Las mujeres del mundo rural catalán crean comunidad para defender sus derechos: "Siempre hemos estado invisibilizadas"
Solo dos de cada diez propietarios de explotaciones del sector primario en Catalunya son mujeres. En los últimos años ha crecido el asociacionismo del colectivo, con la voluntad de crear comunidad.

Barcelona--Actualizado a
Desde el año 1997, cada 15 de octubre se celebra el Día Internacional de la Mujer Rural, un término que describe a las mujeres que viven y trabajan en espacios rurales, definidos generalmente como áreas con menos de 30.000 habitantes y una densidad poblacional inferior a 100 habitantes por kilómetro cuadrado. Asimismo, sus actividades económicas incluyen principalmente la agricultura, la ganadería, la artesanía y otras ocupaciones esenciales para el desarrollo de su comunidad.
"Siempre hemos sido esas grandes invisibilizadas", explica emocionada Carme Plana, ganadera de la comarca del Vallès Oriental, en Barcelona. Durante generaciones han sido la columna que ha sostenido las explotaciones familiares de Catalunya, pero siempre desde la discreción. Arraigadas a la tierra, pero invisibles a los ojos del relato histórico. Coincidiendo con el Día Internacional, Lleida acoge este miércoles la segunda edición del Congrés de les Dones del Món Rural, un certamen bienal que se ha convertido en un punto de encuentro, reflexión y proyección del colectivo.
El sector primario ha estado relacionado históricamente con figuras masculinas. El temporero que recoge la fruta o el pastor que cuida las ovejas forman parte de nuestro imaginario colectivo, dejando de lado los roles que muchas mujeres han tenido y tienen en el mundo rural. No es extraño que esto ocurra, ya que forma parte de la invisibilización estructural que padecen. Pero en el caso de las mujeres rurales, se suman todavía más discriminaciones. No solo son mujeres, sino que viven alejadas de la ciudad y trabajan en la agricultura y la ganadería, tareas históricamente asociadas a la figura del hombre campesino.
Según los datos sobre la distribución del suelo en Catalunya en 2023, el 89,2% del territorio catalán está ocupado por espacios con cubierta vegetal, entre bosque, matorrales, prados y pastos, y cultivos. Por tanto, la parte urbana ocupa poco más de un 10% del país. Estas cifras ponen de manifiesto el peso fundamental que tienen el sector primario y los espacios naturales en el territorio catalán, y contextualizan la importancia social, económica y ambiental de este entorno.
Además, si hablamos de las mujeres que se dedican a este sector, según datos de 2022 del Departament d'Acció Climàtica, Alimentació i Agenda Rural de la Generalitat de Catalunya, solo dos de cada diez propietarios de explotaciones son mujeres, y únicamente el 3% de las mujeres asociadas han ejercido cargos de liderazgo. Aun así, el porcentaje de inscritas en la Seguridad Social que se dedican a la agricultura por cuenta propia es del 24%.
Boom de entidades que crean comunidad
Aunque no todas las mujeres rurales han tenido una vinculación directa con discursos feministas, sus trayectorias vitales ejemplifican muchas de las dinámicas de invisibilización estructural que han afectado a las mujeres rurales. En un sector, como el primario, aún muy masculinizado, podemos ver la afectación patriarcal que sufren las mujeres. Pero, como asegura la campesina Júlia Viejobueno —de la Figuera, en el Priorat, Tarragona—, autora del libro Quedar-se al tros (Vibop Edicions): "Nos toca romper con los tópicos y visibilizarnos". Las mujeres empiezan a ganar terreno en las comunidades agrícolas y ganaderas, pero, recalca Viejobueno, "debemos romper con esa dicotomía: las mujeres siempre hemos estado en el campo y ahora tenemos que seguir compartiendo esas tareas".
En Catalunya, en los últimos años, han surgido diversas entidades formadas por mujeres, con el objetivo de compartir sus inquietudes, visibilizar su labor, crear comunidad y defender sus derechos. También reclaman una mejor cobertura mediática y erradicar la idealización y folklorización de las mujeres rurales. Estas asociaciones son un claro ejemplo de que dentro del mundo rural existen prácticas y valores feministas.
"A veces ni se dan cuenta de que realmente crear comunidad y organizarse forma parte de la lucha feminista", explica la geógrafa Mireia Baylina. Según ella, muchas de estas prácticas tienen un fuerte contenido político, aunque ellas mismas no las etiqueten así. Entre las entidades que las agrupan destacan la Associació de Dones del Món Rural, Ramaderes.cat, Dones de Bosc y la Associació pel Desenvolupament Rural amb Mirada de Dona.
"La mujer siempre había sido clave"
Carme Plana forma parte de Ramaderes de Catalunya, Dones del Món Rural y Dones de Bosc, donde comparte sus inquietudes y problemas con otras mujeres. "En un sector tan masculinizado, la verdad es que te sientes muy acompañada por personas que te entienden", comenta. Para ella, asociarse es una forma de reivindicarse, implicándose en las asociaciones y dando voz a las mujeres. "¿Y si yo puedo ser la voz de otras mujeres como mis abuelas, bisabuelas o familiares que no pudieron hablar? Y también de las mujeres de hoy en día que se sienten menospreciadas. Haciéndolo me siento como el pincel que puede dar eco a este feminismo que está en auge", dice Plana.
Esa visión también la comparte Maria Costa, propietaria de l’Escairador, un proyecto de la comarca del Berguedà de producción de cereales y de pasta artesana. Desde el inicio de su proyecto, se involucró en el tejido asociativo del sector y actualmente es la Coordinadora de actividades de Dones del Món Rural. Relata que "la mujer siempre había estado en segundo plano cuando realmente siempre había sido clave". Además, añade que con el paso del tiempo eso se ha ido revirtiendo un poco: "La mujer ya no es una acompañante ni está a la sombra: las mujeres se han formado, se han empoderado, y cada vez más encontramos proyectos liderados por mujeres".
Por todo ello, la periodista rural Anna Zaera destaca la necesidad de hablar de feminismo interseccional, es decir, de la conexión entre todas las discriminaciones. Concretamente en el mundo rural "se conecta la discriminación hacia la mujer, hacia el mundo rural, el centralismo y la periferia; muchas discriminaciones entran en contacto". Las mujeres que viven en pueblos pequeños habitan una realidad distinta a la del mundo urbano, ya que sufren un déficit de servicios y comunicaciones. Además, el acceso a ayudas y espacios, tanto físicos como psicológicos, se ve dificultado por el contexto en el que viven. Una realidad todavía muy presente hoy en día.

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