Opinión
Bombas sobre Irán, grietas en el trumpismo

Por Miguel Urbán
Una de las grandes promesas de campaña que permitieron a Donald Trump regresar a la Casa Blanca fue asegurar que no enviaría a "hijos e hijas" estadounidenses a luchar en conflictos lejanos y desconocidos. Durante un mitin, el 6 de enero de 2024, antes de los caucus de Iowa, Trump dijo a sus seguidores que devolverlo a la Casa Blanca permitiría al país "pasar página para siempre de esos días tontos y estúpidos de guerras interminables”. Así, evitar nuevas “guerras eternas" en el extranjero, como las de Irak y Afganistán, que habían generado un profundo hartazgo entre una buena parte de la población norteamericana, especialmente entre las clases populares, se convirtió en uno de los ejes de campaña del trumpismo.
De hecho, el rechazo a estas "guerras eternas" fue uno de los elementos fundacionales del MAGA, acrónimo del lema Make America Great Again, el núcleo duro del trumpismo que, bajo la premisa del America First (“América primero”), pretendía una política cuyo centro fuesen los asuntos internos de los EE UU, sus problemas e intereses, y no los del "mundo". El propio vicepresidente J. D. Vance criticó en repetidas ocasiones el intervencionismo de los EE UU al más puro estilo MAGA, asegurando a los jóvenes que no se verían de uniforme, en la otra punta del mundo, por una guerra sin justificación.
Desde que Trump tomó posesión en enero del año pasado, los
EE UU han atacado siete países en el primer año de su segundo mandato. Demasiadas bombas para un presidente que prometió ser el "adalid de la paz mundial" y quiso ganar el Nobel de la Paz. Sin embargo, la escalada militar más importante comenzó este pasado 28 de febrero, cuando Israel y los EE UU empezaron la operación "Furia Épica", que inició la guerra contra Irán. Desde entonces, J. D. Vance se ha apartado del foco mediático, manteniendo una distancia clara con Trump en sus momentos más críticos desde que se inició la legislatura. Una muestra clara de que la guerra en Irán ha roto algo importante en el MAGA e incluso dentro del propio Gobierno.
Las encuestas son claras: la opinión pública norteamericana no aprueba la guerra. Varían los porcentajes, pero todas, a excepción de la publicada por la ultraconservadora cadena Fox News, desaprueban la ofensiva militar contra Irán. En la encuesta de Reuters/Ipsos, solo el 27 % aprueba los ataques, el 43 % está en contra y el 29 % no está seguro; un porcentaje algo mejor para Trump entre los votantes republicanos, donde un 55 % sí los ve bien, mientras que un 32 % no los apoya y un 13 % no sabe qué pensar. Por su parte, la firma internacional de investigación de mercados y análisis de datos YouGov publicaba que la popularidad de Trump no pasa del 33%, cuando antes de los ataques a Irán estaba en el 38%.
Matices —importantes— aparte, en lo que sí coinciden todas las encuestas es en que esta guerra es la que menos aval social tiene en la historia de los EE UU. Por ejemplo, las tan criticadas por Trump como "guerras interminables" de George W. Bush sí contaron —después de una intensa campaña publicitaria bélica— con un apoyo mayoritario de la sociedad norteamericana. Así, los EE UU invadieron Afganistán, en su "guerra contra el terrorismo", en 2001, con un índice de aprobación del 90 %. Solo dos años después ocuparon Irak para derrocar a Sadam Husein y acabar con las famosas armas de "destrucción masiva" que nunca aparecieron y que todavía José María Aznar sigue buscando, con un índice de aprobación del 75%.
