Opinión
Otra acampada por el derecho al asilo
Por Sato Díaz
Coordinador de Política.
La semana de la vivienda sustituyó a la semana de la ONU. Hoy parece lejano, pero hace unos días desfilaban por la sede central de las Naciones Unidas, en el Midtown East de Manhattan, los principales mandatarios mundiales dibujando una geopolítica cada vez más inhumana. El 81º periodo de sesiones de la Asamblea General dejó imágenes para el recuerdo: un nuevo plantón al genocida Benjamin Netanyahu en el pleno, Donald Trump volvía a amenazar con "aniquilar" Irán...
Pedro Sánchez usó su intervención en la tribuna para advertir contra las fuerzas reaccionarias que pretenden destruir el orden mundial multilateral y destacó el compromiso de España duplicando la inversión en cooperación internacional. El presidente español hizo una suerte de balance de la repercusión internacional de sus mandatos, sabedor de que podía ser su último discurso ante el foro de Naciones Unidas si las próximas elecciones generales, que se ven más cercanas cada día, dieran una victoria a derecha y ultraderecha. Curiosamente, menos de dos meses después de la llegada masiva de migrantes a Ceuta desde Marruecos, por primera vez, el representante español no mencionó el Sáhara Occidental en su discurso ante la ONU.
Sánchez, sin embargo, no dudó en reivindicar el respeto a los derechos humanos, también de las personas migrantes. Una forma de contraponer su modelo con el de los dirigentes ultras que han hecho de la inmigración su principal enemigo a batir. El jefe del Gobierno español sacaba pecho de la gestión de Ceuta: "Se puede afrontar una crisis sin renunciar a la decencia, manteniendo la legalidad y respetando los derechos humanos". El también presidente de la Internacional Socialista hizo, por momentos, un discurso en clave ideológica: "España no elige el camino más fácil, elige el camino más justo, lo sabe el mundo entero. Y las fuerzas reaccionarias que quieren destruir el orden multilateral no paran de atacarnos por ello, quieren que nos acobardemos, quieren que nos rindamos".
La semana de la vivienda ha opacado la situación de Ceuta, una crisis humanitaria que ha provocado que miles de personas sigan viviendo a la intemperie. Paradójicamente, la acampada de la Puerta del Sol ha ocultado en las portadas las acampadas en las playas de la ciudad autónoma. Y el ala socialista del Gobierno trabaja para agilizar la expulsión de migrantes a Marruecos. El debate público ha virado en los últimos días desde el protagonismo de la xenofobia al calor de la crisis ceutí, hasta la prioridad del derecho a techo. Pero la xenofobia no ha desaparecido y sigue siendo uno de los principales motores de influencia política.
Pese al compromiso de Sánchez en la ONU para afrontar la crisis migratoria bajo el respeto de los derechos humanos, los socialistas pretenden aprobar un real decreto-ley que dificulta la tramitación de las solicitudes de protección internacional presentadas en Ceuta desde el 30 de julio de 2026. Mediante esta medida, quieren endurecer y acortar los trámites administrativos y judiciales para tramitar el derecho al asilo. Las ONGs y colectivos sociales, así como las izquierdas parlamentarias, ya han puesto el grito en el cielo en contra de la reforma.
La norma, que no parece que vaya a ir al Consejo de Ministros el próximo martes porque Sumar lo está frenando en el seno del Gobierno, permitirá a la Dirección General de Protección Internacional elevar directamente las propuestas de resolución, sin examen previo de la Comisión Interministerial de Asilo y Refugio, y establece que las solicitudes formuladas más de siete días hábiles después de una orden de devolución, una denegación de entrada o una expulsión podrán ser inadmitidas.
Con esta medida, las personas solicitantes pierden el derecho a permanecer en España mientras se resuelve su solicitud de asilo, lo que en la práctica es una barrera enorme para la materialización de dicho derecho. Una persona devuelta a su país difícilmente puede regresar a España para seguir el proceso administrativo o judicial sobre su tramitación. Además, las notificaciones sobre un proceso de solicitud se harán directamente a través del BOE, lo que obstaculiza mucho su publicidad y comprensión.
Los discursos antimigratorios van ganando terreno no solo en la derecha y la ultraderecha. Y las izquierdas, en algunos casos, parecen hacer seguidismo de estas tendencias. Poner trabas al derecho al asilo, como pretende el PSOE en Ceuta, es un ejemplo de ello. "Se puede afrontar una crisis sin renunciar a la decencia, manteniendo la legalidad y respetando los derechos humanos", decía Pedro Sánchez ante Naciones Unidas hace, tan solo, unos días. Es buen momento para demostrarlo.
Que toda persona tenga las garantías de protección en España si sufre persecución por motivos como raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas, pertenencia a determinado grupo social, género u orientación sexual. Es un derecho recogido en la Carta de Derechos Humanos de 1948. Un derecho que se hizo imprescindible tras la barbarie de la Segunda Guerra Mundial. Si hace falta, otra acampada por el derecho al asilo. Aunque quizás la legislatura no dure tanto como para que se llegue a aprobar la medida.
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