Opinión
Campeonas del mundo ¿minoritarias?

Periodista
Inés Bergua, Salma Solaun, Andrea Fernández, Andrea Corral, Marina Cortelles y Lucía Muñoz no son unos nombres cualquiera. Son las campeonas absolutas del mundo de gimnasia rítmica y son españolas. Todas tienen entre 18 y 22 años, entrenan hasta ocho horas al día de lunes a sábado, y todas estudian (desde Bachillerato hasta Derecho, pasando por Medicina o Ingeniería Matemática) y lo hacen desde el Centro de Alto Rendimiento en el que viven. Y antes de conquistar el Mundial de Frankfurt el pasado agosto, el conjunto español ya se había hecho con dos tripletes consecutivos en el Campeonato de Europa (2025 y 2026) logrando récord histórico nacional después de 35 años del último oro mundial. Además, esta selección española acumula un total de 15 medallas en las Copas del Mundo solo en las dos últimas temporadas, y con este triunfo se han asegurado la plaza para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 2028. Hace unos días, el conjunto nacional visitaba el plató de La Revuelta para confesar que con el dinero que han ganado con su impresionante palmarés tendrían para comprarse, exactamente, un coche cada una. Unas declaraciones en las que denunciaban que les sigue pareciendo insuficiente que sus ingresos como deportistas de élite dependan únicamente de becas, y que el beneficio económico de su esfuerzo es "muchísimo menos" que lo que gana cualquier otro campeón o campeona del mundo.
Confieso que cuando vi el fragmento de la entrevista en mis redes sociales hubo algo que llamó mi atención mucho más que el tema del coche, no porque me parezca poco importante, sino porque ser mujer y deportista casi nunca va de la mano de contratos millonarios. Lo que llamó poderosamente mi atención fue la calificación de "deporte minoritario" de la gimnasia rítmica en los rótulos del programa de Televisión Española. Cada semana, desde hace tres años, arrastro a mi hija a pabellones a rebosar de niñas y adolescentes que entrenan durante horas, igual que hice yo hace muchos años. Lo que me hace pensar que el único motivo por el que la gimnasia se considera minoritaria es porque la practican las mujeres. Si nos fijamos en los datos del Consejo Superior de Deportes de España, la gimnasia rítmica es uno de los deportes con más licencias federativas en España. En nuestro país, hay entre 50.000 y 60.000 gimnastas federadas, más del 90% son mujeres, y la mayoría tienen entre seis y 16 años. Lo que sitúa la gimnasia en el puesto 15 de un ranking total de 66 deportes federados en España, aunque es probable que el número de quienes la practican multiplique por dos o tres la cantidad de fichas federativas, entre escuelas deportivas y actividades extraescolares del colegio.
Por eso, me niego a seguir repitiendo que la gimnasia rítmica es un deporte minoritario. Minoritarios son la Fórmula 1, el billar o el squash, pero un deporte que cada día congrega a miles de niñas en los pabellones municipales de todo el país jamás podrá ser minoritario. Quizá si la difusión de la gimnasia en los medios de comunicación fuese acorde a sus méritos físicos y artísticos, y a la cantidad de niñas que la practican, muchas seguirían haciéndolo al pasar la barrera de los 16 años. Las niñas practican gimnasia en espacios que suelen dejar mucho que desear, en condiciones de precariedad total (con mucha menos prensa que el fútbol base) con tapetes rotos en los que se tropiezan o se caen en medio de sus exhibiciones, con aparatos de música que a veces ni funcionan y con entrenadores que, muchas veces, duran dos telediarios. Cuentan, con suerte, con una o dos exhibiciones anuales para que las familias vayamos a verlas. Y, sobre todo, carecen de cualquier perspectiva de que su esfuerzo sirva para ganar algo de dinero o prestigio, jamás.
Como suscriben la capitana del conjunto español, Inés Bergua y la seleccionadora, Alejandra Quereda, cuando les preguntan si en España se puede vivir de la gimnasia: "Tenemos una carrera corta y lo que percibimos nos da para vivir mientras, pero no para asegurarnos un futuro. Como mucho para que te dé un empujón para poder iniciar tu vida profesional. Además, las becas están ligadas a los éxitos deportivos y si tienes un mal año o lesión, pues no hay".
Quizá también, si se les pagase a las campeonas del mundo con salarios acordes a sus éxitos deportivos y si se dejase de repetir que todo lo que hacemos las mujeres es minoritario o menor, o poquita cosa, empezaríamos a entender el alcance de lo que Andrea, Inés, Salma, Andrea, Marina y Lucía representan para tantas niñas y jóvenes, y para el conjunto del deporte nacional. Quizá si se dejase de perpetuar el mensaje de que con muchísimo esfuerzo se puede soñar con medallas pero no con dinero ni emancipación, muchas no acabarían sus carreras cuando aún solo las están empezando. Quizá también si el esfuerzo femenino fuese reconocido de otra manera dentro y fuera de las canchas no estaríamos tan hartas.
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