De hecho, como veíamos en el caso del vicepresidente J. D. Vance, la intervención militar de Estados Unidos en Irán ha comenzado a generar grietas en el núcleo más fiel del presidente Donald Trump. Voces influyentes del movimiento MAGA han expresado públicamente sus dudas o incluso sus críticas sobre la decisión de involucrarse en una nueva escalada en Oriente Medio que contradice no solo la promesa electoral de no más "guerras eternas", sino también la política de America First. Referentes mediáticos del trumpismo con fuerte ascendencia en el electorado conservador, como Megyn Kelly, Tucker Carlson y Matt Walsh, han criticado abiertamente la guerra desde sus tribunas en los medios de comunicación. Incluso el propio Carlson, que fue una pieza mediática clave en la victoria electoral de Trump, ha llegado a afirmar que esta guerra "cambiaría las reglas" del movimiento MAGA "de un modo profundo".
El popular presentador de pódcast Joe Rogan, el más escuchado del mundo, afirmó que muchos simpatizantes del presidente Donald Trump se sienten "traicionados" tras la decisión del mandatario de ir a la guerra con Irán, recordando que durante su campaña prometió poner fin a las "guerras estúpidas y sin sentido". En esta línea, algunas de las cuentas de redes sociales más destacadas del movimiento MAGA, desde la de la podcaster Candace Owens hasta la de la columnista Cassandra MacDonald, republicaron este sábado un post del activista trumpista Charlie Kirk, asesinado el pasado mes de septiembre. En ese post, Kirk, en junio del año pasado, definió la idea de “un cambio de régimen” en Irán como "una locura" porque, en su opinión, "desembocará en una guerra civil, matará a cientos de miles de personas y creará una nueva y gigantesca crisis de refugiados musulmanes. Derrocar a un líder nunca es tan fácil como parece. Casi siempre conlleva una mayor implicación militar (de EE UU), una guerra civil y el caos".
También figuras de la conocida en su momento como "Alt Right", que siguen teniendo un importante impacto en redes sociales y en sectores juveniles del MAGA, como Milo Yiannopoulos, Nick Fuentes y Andrew Tate, se han sumado a las críticas a la guerra, acusando al propio Trump de romper las promesas electorales de "América primero" y "no nuevas guerras", lemas de mítines con los que algunos de ellos colaboraron durante la campaña. El propio Steve Bannon, figura destacada del MAGA y consejero áulico durante una parte del primer mandato de Trump, afirmó en su programa de pódcast: "Teherán no es el problema (...) si ellos crearon una república islámica, es su problema (...) Nuestro foco ahora mismo debería estar en Mineápolis. Ahí es donde está la insurrección".
Aunque la más crítica fue la excongresista Marjorie Taylor Greene (MTG), una de las grandes figuras del MAGA. Hasta su caída en desgracia por enfrentarse a Trump en la desclasificación de los papeles Epstein, solía ser una de las aliadas más fieles del presidente en el Capitolio. Taylor Greene escribió estas duras palabras en X: "¿Preguntó el Gobierno cuántas muertes [de estadounidenses] están los votantes dispuestos a aceptar en esta guerra con Irán? ¿Qué tal CERO, panda de putos mentirosos enfermos? Votamos por Estados Unidos primero y CERO guerras".
Malas encuestas y tensiones en el MAGA, la base dura del trumpismo, en un momento políticamente sensible. A pocos meses de las elecciones legislativas de medio mandato de noviembre —los 435 miembros de la Cámara de Representantes y un tercio de los del Senado se enfrentan a la reelección— y en un contexto en el que los republicanos se juegan perder su ajustada mayoría en el Congreso e incluso en el Senado. Una guerra con muchas incertidumbres, pero con algunas certezas: a los congresistas republicanos que se juegan la reelección esta guerra no les interesa.
Aunque diéramos por buenas las mejores encuestas de Fox News sobre el apoyo social a la guerra, nadie duda de que la base electoral del trumpismo se está erosionando y de que una fractura en su sector más movilizado y militante —el MAGA— puede tener consecuencias electorales fatales para los intereses de los republicanos. Porque la guerra en Irán no solo tiene implicaciones geopolíticas brutales sobre toda la región, sino que también tiene un alto coste interno para un presidente que ganó prometiendo no más "guerras eternas" y se ha metido en una de la que no sabe si conseguirá salir. Porque la guerra se disputa en muchos frentes y, en el interno, Trump ya está perdiendo.

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