Transformistas: los precursores del drag que tomaron los escenarios antes de la Guerra Civil
El transformismo fue un espectáculo de variedades que llegó a España a finales del siglo XIX y en el que los artistas experimentaban con los roles de género impuestos por la sociedad de la época.

Madrid-
"El telón se cierra y la orquesta comienza a tocar las notas de una canción por todos conocida. La cortina se abre y, con las primeras palabras de El relicario, irrumpe en escena Edmond de Bries emulando a la gran Raquel Meller". Así reconstruye Anto Rodríguez en ¡Eres tan travesti! el inicio de un espectáculo de Edmond de Bries, un artista dedicado al transformismo a inicios del siglo XX en España. El transformismo fue un espectáculo de variedades donde el o la artista encarnaba con su voz y su vestuario a una persona del género opuesto. Una forma de arte performativo que permitía jugar con los roles impuestos por la sociedad de la época y que llegó a España a finales del siglo XIX. Un estilo artístico que ha sido borrado por una historia cargada de homofobia, transfobia y misoginia. Aunque aún se conservan entrevistas, críticas y fotografías que dejan un rastro de su existencia.
"El transformismo estuvo relacionado con la disidencia de género porque permitía que un cuerpo adoptara públicamente códigos femeninos", cuenta Irene Mendoza, investigadora del CSIC especializada en estudios de género. Algo que, según Mendoza, "demostraba que la feminidad podía aprenderse, reproducirse y representarse". Sin embargo, "no podemos atribuirles a estas figuras identidades trans" por la falta de fuentes documentales sobre esta cuestión, pero "el transformismo sí puede considerarse un antecedente del drag", declara la investigadora. Lo que genera una amplia aproximación entre el transformismo y lo queer.
Anto Rodríguez: “Con la que se nos viene encima, creo que es urgente reivindicar que las travestis, a pesar de toda la fuerza opresora del franquismo, siguieron actuando”
El transformismo mantenía una estrecha relación con el ilusionismo, puesto que "ambos eran fantasías donde se veían cosas espectaculares" y una de esas cosas "era que un hombre se vistiera con la ropa que solo podían llevar las mujeres o al revés", declara Anto Rodríguez, autor de ¡Eres tan travesti! y doctor en investigación por la Universidad Complutense de Madrid. Además, se trataba un estilo hermanado con el cuplé, un tipo de espectáculo musical protagonizado por mujeres y envuelto en controversias por su carácter sugerente. De hecho, muchos transformistas fueron imitadores de cupletistas.
Historia del transformismo
El transformismo encuentra sus orígenes en el music hall y el cabaret y aterrizó en España a través del artista italiano Leopoldo Fregoli a finales del siglo XIX. Los números de Fregoli "se basaban en la velocidad de las transformaciones en el escenario y en la parodia", cuenta Irene Mendoza. El artista era capaz de interpretar a decenas de personajes en un solo show. Su velocidad, sus cambios de vestuario y su capacidad de mimetizarse con las personas a las que interpretaba generaron una enorme conmoción en el mundo del espectáculo español, donde pronto empezaron a surgir imitadores. Además, las obras de Fregoli supusieron un escándalo por la capacidad del artista para mimetizar a personajes femeninos, llegando a crear por completo la ilusión de que era una mujer.
Poco después apareció en España la imitación de estrellas, el estilo más popular dentro del transformismo. Estos artistas tomaron el ejemplo del francés Robert Bertín, cuyos espectáculos se centraban en copiar la puesta en escena de mujeres provenientes del mundo de la música. Los transformistas tomaban de estas figuras "su vestuario, maquillaje, voz y gestualidad, convirtiendo la feminidad en una construcción escénica elaborada", afirma Irene Mendoza.
"Los transformistas gozaron de reconocimiento como artistas. No obstante, esta aceptación era ambivalente, ya que algunos fueron denunciados por escándalo público", recuerda la investigadora. Los roles de género en la época en la que se desarrolló el transformismo se entendían desde el determinismo biológico y la diversidad sexual y el travestismo recibían un fuerte rechazo social en España. Sin embargo, no existían leyes específicas que los persiguieran a finales del siglo XIX e inicios del XX. Será la dictadura de Miguel Primo de Rivera la que, tras casi un siglo de despenalización, introducirá los actos homosexuales como delito en el país; no obstante, con la llegada de la II República se eliminó toda mención a la disidencia sexual del código penal.
"La Guerra Civil y el franquismo interrumpieron este desarrollo" y "los transformistas desaparecieron de los escenarios habituales, adaptaron sus actuaciones o pasaron a la clandestinidad", lamenta Irene Mendoza. El travestismo se entendió por parte del régimen como una amenaza a la Iglesia católica, por lo que trataría de eliminarlo. Esto arrastró a los artistas a tomar medidas de distracción, entre ellas, el abandono del término "transformismo" por el de "imitación de estrellas". También hubo casos de transformistas que, como Mirko, centraron sus espectáculos en la emulación de artistas masculinos, como Miguel de Molina. Sin embargo, aunque "intentaron por todos los medios hacerlos desaparecer, no lo consiguieron", asegura Anto Rodríguez. "Con la que se nos viene encima, creo que es urgente reivindicar que las travestis, a pesar de toda esa fuerza opresora, terrorífica y espantosa que pretendió borrarlas, siguieron actuando y construyendo comunidades durante el franquismo", sostiene Rodríguez.
