La violencia en el trabajo doméstico que el caso de Julio Iglesias saca a relucir: "Es esclavitud moderna"
Organizaciones y agrupaciones del sector lamentan que la desprotección de las mujeres trabajadoras tiene lugar a nivel estructural y entienden el miedo que han relatado haber sufrido las denunciantes del cantante.

Madrid--Actualizado a
El trabajo doméstico y de cuidados, incluyendo el empleo interno, la ayuda a domicilio y otros servicios prestados en lugares como hoteles o apartamentos, constituye uno de los sectores más pobres del mercado laboral de nuestro país. Se trata de un ámbito profundamente feminizado y atravesado por una división sexual del trabajo que tiende a naturalizar estas tareas como prolongación "privada" de responsabilidades tradicionalmente asignadas a las mujeres. El caso de Julio Iglesias, considerado desde el punto de vista de mujeres que trabajan en este ámbito, abunda en dinámicas de sometimiento que a todas ellas les suena de cerca.
Los testimonios de dos mujeres extrabajadoras de las mansiones del cantante en República Dominicana y Bahamas han relatado haber sido agredidas sexualmente por el cantante, según una investigación publicada por eldiario.es y Univision Noticias. Las víctimas han narrado que trabajaron para el artista en 2021 en un ambiente de control, acoso y abuso de poder, en el que sufrieron agresiones sexuales y humillaciones continuadas. La Fiscalía de la Audiencia Nacional en España ya tiene en sus manos una denuncia contra Iglesias por delitos de agresión sexual y trata de seres humanos.
En la práctica, la inspección, la prevención de riesgos y la supervisión que existen o deberían existir en centros de trabajo ordinarios resultan mucho más difíciles de desplegar en hogares particulares, en hoteles o en apartamentos debido al espacio íntimo que representan. En el caso de Iglesias, hablamos de grandes complejos hipervigilados. Lo que lleva al límite la situación de control, tal y como han descrito ambas extrabajadoras. Cuando, además, la prestación se realiza por cuenta propia, la falta de testigos y de mediaciones institucionales hace que el riesgo a que delitos como una agresión sexual queden impunes sea mucho mayor.
Mujeres de cuatro entidades diferentes han tratado de esbozar a Público cómo es el día a día de las trabajadoras de este sector, así como la violencia a la que están expuestas, no solo por el hecho de serlo, sino por la impunidad y la falta de medidas que rodea un sector, en sus palabras, "despreciado".
"Todas deberíamos sentirnos protegidas"
El trabajo de las camareras de piso, por ejemplo, se desarrolla en un espacio que, aun formando parte de una infraestructura empresarial (como puede ser un hotel o un hostal), reproduce algunas de las condiciones que terminan contribuyendo a la desprotección de las mujeres que trabajan ahí: las habitaciones no dejan de ser un lugar cerrado, transitorio y ajeno, en el que la trabajadora permanece sola durante buena parte de su jornada. Pero a veces puede coincidir con los clientes.
Desde Kellys Unión Madrid, Mar Jiménez ha relatado a Público diferentes episodios de violencia sexual que se han hablado y abordado dentro de la organización a lo largo de los últimos años. "Claro que los hay. Muchos. Y sabemos solo los que nos cuentan quienes se atreven a compartirlo. Habrá quien no lo diga nunca", lamenta. La portavoz recuerda el caso de una trabajadora en Canarias: "Un cliente intentó violarla". Según explica, la mujer consiguió escapar: "Lo primero que hizo fue zafarse de él… le dio un buen rodillazo… y salió corriendo. Fue al comité de empresa y el comité le dijo: 'Bueno, no ha llegado a pasar nada'. Básicamente, la invitaron a seguir trabajando. También la propia empresa ", señala.
