Opinión
América Latina apuesta por China: una relación estratégica para el desarrollo

Por Pedro Barragán
Economista y asesor de la Fundación Cátedra China
-Actualizado a
América Latina ha comenzado a mirar a China con mayor decisión. En lugar de depender exclusivamente de sus tradicionales socios del norte, muchos países de la región están apostando por fortalecer sus lazos con China. Esta no es una alianza ideológica, sino una decisión estratégica basada en intereses compartidos: inversión, crecimiento y cooperación.
China: socio comercial y motor de infraestructura
En dos décadas, China ha pasado de ser un actor marginal a convertirse en el principal socio comercial de varios países latinoamericanos. Brasil, Chile, Perú y Argentina han experimentado un fuerte incremento en sus exportaciones hacia el gigante asiático, principalmente en sectores como la minería, la agroindustria y la energía. Pero el impacto va más allá del comercio. A través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (también denominada la Nueva Ruta de la Seda), China ha invertido miles de millones en infraestructura crítica: carreteras, puertos, ferrocarriles, centrales eléctricas y telecomunicaciones en países como Ecuador, Bolivia y Venezuela. Sus créditos y obras han sido clave para modernizar sectores estratégicos. En estos últimos diez años de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, China ha desarrollado más de 200 proyectos de infraestructura; ha construido miles de kilómetros de carreteras, ferrocarriles y metros ligeros; ha levantado más de 100 escuelas, hospitales e instalaciones deportivas; ha construido cerca de 100 puentes y túneles, docenas de aeropuertos y puertos y más de 30 instalaciones energéticas. Y estas inversiones han creado cerca de un millón de puestos de trabajo en las comunidades locales. A diferencia de otras naciones, China ofrece financiación sin exigir reformas políticas o alineamientos ideológicos. Esto ha sido bien recibido por gobiernos de distinto signo, que valoran la autonomía para definir sus propios modelos de desarrollo.
Son 20 los países de Latinoamérica que han firmado memorandos de entendimiento con la Iniciativa de la Franja y la Ruta y a ellos se ha unido estos días Colombia, un paso que representa un cambio profundo en su política exterior. Durante años, Colombia se ha mantenido al margen del proyecto, pero el gobierno de Gustavo Petro ha optado por integrarse en esta red global de inversión y conectividad. Esta decisión abre la puerta a importantes inversiones en transporte, logística y tecnología, especialmente en regiones históricamente rezagadas.
Tecnología, innovación y transferencia de conocimiento
Lejos de limitarse a materias primas, la cooperación con China ha empezado a incluir áreas de alto valor agregado. Empresas tecnológicas chinas como Huawei, ZTE o BYD no solo venden productos, sino que instalan centros de investigación, promueven transferencia tecnológica y capacitan talento local. Argentina y Brasil ya colaboran con China en tecnología satelital. En México y Colombia, empresas chinas están introduciendo vehículos eléctricos y soluciones de movilidad inteligente. Esta dinámica permite a América Latina integrarse a cadenas de valor más sofisticadas y prepararse para una economía digital.
Un nuevo equilibrio global: el Foro China-CELAC
Para muchos países latinoamericanos, fortalecer la relación con China no es una ruptura con Occidente, sino una forma de diversificar riesgos y ganar margen de maniobra en un mundo multipolar. La pandemia de COVID-19 reforzó esta visión: mientras algunas potencias priorizaron el acaparamiento de vacunas, China envió millones de dosis y material médico a muchos países de la región. Además, China ha impulsado nuevos espacios de diálogo y cooperación sur-sur. Foros, como el Foro China-CELAC, están sirviendo para discutir proyectos conjuntos en educación, salud, cambio climático y conectividad, sin imposiciones ni paternalismo. En este contexto, la IV Reunión Ministerial del Foro China-CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), celebrada el 13 de mayo de 2025 en Beijing, ha marcado un hito en la consolidación de esta asociación estratégica. Con la participación de líderes como Xi Jinping, Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia) y Gabriel Boric (Chile), se han adoptado la Declaración de Beijing y el Plan de Acción Conjunto 2025–2027, que delinean más de 100 proyectos de cooperación en áreas clave como infraestructura, energía limpia, tecnología digital y desarrollo sostenible. China ha anunciado una línea de crédito de casi 10.000 millones de dólares para América Latina y el Caribe, destinada a financiar proyectos de desarrollo y promover el uso internacional del yuan. Además, se ha puesto en marcha la exención de visado para cinco países de la región, facilitando los intercambios culturales y comerciales.
Hasta abril de 2025, el Banco de Desarrollo de China ha aportado 165.000 millones de dólares de financiación para más de 260 proyectos a lo largo de los 21 países latinoamericanos.
Uno de los proyectos más emblemáticos de la cooperación chino-latinoamericana este año, es el megapuerto de Chancay, en Perú. Con una inversión estimada de más de 3.500 millones de dólares, financiada y ejecutada en gran parte por la empresa estatal china Cosco Shipping, este puerto se perfila como un nuevo eje logístico del Pacífico sur. Para Perú, el proyecto significa más empleo, inversión y competitividad internacional. Países como Brasil, Bolivia, Paraguay y Argentina también podrán beneficiarse de esta infraestructura, utilizando el Corredor Bioceánico para exportar sus productos a Asia a través del Pacífico peruano. Chancay, en este sentido, no es solo un puerto: es una apuesta geopolítica que coloca a América Latina en el centro de las nuevas rutas globales del comercio. El presidente Xi Jinping ha remarcado la importancia de la solidaridad y la cooperación entre China y los países de la CELAC, destacando la necesidad de resistir las presiones externas y promover un multilateralismo genuino. Este enfoque refuerza la visión de una América Latina más autónoma y diversificada en sus relaciones internacionales, donde China se posiciona como un socio clave en la construcción de un futuro compartido.
La errática política de Trump
Mientras China estrecha lazos con América Latina a través de inversión, infraestructura y cooperación técnica, Estados Unidos está perdiendo terreno, en parte por su propia política exterior errática y de desprecio. Estamos asistiendo al esperpento de Donald Trump tratando a la región con una retórica agresiva y degradante sobre los migrantes latinos, que se suma a la presión de los nuevos aranceles.
La última intromisión de Estados Unidos en Argentina con las declaraciones del enviado especial de Estados Unidos para América Latina, Mauricio Claver-Carone, afirmando que: “Queremos que termine la famosa línea de crédito que tiene la Argentina con China”, pone de manifiesto el egocentrismo norteamericano que quiere impedir el apoyo financiero de China pero se niega a aportar los créditos que Argentina necesita. Y pone, igualmente, de manifiesto la amplitud de la política china de apoyo al desarrollo que no discrimina por la posición ideológica de los gobiernos. A diferencia de China, que llega con propuestas concretas de desarrollo, Washington ofrece intromisiones, vetos y condiciones. El resultado es predecible: mientras Estados Unidos habla de amenazas, China habla de puertos, carreteras, satélites y vacunas. Y América Latina, históricamente dependiente del norte, ha comenzado a virar su cabeza en busca de nuevas oportunidades. Con Trump de nuevo en la Casa Blanca, muchos gobiernos latinoamericanos ya no están dispuestos a esperar reconocimiento o trato preferencial de su vecino del norte. Han aprendido que en el nuevo equilibrio global, la autonomía se construye diversificando socios, no obedeciendo esferas de influencia.
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