Opinión
La bajona de Sánchez

Por Anibal Malvar
Periodista
Día tras día, se va notando cada vez más que Pedro Sánchez ha sucumbido a la bajona, a la depresión. Lo sabemos muy bien los profesionales de la prensa del corazón herido. Ya pocas veces se atisba a aquel presidente de elegante arrogancia que abandonaba las cumbres europeas dando portazos para exigir excepciones ibéricas y cosas así, y las conseguía, y al día siguiente derretía a la euro-pepera Úrsula von der Leyen con una sonrisa de bolero y se hacía perdonar.
Fue Pedro Sánchez caballero de muchas fazañas: abortar un golpe de Estado dentro del PSOE, liderar la primera moción de censura exitosa de nuestra democracia, dormir con Pablo Iglesias en coalición, hacer tambalearse al abusón de Donald Trump tras uno de sus clásicos apretones de manos, y un extensísimo etcétera. Necesitó, como don Quijote, dos tomos de memorias para relatar su asombrosa biografía.
Ya digo que, de un tiempo a esta parte, aquellos fulgores se han ido apagando. A Pedro Sánchez se le ha borrado aquella expresión de Supermán con la que postraba al enemigo, y ahora ya solo parece un señor maduro camino de la pre pitopausia, cual es ley de vida. Como George Clooney, vamos. Que tampoco quiero yo desmerecer al presi.
Sánchez ya se sabe no invencible. Y no lo termina de asimilar. No lo intimidan, desgastan ni asustan los gritos de nuestra asilvestrada oposición. La criptonita de Sánchez han sido las togas. El presidente vive en un miedo permanente a nuestros jueces, supongo. Los disparatados procesos y condenas a su mujer y su hermano tienen que ser terroríficos, y doler en lo íntimo, por muy guapo presidente que seas. Imposible, además, no culpabilizarse del calvario que están viviendo dos de las personas a las que más quieres.
También tuvo que dolerle mucho en lo personal la estruendosa caída de su viejo amigo José Luis Ábalos, su Falstaff shakesperiano de trágico final.
Los jueces y los amigos golfos han conseguido que Pedro Sánchez haya perdido la sonrisa y ya conozca el miedo a la justicia, a que ataquen a la propia familia, que suena más a trama mafiosa que a asunto de Estado, todo hay que decirlo.
Sin ánimo de criticar su derecho a vacaciones, me extrañó esa estrategia de no dar un poco más la cara durante la crisis humanitaria de Ceuta con un discurso contundente, de esos que no dicen nada pero enervan a las masas, con mucha patria y mucha bandera, un discurso aborbonado, en resumen. A Sánchez se le han escuchado ya no pocos discursos aborbonados, y borbonea muy bien.
Sánchez es otra persona desde que lo atacaron en lo personal. Esos mismos poderes económicos y judiciales a los que el PSOE siempre protegió se estaban volviendo ya no contra él, contra su familia. Tiene que ser muy duro y deprimente para un socialista conservador que creía en El Sistema.
Además, ha de pesar mucho la convicción de que pasará a la historia como el presidente que cedió el poder a la ultraderecha fascista y a la otra (si hubiere), por primera vez en democracia. Eso parece ya inevitable. Y es muy vergonzante como colofón al tercer tomo de tu biografía.
Echándole fantasía, a Sánchez se le está poniendo cara de mártir electoral, de esos que anhelan perder sin saberlo. Le sucedió a Manuel Fraga en su última campaña electoral en Galicia. Por experiencia sé que, una vez se le pone cara de mártir, a un político ya no se le quita nunca. Por mucho que lo trasladen a un goloso puesto en Bruselas o Estrasburgo.
Y aun si Pedro Sánchez decidiera no repetir en 2027, ya no habría tiempo para asentar un nuevo liderazgo, por muy ministrísimo/a y catódico que fuera. Esta depresión que arrastra nuestro presidente y presidenciable no tiene buen diagnóstico. Ni para él ni para el PSOE.


Comentarios de nuestros socias/os
Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.