Opinión
Ayuso miente, ¿la vais a votar igual?
Por Noelia Adánez
Jefa de Opinión y de Feminismos
No es verdad. Ayuso nunca pronunció la frase "se iban a morir igual". No fue eso lo que dijo. En un pleno de la Asamblea de Madrid del 15 de febrero de 2024 dijo textualmente: "Había muertos en todas partes: en las casas, en los hospitales, en las residencias… [estaba] todo colapsado. ¿Y sabe lo que sucedía también? Que mucha gente mayor, cuando iba a los hospitales, también fallecía, porque cuando una persona estaba gravemente enferma con el covid, con la carga viral que había entonces, no se salvaba en ningún sitio. Y ustedes, sin ningún tipo de humanidad, les niegan la verdad a todas las personas que han fallecido en España entera".
Así que no dijo "se iban a morir igual", pero lo dio a entender. ¿Es grave? Muchísimo. Es de una crueldad aberrante porque no es verdad que cuando una persona estaba gravemente enferma con el covid no se salvara en ningún sitio. Pero además, el reproche a la decisión adoptada por su gobierno con los "protocolos de la vergüenza" no tiene solo que ver únicamente con el hecho de que se pudieran o no salvar los residentes a los que se les negó atención sanitaria, sino con que quienes les debían protección y amparo les condenaron a la soledad y al sufrimiento. La administración falló a los ciudadanos y su máxima responsable se puso de perfil. Es incomprensible que a Isabel Díaz Ayuso no le haya pasado factura política una decisión que, al menos, dejó 7.291 muertos.
Si pensamos en la gestión de la DANA de València que llevó a cabo el expresidente de infausto recuerdo Carlos Mazón, la comparación deja en un lugar extraño a la opinión pública madrileña y compromete seriamente la calidad de nuestro sistema democrático. La salida de Mazón fue indigna (dimitió, pero continuó aforado), no obstante hubo rendición de cuentas. Con Ayuso eso no sucedió.
La democracia no consiste solo en ganar elecciones, sino en responder de las decisiones que se toman. Mentir, como hizo Ayuso, o ignorar deliberadamente que la decisión que se tomó en el contexto de la pandemia es impropia de un representante público no es responder a nada; es maltratar a la ciudadanía y vilipendiar la democracia. Porque en democracia, seas progresista o conservador, no puedes tomar decisiones en contra de los ciudadanos y, en el caso de la gestión de emergencias como las que desencadenaron la covid o la DANA, si tus decisiones o falta de ellas causan muertos, no puedes seguir ostentando un cargo. Hacerlo compromete la democracia, muy afectada en Madrid después de treinta años de gobiernos del PP y de corrupción.
En Madrid existe la tradición de que los presidentes autonómicos respondan por temas de corrupción ante la justicia una vez que han abandonado sus cargos. Por refrescar, han sido imputados Esperanza Aguirre, Ignacio González y Cristina Cifuentes, pero la única que dimitió fue la última y no fueron ni el caso Púnica ni el caso Máster los que se la llevaron por delante. Fueron unas cremas de supermercado. El vídeo de un hurto que había tenido lugar en 2011 y que salió a la luz oportunamente siete años después. Un episodio sin trascendencia que convenientemente viralizado, provocaba bochorno y humillación, como la incomparecencia de Mazón en el Cecopi mientras comía y pasaba la tarde en el reservado de un restaurante con una periodista en plena emergencia.
Bochorno y humillación. Esas son las palabras del luminoso que señala la puerta de salida para los dirigentes del PP. Solo esas. No parece haber otras. Ni integridad ni sentido de la responsabilidad. Te tienen que pillar, pero haciendo algo ignominioso. Si no, tú no te vas.
A Ayuso la han pillado muchas veces. La defensa institucional de su novio comisionista y presunto defraudador derivó en una pillada en toda regla. Como acostumbra a hacer, Ayuso mintió. Pero ni ella ni su jefe de gabinete tienen interiorizada la democracia aunque hagan el paripé de que juegan con sus reglas. No puedes ser demócrata y tener comprados un sinfín de medios de desinformación; no puedes ser demócrata y lanzar amenazas a los medios que informan.
Hace poco que trascendió que Ayuso estaba buscando un nuevo piso en Madrid puesto que el ático dúplex que comparte con su novio comisionista en Chamberí se le ha debido quedar pequeño. Hace dos días supimos por El País que, tal vez, había encontrado el ático de sus sueños solo que no se lo iba a comprar directamente ella sino que se lo íbamos a pagar con nuestros impuestos. Es imposible pensar otra cosa a tenor de las informaciones que acreditaban que el pisazo (adquirido con un secretismo total), solo podía tener un uso residencial y que, por tanto, no podía destinarse a oficinas, como habían informado desde Sol en un primer momento. Hace unas horas hemos conocido que tras verificarse la compra del ático de lujo de 485 metros cuadrados, González Amador puso a la venta uno de sus pisos. Es decir, que la pareja estaba pensando en un traslado. Supongo que no pretenderán que creamos que la compra del ático por Planifica Madrid y la puesta en venta inmediatamente posterior del piso de González Amador son fruto de la casualidad.
La pillada esta vez ha sido colosal y el binomio Ayuso-MAR ha decidido resolverlo vendiendo el inmueble (cuya compra hasta ayer era normal y "lógica", en palabras de la propia presidenta), y destinando los beneficios de la venta a la reconstrucción de los incendios, en un giro populista e infantilizador típico de su gobierno. Se intenta así blanquear una decisión que, la mires por donde la mires, tiene trazas de malversación de fondos públicos. La pillada no admite una huida hacia adelante más, porque comprar con dinero público una vivienda para una representante política sin justificación y con absoluta opacidad solo tiene un nombre: corrupción.
Pero no nos engañemos, aunque Ayuso debería dimitir, no va a hacerlo. Cabe entonces preguntarse: ¿en Madrid hay democracia? Formalmente sí. Una en la que la presidenta autonómica ha perdido por completo -si es que alguna vez lo tuvo- el sentido del decoro político y del ridículo; una en la que a lo mejor ya no está tan claro que haga lo que haga la vayan a votar igual.
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