La propia Jiménez cuenta que sufrió una experiencia "muy desagradable", también por parte de un cliente habitual: "Cuando entré a la habitación, estaba en pelota picada… y me dijo que si me quedaba a pasar un rato con él iba a cobrar lo mismo que cobraba en un mes trabajando". A lo que ella respondió: "Haga usted el favor de taparse las decencias, señor, que soy una señora casada", tras lo cual abandonó la habitación "corriendo". En este caso, la reacción de la empresa fue distinta. Jiménez señala que informó de lo ocurrido y que la dirección actuó: "Ese cliente nunca más volvió al hotel. Para que veas la diferencia de un hotel de lujo a un hotel de tres, cuatro estrellas…". Una diferencia, sin embargo, que -recuerda- no debería existir: "Todas deberíamos sentirnos protegidas".
Jiménez menciona también otra agresión que tuvo lugar en Palma de Mallorca: "Tres tíos ingleses intentaron abusar de una compañera". En este caso, la trabajadora consiguió pedir ayuda: "Ella gritó tanto que la oyeron y pudieron ayudarla". Un desenlace que si bien no elimina la violencia sufrida, por lo pronto pone de manifiesto hasta qué punto la intervención de terceros -la posibilidad de ser escuchada- depende del azar y de circunstancias externas a la propia organización de este tipo trabajos. La idea de que "el cliente siempre tiene razón", todavía arraigada en determinados segmentos del sector turístico, tampoco ayuda a desarticular esta asimetría.
Desde Kellys Unión Madrid insisten, en todo caso, en que la violencia a la que hacen frente a diario no siempre adopta la forma de una agresión física o explícita. Existen conductas -como lo es el exhibicionismo, proposiciones sexuales, comentarios o la invasión del espacio corporal de las trabajadoras- que forman parte de un continuum y que, afirma Jiménez, "rara vez generan consecuencias" si no desembocan en un episodio extremo. La ausencia de protocolos claros o su aplicación desigual, denuncia la portavoz, refuerza la percepción de que estas situaciones forman parte del "riesgo asumido" de su jornada de trabajo.
Jiménez vincula el control y la cosificación de las trabajadoras directamente con el machismo y la desigualdad: "La violencia no ha cambiado desde antes de Franco a después... Maltratan y matan a las mujeres porque piensan que son suyas".
"Es la esclavitud moderna, literal"
Si bien el empleo doméstico interno probablemente concentra las condiciones de mayor vulnerabilidad dentro del conjunto del trabajo de cuidados. A diferencia de otros servicios prestados en domicilios particulares o en apartamentos, el régimen de interna implica que no existe apenas separación alguna entre el espacio de trabajo y la vida personal, lo que produce una relación de dependencia continua respecto de la persona empleadora. Esta dependencia incluye, aparte del salario, el alojamiento, la alimentación y, en muchos casos, la posibilidad misma de permanecer en el país de destino, pues la mayoría de estas mujeres son migrantes.
Desde Casa de Colombia en España (ACCOES), su presidenta, Delmi Galeano, recuerda en conversación con Público que "la migración tiene cara de mujer" y subraya que el sector del hogar y los cuidados "vuelve a las mujeres las víctimas perfectas para esta clase de delitos". Uno de los elementos centrales que señala Galeano es la situación de irregularidad en la que se encuentran muchas trabajadoras. Esta circunstancia introduce una capa adicional de vulnerabilidad que condiciona cualquier intento de denuncia. "Lo primero que temes que te digan es: '¿Tiene documentación?'", explica, y añade que, en ausencia de esta, la consecuencia puede ser: "Si no… te vas a casa. Expulsada".
"Tú prefieres callar", afirma Galeano, comprendiendo a las mujeres que han relatado haber sido agredidas por Iglesias. La experta en Derecho enumera algunos de los factores que pueden intervenir en esa decisión, tales como responsabilidades familiares, las deudas contraídas para migrar y la ausencia de redes de apoyo en el país al que se migra -recuerda- con la esperanza de tener "una vida mejor".
A esta situación se suma la forma en que se accede al empleo. Galeano describe anuncios de trabajo en los que se explicita una preferencia por mujeres migrantes: "Mujer de preferencia latinoamericana (...) Se espera poder pasar un ratito amable o afable con el dueño del hogar". La presidenta de ACCOES subraya que este tipo de anuncios no son marginales y lamenta que se deba "sobre todo" a que "son permitidos, a pesar de que lo puede leer y ver todo el mundo".
