, está pasando en otros lados. Como en Argentina, por ejemplo, que es donde nació la ley pionera que reconocía la autodeterminación de género. Mira lo que está pasando en Estados Unidos, en Reino Unido, en Portugal, Rusia, Hungría, Polonia. Se están implementando un montón de leyes anti-trans, prohibiendo directamente hacer la transición en muchos sitios. Barbaridades que directamente buscan atacar y señalizarnos, ponernos la diana encima. Y es porque las personas trans muchas veces desafiamos el modelo de familia impuesto por el capitalismo, que tiene que ser hombre y mujer, con hijos, con una casa grande y un coche maravilloso. Y muchas veces nuestros modelos de familia son otros.
¿Falta representación trans en las instituciones?
Sí, falta representación trans. Son muy pocas en las instituciones. Muchas veces hay políticas que son para nosotras, pero no se nos tiene en cuenta. A la Federación Plataforma Trans nos han excluido recientemente del protocolo que han implementado en empresas para cuando hay transiciones de género. Muy bien el protocolo, pero no nos tenéis en cuenta.
¿Cómo no se las tiene en cuenta? ¿Qué hubiesen esperado?
Pues que se nos hubiera invitado a una reunión. No se nos ha invitado, se ha hecho a espaldas nuestras. Entonces es todo para las personas trans, pero sin las personas trans.
Entonces, ¿quién las ampara?
Hace ya 11 años tenemos a la Federación Plataforma Trans, que ha roto con la dinámica que había también dentro del colectivo LGTBI, donde muchas veces la T ha estado muy invisibilizada. Nos han tenido incluso tuteladas, se ha hablado muchas veces en nuestro nombre. Ahora, con la Federación, tenemos la unidad de distintas asociaciones de todo el Estado. Tenemos una voz propia. Y es por eso que conseguimos la Ley Trans, aún con todos los recortes que nos metieron.
¿Cómo atraviesa la lucha trans a la sociedad en su conjunto?
Una sociedad sana es la que respeta a la gente por ser. Yo no elijo ser trans, lo único que pude elegir es si decírselo al mundo o vivir una mentira tantos años. La sexualidad tampoco se elige. Y porque defender los derechos trans es defender los derechos humanos en su globalidad. Nos golpean muchas opresiones a la vez. A mí me golpea la opresión de ser mujer, de ser trans y de ser obrera, pero a otra le golpea también por ser migrante, por ser una persona racializada, por ser discapacitada. Entonces, también vemos esa manera de luchar globalmente contra todas las opresiones.
Aunque queda camino por andar todavía, ¿qué festejan hoy en día?
Festejamos que hace 30 años, si decías que eras trans, tus padres te echaban de casa y hoy, por ejemplo, hay asociaciones de padres que acompañan a sus hijes trans. Hace 30 años te morías de hambre, no te daban trabajo ni para limpiar váteres y, aunque todavía hay bastante exclusión laboral, hemos abierto grietas importantes. Queda mucho por cambiar, muchas mentes por cambiar. Pero, como suele decir Mar Cambrollé, hemos conseguido cambiar una sociedad que no consiguió cambiarnos a nosotras.
¿Qué rol cumplen las asociaciones y el apoyo mutuo?
En la Federación somos once asociaciones específicamente trans. Mi asociación, el Despertrans de Navarra, cumplió ahora cinco años y yo salí del armario en mayo de 2020. Y ha sido un apoyo, una familia. Y si yo no llegaba a tener la Federación, no me habría sido tan fácil todo. Cuando tú tienes un problema, ya alguien dentro de la Federación se ha tenido que enfrentar a él, y siempre te guían. Aparte, el apoyo moral. Es toda una familia. Familia de esa que se elige. No de la que viene impuesta por la sangre, sino de la que se elige.

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