No solo la nómina explica la brecha salarial: el mercado laboral es el espejo del machismo en casa
El último estudio elaborado por Fundación Mujeres y presentado por el Instituto de las Mujeres confirma que las mujeres cobran de media un 15,74% menos que los hombres: 4.781,18 euros menos al año.

Madrid--Actualizado a
Hay formas muy evidentes de desigualdad y otras que se camuflan o, más bien, se normalizan con relativa facilidad. La brecha salarial pertenece a este segundo grupo. Se trata de una diferencia entre el dinero que reciben hombres y mujeres por su trabajo que no siempre se ve en la nómina de un mes concreto, pero que asoma cuando se mira el año completo trabajado, la carrera profesional entera, la pensión cuando toca.
El informe La brecha retributiva entre mujeres y hombres, elaborado por la Fundación Mujeres y presentado este jueves por el Instituto de las Mujeres, parte justamente de la idea de que la brecha no es ni mucho menos un accidente. Se observa, de hecho, a todos los niveles sociales, en todos los territorios y en todas las franjas de edades. Los últimos datos la sitúan en un 15,74% de media, la cifra más baja desde 2008. Y aún así hablamos de 4.781,18 euros menos al año. La pregunta que surge, una vez se es consciente de esto, es qué y cómo se sostiene.
La división sexual del trabajo
Si hubiera que escoger un hilo conductor para explicarlo, sería la división de roles sexuales o roles de género. El informe insiste en que las diferencias salariales están "imbricadas en múltiples causas" que hunden sus raíces en nuestro sistema de reparto de papeles entre mujeres y hombres, sobre todo en los hogares. Por eso resulta tan difícil acabar con ella, porque está incrustada en la organización cotidiana de la vida. No basta con retocar una norma o lanzar una campaña para que nada de ello cambie. Ese reparto desigual opera, sobre todo, en dos direcciones: quién hace (y quién deja de hacer) los cuidados. Y qué trabajos terminan haciendo unas y otros, y con qué reconocimiento económico. A partir de ahí se despliegan casi todas las demás explicaciones.
Ellas asumen el trabajo reproductivo
La jornada parcial es una de las piezas clave. Las mujeres recurren más al tiempo parcial para atender cuidados, mientras que los hombres lo hacen más para continuar su formación. Además, las excedencias siguen siendo mayoritariamente femeninas: en 2013, el 92,72% de las excedencias para cuidado de familiares, hijas e hijos fueron asumidas por mujeres, y aunque el porcentaje baja con los años, continúa predominando. Algo que también ofrece una elocuente fotografía del reparto real de responsabilidades.
La antigüedad aparece también referida en el estudio como otra de las posibles fuentes de discriminación indirecta, porque las mujeres suelen acumular más interrupciones laborales asociadas a cuidados. Lo que las deja con menor continuidad y, por tanto, con menos acceso a ciertos tramos o ventajas vinculadas al tiempo en la empresa.
Lo femenino se paga peor
Otra parte de la brecha se explica, sencillamente, porque mujeres y hombres no se reparten los empleos al azar. El informe subraya que las desigualdades se reflejan especialmente en las ocupaciones peor pagadas, donde la presencia femenina es mayor. Algunos ejemplos del propio análisis son estos: la ocupación peor remunerada ("personas trabajadoras no cualificadas en servicios, excepto transportes") es la de mayor feminización. Otra de las ocupaciones con alta presencia femenina ("servicios de salud y cuidado de personas") también aparece entre las peor valoradas económicamente. El mercado paga menos lo que se asocia a lo femenino.
Lo difícil es acceder a altos cargos
La segregación también continúa muy presente en la jerarquía. El informe señala que, aunque la ocupación de dirección y gerencia es la mejor remunerada, es también una de las pocas donde la brecha no ha mostrado signos de reducción en la última década. Un estancamiento que contrasta con otras funciones de supervisión, donde sí se observa disminución de la desigualdad. En otras palabras, puede mejorar el acceso a mandos intermedios, pero el tramo superior, donde se concentran salario, bonus, poder de decisión y redes, sigue siendo un terreno donde la desigualdad es bastante impenetrable.
Más allá del salario base
De las aportaciones más claras del informe, está el mostrar que la brecha no se explica únicamente por el salario base. De hecho, el mayor desequilibrio se explica con los complementos salariales. En 2022, el salario base mensual de las mujeres era 1.298,37 euros y el de los hombres de 1.498,99 euros de media. En cuanto a los complementos salariales, las mujeres percibían 512,43 euros, mientras que los hombres cobraban 657,79. Lo mismo con las horas extra: en el caso de las mujeres, la cuantía era tres veces menor.
Conviene tener en cuenta que muchos de esos complementos están diseñados para premiar la ininterrupción de la carrera, la disponibilidad o incluso la fuerza bruta, y que además suelen permitir mayor discrecionalidad o menor transparencia en su asignación. De ahí que medidas como el incremento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) tengan efectos muy positivos sobre este problema. La brecha, a su vez, es mucho mayor en el sector privado que en el público. Y todavía más en empresas de menor tamaño. Todo esto, que comienza desde que las y los jóvenes están estudiando, se deposita cual sedimento en las cotizaciones y, como consecuencia, vuelve a aparecer en la jubilación cuando ya es demasiado tarde como para enmendar nada.
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