Opinión
Andalucía: algo se mueve
Por Antonio Antón
Sociólogo y politólogo
Escribo esta tribuna entre la sucesión de tres hechos significativos para las perspectivas de la izquierda alternativa: el acuerdo, este tres de abril, de la coalición electoral Por Andalucía, liderada por Izquierda Unida, con la incorporación de Podemos; la conversación en Catalunya, el nueve de abril, entre Gabriel Rufián, de ERC, e Irene Montero, de Podemos, y el relanzamiento de la refundación de Sumar, precisamente en Sevilla, el diecinueve de abril, por sus cuatro grupos políticos promotores: Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Comunes y Más Madrid.
El primer hecho expresa cierto cambio en la dinámica de las izquierdas en ese territorio, aunque todavía no está clara su dimensión y consistencia, sobre todo para su influencia en el contexto estatal, objeto del debate de los otros dos actos referidos. En todo caso, estamos ante un síntoma que replantea la articulación del pluralismo de la izquierda transformadora, y conviene valorar sus señales.
Dejando aparte la evolución y la estrategia socialistas, decisivas para aventurar una posible victoria electoral de las fuerzas progresistas frente a las derechas, en Andalucía y en las próximas elecciones generales, se trata de evaluar esta nueva cooperación de la izquierda alternativa y su capacidad de condicionar la dinámica sociopolítica y de garantizar una victoria de las izquierdas.
El acuerdo Por Andalucía
La primera circunstancia, el acuerdo andaluz, aunque la unidad de toda la izquierda al Partido Socialista no es completa, al no incorporarse Adelante Andalucía (actualmente con dos escaños), constituye un cambio en la dinámica divisiva de estos últimos tiempos, y trae efectos positivos para sus resultados socioelectorales, a diferencia de los anteriores comicios de Castilla y León y Aragón.
El contenido del pacto sobre el reparto de puestos de salida en las ocho candidaturas provinciales denota el consenso alcanzado sobre la representatividad de cada cual, aceptando la primacía del liderazgo del conjunto para Antonio Maíllo, de Izquierda Unida.
La distribución de escaños, según qué expectativas sean más ajustadas o más ambiciosas, sería la siguiente. En el caso de sacar el mínimo previsible (como ahora) de cinco escaños, cuatro corresponderían a IU (Sevilla, Málaga, Córdoba y Granada) y uno para Movimiento Sumar (Cádiz). En el caso de las mejores expectativas, hasta diez escaños, o sea, cinco más, se ensancharía el acceso del resto de grupos y, por tanto, se mejoraría la representatividad del conjunto y su proporcionalidad.
Así, en el mejor de los casos, podría quedar, hasta tres más para Podemos (Jaén, y segundos de Sevilla y Málaga), uno para Iniciativa del Pueblo Andaluz y uno más -el quinto- para IU (Almería). Los Verdes (Equo) y otros grupos menores se quedarían fuera del Parlamento andaluz. Por tanto, la radiografía final del equilibrio representativo, en particular para el reconocimiento del peso comparativo de Podemos, podría variar según el incremento de los resultados y si quedan en una zona intermedia entre los cinco y los diez escaños.
Como se puede comprobar, las dos hipótesis extremas, además de expresar la segunda el doble de escaños, con beneficios globales, reflejan una distribución comparativa muy dispar de la representación existente. La más ‘optimista’ es más equilibrada de la pluralidad del conjunto y sus cuatro grupos básicos, Izquierda Unida, Podemos, Movimiento Sumar e Iniciativa del Pueblo Andaluz: 5+3+1+1. Al contrario, la más ‘pesimista’, quizás, amarra claramente la primacía representativa del grupo preponderante y es menos proporcional entre ellos: 4+0+1+0.
Además, hay que advertir que, independientemente de los puestos representativos adquiridos, los siete grupos políticos firmantes tendrían acceso negociado a los recursos económicos e institucionales del grupo parlamentario futuro.
La incertidumbre sobre los resultados relativos para cada cual está favoreciendo la diversidad de interpretaciones sobre los más o menos ganadores, e incluso ya aparecen los agravios comparativos sobre las ventajas comparativas entre unos y otros.
