Opinión
La apuesta de Irene Montero y Gabriel Rufián
Por Juan Tortosa
Periodista
No me gusta el malmenorismo. No me gustan que se amparen en que viene el lobo como excusa para continuar tragando. No me gusta cómo ha quedado el acuerdo de las izquierdas en Andalucía para concurrir a las elecciones autonómicas del 17 de mayo. No me han gustado nada las presiones, por no decir el chantaje, al que han sometido a personas como Juan Antonio Delgado relegándolo a un humillante puesto número 6 de la lista por Cádiz amparándose en que las bases de Podemos dictaminaron apostar por la unidad. No me parece una buena noticia que a esa "unidad" le dé el visto bueno la candidata socialista María Jesús Montero. Cuando el PSOE duerme tranquilo con la correlación de fuerzas a su izquierda, algo falla, o algo falta.
Dicho esto… reconozco que los siguientes datos son ciertos: Gabriel Rufián concentra más apoyos (por encima del 50 por ciento) que cualquier otro dirigente de izquierdas. Le sigue Irene Montero con un 10, Emilio Delgado (Más Madrid) con un 8 y Antonio Maíllo (IU) con un 5, según una encuesta de 40db que señala también cómo el político catalán es el preferido entre votantes de ERC, Podemos, BNG, EH Bildu y Sumar. La consulta de Sigma Dos realizada entre el 16 y el 31 del pasado mes de marzo entre dos mil personas entrevistadas dice preferir una coalición de izquierdas liderada por Rufián y Montero. Que esto le guste también al 53 por ciento de los votantes del PSOE no sé bien si es bueno o malo, pero es.
"Yo no quiero gobernar España", dijo Rufián el pasado jueves en la Universitat Pompeu Fabra. Y tras una estudiada pausa, añadió: "Lo que quiero es que se gobierne bien España". Consciente de su patrimonio político, parece que tiene ganas de usarlo diga lo que diga Esquerra Republicana pero sin dejar de mantener el compromiso con el partido al que pertenece. Complicado ejercicio de malabarismo del que su formación se desmarcó el pasado viernes: "Podemos ayudar, pero no resolveremos, porque no podemos, las disputas de la izquierda española", escribió en su cuenta de X -antes Twitter- Isaac Albert, vicesecretario general de Comunicación de ERC.
En Podemos, no obstante, se piensa a día de hoy que si Esquerra aprovechara el efecto Rufián, la formación podría convertirse en la "nave nodriza" de todas las izquierdas de la nación catalana. A día de hoy, consideran que han callado la boca a quienes les acusaban de no querer la unidad. Admiten haber entregado Andalucía porque defienden las luces largas en un momento político como el que estamos viviendo, un momento en el que los mismos preconizadores de la unidad salen a la palestra a clamar "¡esa unidad, no!" cuando se encuentran en ella a Irene Montero.
"Más de lo mismo con los mismos", sostienen como papagayos los Antones Losada del tertulianismo. Primero desacreditar y luego, si viene al caso, analizar. Pero si son buenos como analistas políticos, y cuando quieren lo son, saben que Pablo Iglesias tiene razón al afirmar que "cuando se produce un proceso de desborde, nadie se puede resistir y todo el mundo acaba subiéndose al barco".
No sé si en este caso acabará siendo así, pero no hay duda que, a pesar de que Montero y Rufián no aportaron muchas pistas en su debate del otro día, pusieron nerviosa a mucha gente porque se mostraron dispuestos a dar la cara y buscar caminos de entendimiento para, desde las izquierdas, frenar la amenaza fascista antes de que sea demasiado tarde.
Quiero pensar que no "nos queda solo una bala", como afirmó Rufián, pero es cierto que más vale dejarse de tonterías, remangarse y empezar a buscar cómo demonios salimos de esta. Creo que lo que se haga ha de hacerse restituyendo a Podemos el sitio que le corresponde. Porque, cuando en este país temblaron las derechas, el fondo ideológico era de Podemos y las iniciativas más rompedoras fueron siempre de Podemos, así como la capacidad de presionar a Pedro Sánchez y compañía, que no conseguían dormir tranquilos, los pobres.
Por eso me preocupa que la socialista María Jesús Montero, la misma que llamaba "cabezón" a Pablo Iglesias cuando eran compañeros en el Consejo de Ministros y este mostraba sus discrepancias, se manifieste ahora encantada de la vida con el acuerdo al que han llegado las izquierdas en Andalucía.
Que sí, que todo muy bien, que no queda más remedio y tal, pero que una formación como Izquierda Unida esté atada de pies manos por su deuda con los bancos no es precisamente un buen comienzo. Como tampoco ayuda la eterna propensión de una parte de la izquierda a conformarse con una pequeña porción del pastel con tal de continuar teniendo asegurados un silloncito y un sueldecito.
"Lo que podemos hacer en el futuro es más importante que cualquier cosa que hayamos hecho en el pasado", concluyó Irene Montero el otro día. Quiero pensar que es posible y que saldrá bien, pero admito que me cuesta. Es lo que hay.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.