¿Por qué los discursos antifeministas ganan terreno entre los más jóvenes?
Un estudio de la Fundació Irla pone el foco en la responsabilidad de los adultos en la producción y difusión de estos discursos, a menudo amplificados por actores políticos y mediáticos vinculados a la extrema derecha.
El informe apunta que el antifeminismo surge como un contramovimiento que responde a los avances del feminismo en las últimas décadas.

Barcelona-
¿Por qué los discursos antifeministas ganan terreno entre los más jóvenes y cómo se manifiestan? Es la pregunta que intenta responder el estudio Rebel·lies que no transformen. L’antifeminisme entre la població jove i adolescent cis-masculina a Catalunya (Rebeldías que no transforman. El antifeminismo entre la población joven y adolescente cis-masculina en Catalunya, en castellano), elaborado por Jordi Bonet Barbara Biglia y Leon Freude, y galardonado con la Beca de Estudios Feministas Natividad Yarza de la Fundació Irla.
La investigación alerta de un aumento de los discursos que rechazan el feminismo entre la población juvenil masculina, especialmente en un contexto de polarización política, expansión de discursos de odio y creciente influencia del ecosistema digital. Lejos de señalar a la juventud como culpable, el estudio pone el foco en la responsabilidad de los adultos en la producción y difusión de estos discursos, a menudo amplificados por actores políticos y mediáticos vinculados a la extrema derecha.
Los datos muestran una brecha de género cada vez más pronunciada. Según el Centre de Estudios de Opinión (CEO), solo el 29% de los chicos de entre 16 y 26 años mostraban interés por las movilizaciones feministas en 2023, frente al 65% de las chicas de la misma franja de edad. Un año después, el CEO revelaba que el 54% de los chicos de 16 a 24 años consideraban que “el movimiento feminista ha ido demasiado lejos”, un porcentaje que entre las chicas se reducía al 28%. Aún más preocupante es la negación de la violencia machista: un 20% de los chicos jóvenes afirman que es un invento del feminismo, el doble que las chicas.
Para entender este fenómeno, el estudio analiza los procesos de construcción de la masculinidad entre los adolescentes. Los autores explican que el modelo tradicional de masculinidad está en crisis, pero esta crisis no conduce necesariamente a formas más igualitarias. En muchos casos, emergen lo que llaman “masculinidades híbridas”, es decir, identidades que incorporan un lenguaje aparentemente moderno o igualitario, pero que no cuestionan los privilegios masculinos ni las estructuras de poder.
Según el estudio, estos chicos crecen en una tensión constante entre los mensajes institucionales que promueven la igualdad y los discursos que los presentan como víctimas de un supuesto exceso de feminismo. Esta sensación de agravio, más emocional que material, se convierte en un terreno ideal para el antifeminismo.
El papel del entorno digital y las redes sociales
Uno de los factores clave que aceleran este proceso es el entorno digital y las redes sociales. El estudio hace referencia a la llamada androsfera, un conjunto de espacios en línea —foros, redes sociales, creadores de contenido— donde proliferan discursos antifeministas, misóginos y victimistas. Plataformas como YouTube, TikTok o Discord funcionan como espacios de socialización ideológica para muchos adolescentes, especialmente chicos que buscan referentes identitarios en forma de influencers misóginos que reponen a intereses económicos.
Hay que tener en cuenta que los algoritmos tienden a reforzar contenidos cada vez más polarizados, impulsando mensajes que legitiman el rechazo al feminismo, que al mismo tiempo facilitan la radicalización de los consumidores de estos contenidos.
El antifeminismo actual, señala el estudio, no se expresa solo como un machismo clásico, sino como un contramovimiento organizado que responde a los avances del feminismo. Este contramovimiento se expresa a menudo con el rechazo a la "ideología de género" o el antiwokismo, conceptos que funcionan como paraguas para desacreditar las políticas de igualdad, la educación sexoafectiva o los derechos del colectivo LGBTIQ+.
Estos discursos son los que conectan fácilmente con otras narrativas reaccionarias —nacionalistas, racistas o autoritarias— y han sido asumidos y amplificados por partidos de extrema derecha y derecha, que encuentran en los chicos jóvenes un potencial votante y un altavoz para difundir sus mensajes.
A pesar del amplio despliegue de programas educativos en materia de igualdad, la investigación detecta limitaciones importantes en las intervenciones actuales. Muchas son puntuales, poco sostenidas en el tiempo y no abordan de manera directa la construcción de la masculinidad ni los privilegios asociados.
Por ello, los autores reclaman políticas públicas más estructurales, una educación sexoafectiva continuada y obligatoria, y espacios de trabajo específicos con chicos que permitan abordar emociones, frustraciones y responsabilidades sin caer en discursos moralizadores o culpabilizadores.
Por todo ello, el estudio advierte que el futuro de la igualdad de género se juega en las aulas, en las redes y en la capacidad colectiva de disputar el relato antes de que el antifeminismo se consolide como una identidad política entre los chicos jóvenes.


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