Habrá que esperar a los resultados reales para comprobar el impacto en ese plano del equilibrio representativo en las izquierdas, así como sus efectos para la gobernabilidad de esa tierra y el proceso político general y sus consecuencias para la sociedad.
En todo caso, conviene analizar la fragilidad de las condiciones en que se ha producido este acuerdo y los riesgos en su desarrollo, así como adelantar el impacto positivo del acuerdo y valorar los posibles cambios estratégicos y discursivos que conlleva.
El giro de Podemos
Como se sabe, el acuerdo unitario en torno a la coalición Por Andalucía se ha precipitado en la última semana por el giro producido en Podemos Andalucía sobre su participación, con el apoyo de más del 80% de su militancia (4.648 personas) y el aval de su dirección estatal. Finalmente, los términos concretos de la confluencia electoral han sido aprobados por su Consejo Ciudadano territorial por similar porcentaje (20 frente a 6).
Tras más de un año de bloqueo, por la negativa de la dirección morada al diseño político y organizativo promovido por Izquierda Unida, Podemos se incorpora a la coalición, sin condiciones políticas previas y con la aceptación de la primacía representativa de Izquierda Unida, la participación de Movimiento Sumar y el liderazgo de Antonio Maíllo, en un marco programático común.
No obstante, las direcciones de Izquierda Unida y los demás firmantes, sin el suficiente reconocimiento de la pluralidad, no garantizan en el pacto suscrito una mínima representación morada, en el caso de unos resultados similares a los actuales y cuando se disponen para colaborar en el avance del conjunto.
Es evidente la situación de debilidad en que se encontraba Podemos sobre sus expectativas electorales, tras su debacle en las elecciones autonómicas de Aragón y Castilla y León, con menos del 1% de representatividad, así como con los datos demoscópicos que aventuraban su dificultad para su acceso al parlamento andaluz. Al mismo tiempo, iba creciendo la controversia interna sobre cómo afrontar el riesgo de un mayor fracaso y aislamiento político.
Ese baño de realidad hace imperiosa la necesidad de una salida mínimamente satisfactoria para sortear la posibilidad de una crisis mayor, con un objetivo básico: garantizar las condiciones mínimas para la continuidad de su proyecto.
Supone, por un lado, una adecuación oficial de las expectativas anteriores de su (autodesignado) papel representativo, como principal motor político-ideológico y primacía organizativa, a la aceptación de una posición subalterna, con cierto desconcierto entre algunas de sus bases confiadas en su (supuesta) superioridad.
Por otro lado, se trata de un cambio discursivo para justificar el nuevo objetivo mínimo: poner en primer plano, los objetivos políticos comunes, el freno a las derechas, las reivindicaciones básicas en torno a la mejora de los servicios públicos y el fortalecimiento del bloque de la izquierda alternativa real.
Se modifica el interés por la diferenciación discursiva y la prioridad política de construir una izquierda ‘valiente’, dominantes estos dos años, frente a una izquierda ‘impotente’ en su acción transformadora y ‘subordinada’ al continuismo socialista, con la crítica a la actual coalición de Sumar. Ahora, se comparte el proyecto de conjunto de una izquierda transformadora con los mimbres reales, un programa consensuado y un papel secundario, como opción menos mala para su continuidad. Es un gran esfuerzo realismo, generosidad y solidaridad colectiva.
En definitiva, en Andalucía algo se mueve, con esta trayectoria más unitaria, no exenta de dificultades. Las elecciones andaluzas suponen la última confrontación electoral, antes de las elecciones generales, posiblemente adelantadas a este otoño. De haberse mantenido la fuerte división existente habría sido muy difícil el acercamiento posterior, en el marco estatal.
La experiencia y los resultados andaluces constituyen el último momento de trascendencia política que puede condicionar las actitudes estratégicas de los dos bloques básicos de las izquierdas alternativas, la (nueva) coalición Sumar y Podemos. Este acuerdo favorece el entendimiento, aunque no resuelve la encrucijada de su división, que obedece a opciones estratégicas muy definidas de los tres tipos de actores, objeto de los otros dos actos programados. Veremos su impacto en el electorado y en la reestructuración de las izquierdas alternativas, con la perspectiva estatal del nuevo frente amplio, sobre el que habrá que volver.
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