Opinión
¡50 años de república!

Por Sato Díaz
Coordinador de Política.
Spóiler. Las minas que explotan en Sirat, la película dirigida por Óliver Laxe que representará a España en la próxima gala de los Óscar en Hollwood y que está nominada a 11 categorías en la gala de los Goya de este sábado, representan las minas colocadas por el ejército marroquí en torno al muro que divide el Sáhara Occidental entre los territorios ocupados por Marruecos y las zonas liberadas por el Frente Polisario. Esta es la zona más minada del planeta, aunque toda esta información se obvie en la película de moda, en la que la localización solo es un lugar donde los europeos y occidentales celebran sus raves. Al sur de Marruecos no está Mauritania, entre un país y otro se encuentra el Sáhara Occidental, pese a que deliberadamente no se mencione en ningún momento del film.
También en la gala de los Goya de este sábado, en la categoría de cortometraje documental, aparecen las minas antipersonas del Sáhara. Disonancia es una película de Raquel Larrosa que cuenta la historia de Fatimetu Bucharaya, una joven saharaui que vive en los campamentos de población refugiada de la región argelina de Tinduf.
Fatimetu fundó en el año 2019 SMAWT, una plataforma de mujeres saharauis que se dedican al desminado de la zona. Recorren el desierto de los territorios liberados del Sáhara Occidental, inspeccionan minuciosamente la zona para detectar los explosivos y entonces los señalizan para evitar que ningún vehículo ni persona pase sobre ellas y exploten o, si no, incluso estas mujeres fuerzan la detonación de los artefactos enterrados en la arena. También realizan una necesaria labor de concienciación con las niñas y niños de las escuelas de los campamentos de refugiados para evitar futuras tragedias.
En los campamentos saharauis hay escuelas, hospitales, servicios sociales, alumbrado... Desde hace cinco décadas, estos asentamientos de decenas de miles de personas en una de las zonas más inhóspitas del planeta, la Hamada argelina, funcionan como un Estado en el exilio. Se construyeron para dar refugio a las personas, sobre todo mujeres y niños, que huían de la invasión marroquí. En noviembre de 1975, Marruecos ocupaba el Sáhara mediante la llamada Marcha Verde (Marcha Negra para los saharauis). Los bombardeos marroquíes, el uso incluso del napalm y fósforo blanco sobre la población civil saharaui ante el pasotismo del ejército español hizo que miles de personas tuvieran que huir hasta Argelia.
El 26 de febrero de 1976 el último soldado español abandonaba el Sáhara, la provincia 53 española, la última colonia. El 27 de febrero, el Frente Polisario proclamaba la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). El Polisario ha sido el movimiento de liberación nacional encargado de mantener la guerra contra Marruecos, pero también de construir el Estado en el exilio con la ayuda llegada de Argelia o distintos pueblos a través de la solidaridad internacional. La RASD es el anhelo que ha dotado de identidad política, cultural y social diferenciada a la población saharaui, pese a vivir separada en tres grandes grupos: la población saharaui refugiada de los campamentos argelinos, la población de las zonas ocupadas por Marruecos que sufre la ocupación en sus carnes a diario (asesinatos, torturas, desapariciones, encarcelamientos arbitrarios...) y la que vive en la diáspora, en otros territorios.
Medio siglo después del nacimiento de esta república, el futuro del pueblo saharaui se dirime en Estados Unidos. La administración de Donald Trump ha forzado unas negociaciones que implican al Frente Polisario y al Gobierno de Marruecos. Unas negociaciones en desigualdad de condiciones, pues EEUU ha impuesto que se establezcan sobre la propuesta marroquí de que el Sáhara se integre en Marruecos a través de una fórmula de autonomía.
Sin embargo, incluso en la última resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre este conflicto, la 2797 del pasado 31 de octubre de 2025, se reconocía el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui, a la vez que valoraba el plan de autonomía marroquí como el más viable. Esto es, los saharauis deben elegir su futuro político, bien dentro del Estado marroquí o en un Estado independiente, la RASD. Toda negociación impuesta por Trump que no se desarrolle en este parámetro estará alejada de la legalidad internacional. Algo, por otro lado, que hoy no parece importar demasiado al mandatario estadounidense.
Cincuenta años de lucha después, el pueblo saharaui vive momentos determinantes y paradójicos. Tras décadas de haber defendido y abogado por la vía del Derecho Internacional para dar solución a su injusticia, Trump ha metido sus sucias manos en el Sáhara Occidental. Cincuenta años de república saharaui, y ahora el destino intenta arrastrar a este pueblo a integrarse en una monarquía que intenta aglutinar todo el poder con amplios atributos religiosos, la de Mohamed VI. Un régimen que lleva medio siglo exterminando a saharaui.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.