Anto Rodríguez: "Edmond de Bries dijo en una entrevista que el arte no tiene sexo"
Edmond de Bries: "El arte no tiene sexo"
Arsensio Marsal, conocido en el mundo del espectáculo como Edmond de Bries, fue un transformista de gran reconocimiento en la España de inicios del siglo XX. "Desarrolló una carrera que se basaba en imitar a las principales cupletistas", asegura Irene Mendoza. Su éxito fue tan flagrante que llegó a realizar giras por América. Esto le llevó a un nivel de profesionalización que, según la investigadora, le permitió "dejar de ser únicamente una copia de otras artistas y convertirse en una estrella reconocida por su nombre". Sin embargo, su éxito se mezcló con la presencia de abucheos homófobos en sus espectáculos, "a los que respondía con humor desde el escenario", asegura Mendoza.
La puesta en escena de Edmond de Bries era "muy cuidada y con un rigor estético increíble", cuenta Anto Rodríguez. Antes de su carrera como transformista se dedicó a la costura, lo que le permitió desarrollar al máximo el vestuario en sus espectáculos, siendo el propio artista quien lo diseñaba y cosía. "Hacía unas cosas increíbles en escena, como coser en directo y sortear uno de sus vestidos entre las espectadoras", remarca Rodríguez. Un talento que le llevó, incluso, a marcar la moda madrileña de la época.
El autor cuenta que a los espectáculos de Edmond de Bries llegaban "sobre todo mujeres y mariquitas, pero también iban hombres heterosexuales y niñes". Esta presencia de mariquitas y personas consideradas "no deseadas" llevaron a que en el año 1921 se prohibieran sus espectáculos de los teatros de Madrid.
"Edmond de Bries dijo en una entrevista que el arte no tiene sexo", recuerda el autor. Y es que el transformista buscaba que el espectador perdiese las nociones que albergara de él como intérprete masculino y se encontrara con la encarnación de una artista. Algo que se mezcló con el secreto a voces de su homosexualidad. Aunque, según Anto Rodríguez, "las etiquetas que ponemos hoy en día no se corresponden con las que se utilizaban entonces” y el término "homosexual" no se comprendiera como identidad, sino como "criterio médico", sí que se llegó a publicar el nombre de su compañero sentimental, Rafael Real.
Anto Rodríguez: "En aquel entorno las pioneras del 'striptease', el transformismo y la música frívola y sicalíptica actuaban en los tablaos del barrio chino de Barcelona"
Transformismo y disidencia en el barrio chino barcelonés
Barcelona albergó durante décadas locales que acogían las actuaciones de los transformistas. Estos se concentraban principalmente en el barrio del Raval, concretamente en el Distrito Quinto, bautizado por el periodista Francisco Madrid como el barrio chino y considerado como parte de los bajos fondos de Barcelona. En este espacio, según Anto Rodríguez, "se creaban comunidades que se sostenían a muchos niveles". Entre esas comunidades se encontraban "personas de lo que hoy llamaríamos el colectivo queer, pero también prostitutas, mujeres solteras y otros grupos discriminados", cuenta el autor.
"En aquel entorno las pioneras del striptease, el transformismo y la música frívola y sicalíptica actuaban en sus tablaos para un público heterogéneo", según Rodríguez. Entre los locales más destacados del barrio chino estaba el bar La Criolla, que "fue simultáneamente refugio, escenario, espacio de supervivencia y lugar donde públicos acomodados acudían a contemplar la transgresión", relata Irene Mendoza. Entre las personas dedicadas al transformismo dentro de La Criolla encontramos a figuras como la de Antonio Alonso, cuyo travestismo no acababa en las tablas, sino que, en ocasiones, se paseaba por las Ramblas con ropa femenina y recibía obsequios de los transeúntes.
En esta fotografía de La Criolla encontramos a varias de las figuras más representativas del bar. A la izquierda aparecen La Trotsky junto a su mujer. A su derecha se sienta La Asturiana, transformista de gran reconocimiento en Barcelona. Tras ella se encuentran Sarah y Pepe Criolla, regentes del bar. Y, por último, a la derecha, aparece una figura a la que se conoce popularmente como Flor de Otoño, aunque no existen registros claros sobre su nombre o identidad. Según cuentan historias y leyendas, Flor de Otoño fue un transformista que, durante el día, era Lluís Serracant, abogado y militante anarquista, y, al caer la noche, actuaba como imitador de estrellas en La Criolla.
Este espacio de precariedad y alianza fue el campo de cultivo perfecto para el surgimiento de múltiples historias que oscilan entre la memoria y la leyenda. Entre ellas, se encuentra la Marcha de las Carolinas, que podría haber sido la primera manifestación disidente en España. Esta aparece en las memorias de Jean Genet Diario del Ladrón y cuenta cómo un grupo de personas identificadas como "mariconas" y dedicadas a la prostitución recorrieron travestidas las calles del Raval para protestar por el atentado que destruyó uno de sus lugares de encuentro, las vespasianas.







Comentarios de nuestros socias/os
Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.