Galeano menciona situaciones en las que la violencia se produce incluso antes de la contratación formal (es decir, antes de otras violencias que tienen que ver con impedimentos para ir al médico, control de la comida o del descanso): "Ha habido casos de mujeres que han sido agredidas sexualmente durante una entrevista de trabajo" o en los que el empleador presenta el que se supone que va a ser el espacio de las compañeras destinado a dormir afirmando cosas como "aquí vamos a dormir, como si fueran a compartir cama". "Ser interno es la esclavitud moderna, literal", resume.
Desde Territorio Doméstico, Rafaela Pimentel achaca estas dinámicas al hecho de que "hay familias que piensan que compran la vida de esta persona". En este contexto, la reciente introducción de un protocolo específico frente al acoso y el abuso en el trabajo en el hogar representa, según Pimentel, un avance relevante pero insuficiente. "Por lo menos nos hace que podamos manejar un poquito mejor la situación", explica, y permite "lanzarnos a hacer… esta denuncia". Sin embargo, insiste en declaraciones a Público que "no nos garantiza todo", porque siguen existiendo "los miedos" asociados a la pérdida del empleo y a las consecuencias materiales de denunciar.
De las experiencias recogidas por Kellys, ACCOES y Territorio Doméstico solo se puede inferir que en este tipo de trabajos domésticos la violencia no puede analizarse únicamente como una suma de comportamientos individuales. Se trata de un fenómeno estrechamente vinculado a la estructura del empleo, a la falta de políticas públicas de cuidados y a un régimen migratorio que condiciona el acceso efectivo a los derechos. Como señala Galeano, "el Estado goza de beneficios porque quienes pasan por eso somos todas nosotras".
El 8,5% de las trabajadoras del hogar ha sufrido violencia sexual
La ONG Oxfam Intermón, en su informe más reciente, Trabajo invisible y cuerpos rotos (2025), recoge los resultados de una encuesta realizada a trabajadoras del hogar que permite dimensionar la extensión de estas violencias. Según los datos del estudio, el 49,2% de las trabajadoras que participaron en la encuesta afirmó haber sufrido algún tipo de violencia en el trabajo. Las situaciones más frecuentes no son necesariamente las más visibles, como casi la mitad de las encuestadas que señaló haber padecido exceso de control. A esta forma de violencia se suman las faltas de respeto, insultos y discriminación racista y sexista, mencionadas por el 47,8% de las trabajadoras.
El informe también recoge vulneraciones de carácter económico y sexual. El impago de salarios aparece en el 29,7% de los casos, mientras que las proposiciones sexuales fueron señaladas por el 17,1% de las encuestadas. En ese mismo porcentaje se sitúa la violencia física. Los tocamientos sexuales, entre tanto, fueron referidos por el 8,5% de las trabajadoras del hogar que respondieron a la encuesta.
Datos que se encuentran, como se ha comentado antes, también en otros segmentos de esta área. La encuesta sectorial realizada por el Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) es elocuente en este sentido. Así lo explica a Público Concha Real, portavoz, que en referencia a una encuesta estatal realizada a cerca de 3.000 trabajadoras del SAD y publicada en noviembre de 2025, recuerda que los resultados reflejaron una prevalencia del acoso laboral del 7,9% y del 6,1% en el caso de situaciones de acoso sexual.
Real insiste en que la figura del agresor no siempre coincide con la persona usuaria del servicio. Tal como advierte, pueden proceder "de un hijo… o del marido cuidador" que convive en el domicilio. La ausencia de evaluaciones de riesgos que tengan en cuenta la composición del hogar y las dinámicas familiares, de nuevo, deja fuera del radar institucional a estas personas, pese a que pueden representar una amenaza más que real para las trabajadoras. En definitiva, una copilación de situaciones que dan cuenta de que puede que lo que han sufrido las mujeres que han denunciado a Julio Iglesias sea solo un reflejo de una cruda y oscura realidad.



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