Cómo alimenta el sexismo la industria del juguete y qué se está haciendo para cambiarlo
Son vísperas navideñas y época de comprar regalos, sobre todo a los más pequeños. Y conviene tener presente que jugando también aprendemos "quiénes somos, cómo es nuestro cuerpo, cómo nos relacionamos", tal y como explica la experta Marian Moreno Llaneza.

Madrid--Actualizado a
Basta con dar unos pasos en una juguetería cualquiera para entender que las infancias siguen divididas en dos mundos. En estos días de festivos navideños, especialmente. A un lado, se encuentra frecuentemente un pasillo rosa o de tonos pastel, con muñecas, cocinas, maquillajes, bebés que hay que cuidar. Al otro, el azul y los tonos vivos y saturados: coches, construcciones, armas, superhéroes, y en definitiva mucha acción. No tiene por qué haber carteles que lo indiquen, el mensaje es más evidente. Alguien podría decir que es una cuestión de gustos, pero también se sabe que el gusto no emana de la nada. Los niños y niñas no nacen con gustos. Aprenden, a través de diferentes escenarios y contextos -como el juego-, quiénes deben ser, qué se espera de ellos y hasta dónde pueden llegar. Antes de saber leer o escribir, los juegos ya les están ofreciendo mucha información a partir de la cual desarrollan sus propios imaginarios y deseos.
"Ningún juguete en sí mismo es sexista", advierte en conversación con Público Marian Moreno Llaneza, experta en coeducación y asesora del Instituto Asturiano de la Mujer: "Lo que es sexista es el uso que hacemos de ellos". Es decir, no se trata de prohibir muñecas o coches, sino de cuestionar por qué unos se regalan casi siempre a las niñas y otros casi siempre a los niños. "Aprendemos todo jugando: quiénes somos, cómo es nuestro cuerpo, cómo nos relacionamos", añade Moreno Llaneza. Y ese aprendizaje, cuando está atravesado por estereotipos de género, deja muchas huellas.
Durante décadas, la publicidad de juguetes ha sido uno de los grandes amplificadores de esas diferencias. Ha asociado lo femenino con el cuidado, la pasividad y la belleza; lo masculino, con la técnica, el liderazgo y, en muchos casos, la violencia. Y ha tenido como consecuencia un reparto desigual de las expectativas que se gestan en las infancias. Expectativas que, si bien no son irreversibles, sí que definen al menos en parte la forma de ser de cada quien.
Las guías Juegos y juguetes para la Igualdad -impulsada por la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (2022)- y Libertad para jugar -impulsada por el Ministerio de Consumo de Alberto Garzón- insistían justo en esto. Ningún juego no es inocente. Desde los primeros años de vida, niñas y niños reciben estímulos diferenciados que les condicionan. Los colores, la decoración, los cuentos, los juguetes y los comentarios familiares configuran un universo simbólico que les transmite qué comportamientos son deseables y cuáles no. La primera de las guías, dirigida a madres y padres, lo explica con claridad: los juegos y juguetes "socializan, inculcan ideas, creencias y valores sociales, ofrecen modelos de actuación y enseñan a solucionar conflictos". Una modelación que, como se ha mencionado antes, no se produce en igualdad de condiciones.

El mercado juguetero ha reproducido históricamente esta división, que no solo moldea habilidades distintas -psicomotricidad fina frente a psicomotricidad gruesa, por ejemplo-, sino que también va construyendo la autoestima de manera desigual. Conviene tener presente que, tal y como argumenta Moreno Llaneza, el sexismo "es sobre todo discriminación".
Y, si el juguete es el objeto, la publicidad es su altavoz. Algo que se ha tomado muy en serio en el Gobierno de coalición, que tras mucho esfuerzo ha logrado toma cartas en el asunto. El año pasado, de hecho, fue "la primera Navidad con el nuevo código de publicidad de juguetes totalmente en vigor". "La colaboración de la industria juguetera está siendo clave para acabar con los estereotipos sexistas en la publicidad. Para que niños y niñas puedan jugar en libertad plena. Avanzamos", recordaba en X (antes Twitter) Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030.
El código establece normas estrictas sobre cómo se presentan los juguetes, qué valores se asocian a su uso y qué imágenes se proyectan de niñas y niños. El texto prohíbe expresamente la utilización de la imagen de las niñas de forma discriminatoria o vejatoria, la asociación de juguetes con prestigio social o superioridad, y cualquier mensaje que refuerce la idea de que un producto es para uno y no para otras, en función de estereotipos de género. También llama a evitar la violencia, la agresividad y la presión al consumo. Al fin y al cabo, como afirma Moreno Llaneza, las empresas jugueteras "son las que marcan la agenda de a qué se juega cada año" y, como señala en Libertad para jugar, "una infancia que juega y aprende en igualdad será una población adulta más democrática, más pacífica y más feliz".
Pero las políticas públicas y la autorregulación no pueden actuar solas. Las guías coinciden en señalar a las familias y a las escuelas como pilares insustituibles de la socialización. ¿Qué juguetes regalamos?, ¿qué programas ven?, ¿qué modelos ofrecemos?, ¿nos incomoda que jueguen "a lo que no toca"? Moreno Llaneza lo cuenta con mucha claridad: "Si las familias no coartan la libertad de niños y niñas a la hora de jugar, y si en la escuela se coeduca, lo que tendremos será una población muchísimo más igualitaria". Siempre considerando que educar en igualdad no significa imponer gustos, sino ensanchar el abanico de posibilidades.
El hecho mismo de que estén teniendo lugar debates como este habla de cómo una sociedad se piensa a sí misma y de qué futuro está construyendo. Que es consciente de que los estereotipos de género no solo limitan a las niñas; también empobrecen a los niños, les niegan el cuidado, la ternura y la expresión emocional. Y, sobre todo, de que esta situación puede cambiar. Como recuerda Moreno Llaneza, el juguete puede ser una herramienta de discriminación o de emancipación. Todo depende de cómo lo miremos, cómo lo usemos y qué mundo queramos que niñas y niños empiecen a ensayar cuando jueguen después de la llegada de los Reyes de Oriente y Papá Noel.


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