Entrevista a Ariadna, denunciante de Adolfo Suárez"No nos merecemos que el aeropuerto de Madrid lleve el nombre de un agresor sexual"
La mujer que denunció al expresidente del Gobierno el pasado mes de diciembre por delitos de agresión sexual, ocurridos entre 1982 y 1985, habla con Público tras haber recibido la confirmación del archivo de su caso.

La vía judicial ha terminado para Ariadna (nombre ficticio), la mujer que el pasado 9 de diciembre dio el paso de denunciar a Adolfo Suárez por agresión sexual. Con la confirmación del archivo de la causa, se ha cerrado un recorrido que para ella ha sido largo, complejo, exigente y sanador.
Esta entrevista sitúa a quien la lea en un momento muy importante en la vida de Ariadna. El hecho de que la sociedad haya podido conocer su testimonio la ha ayudado a dar sentido a la situación de violencia sexual que sufrió.
Frente a los conocidos límites de la justicia para las víctimas, años de trabajo, elaboración y estructuración han hecho emerger en ella la necesidad de ser escuchada, de nombrar su vivencia en sus propios términos y de recuperar su voz. Esta conversación forma parte también de ese proceso, de la voluntad de abrir un espacio para que Ariadna pueda reapropiarse de su relato.
Se ha desestimado el recurso de reforma y, si usted no presenta uno de apelación, el recorrido judicial de la denuncia habrá llegado hasta aquí. ¿Esperaba que las cosas fueran así? ¿Qué buscaba al interponer la denuncia?
Busco que no se me silencie. Con el archivo lo que me noto es silenciada. Cuando me dicen "qué fuerte eres", pienso que me gustaría ser un poquito más débil y que no me hubiese pasado todo esto. De lo malo es mejor no aprender. Esto cabía dentro de lo probable, pero me quedaba esa esperanza de poder declarar. No parece tener mucha lógica material decir que por diligencia debida y el deber de practicar solo actos eficaces se deniega la única diligencia de investigación solicitada por mí (declarar), que soy quien precisa de reparación.
Es una forma de actuar por parte de la jueza un poco estrecha. La magistrada podría haber hecho una interpretación más extensiva, en coherencia con la ley del solo sí es sí, y haber dedicado media hora de su trabajo a escucharme. Más después de haber guardado 40 años de silencio. No le hubiese costado nada.
¿Usted quiere que le escuche la justicia?
Para mí hubiese sido muy sanador haber declarado en un juzgado. También tengo que decir que el primer auto de archivo ya lo fue porque se tipificaron los hechos que yo denunciaba por delitos y fechas. Verlo escrito fue muy sanador. Nunca había pensado que iba a tener un documento así. Me pasó igual cuando interpuse la demanda. Todo el mundo me decía que la interpusiera porque iba a ser muy reparador para mí. Y yo no me lo creía, pero así fue. Fue salir de comisaría y sentirme liberada.
De pronto su vivencia adquiría una materialidad, tenía un soporte. ¿Y qué pasó cuando vio eso? ¿En qué consiste la sanación?
Puedo decir el efecto que ha tenido en mí, y es que he recuperado mi dignidad como mujer y como persona. Llevaba una mochila a mis espaldas muy pesada que durante muchísimos años se ha manifestado de diferentes formas. No me dejaba respirar. Desde que denuncié incluso ha cambiado mi forma de andar y moverme. Ahora voy mucho más erguida. Antes iba más agachada, por ese peso. Siento que después de interponer la denuncia he recuperado mi dignidad y eso es importantísimo para una víctima.
¿Cuáles son los siguientes pasos que contempla dar? ¿Qué vías piensa agotar hasta obtener la reparación que persigue?
"Quiero solicitar una reunión y hablar de mi reparación simbólica. Mi caso es parecido al de los delitos prescritos dentro del seno de la Iglesia"
Efectivamente, no voy a apelar este último archivo. No me voy a dirigir a la Audiencia Provincial porque creo que no tiene sentido. Ya que tengo la puerta abierta del Ministerio de Igualdad, donde me recibió la ministra el pasado 7 de enero, quiero retomar esa iniciativa y dirigirme tanto a ella como posiblemente al Ministerio de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. Quiero solicitar una reunión con ellos y hablar de mi reparación simbólica. Mi caso es muy parecido al de los delitos prescritos dentro de la Iglesia. Muy recientemente se ha llegado a un acuerdo entre la Iglesia y el Estado para reparar a las víctimas. Entonces, quiero hablar de mi caso y ver qué reparación sería posible.
¿En qué piensa usted?
No persigo una reparación económica para nada, prefiero una acción simbólica. Sería muy reparador eliminar el nombre de Adolfo Suárez del aeropuerto de Madrid-Barajas. Cuando se lo comenté a la ministra en la reunión que tuvimos el 7 de enero, me dijo que eso era muy difícil y que no se podía separar a la persona del personaje como pasaba, por ejemplo, con Picasso y el Guernica. Pero es que Adolfo Suárez no hizo el aeropuerto. El aeropuerto ya estaba construido y se le añadió su nombre por un acto político y postmortem.
"No nos merecemos que el aeropuerto de Madrid lleve el nombre de un agresor sexual"
Entiendo que ahora mismo otro acto podría ser quitárselo. Sería lo mínimo. No nos merecemos que el aeropuerto de Madrid lleve el nombre de un agresor sexual. No me lo merezco yo ni se lo merece nadie.
No cojo un avión desde que ese aeropuerto lleva el nombre de mi agresor. Tampoco puedo ir a buscar a una persona al aeropuerto porque oigo su nombre y me produce náuseas. Me revictimiza totalmente. Igual me pasa con la emisión de la serie del 23F que ahora han dado en abierto por Televisión Española. Es una desgracia que, una vez muerto tu agresor, tengas que estar escuchando y viéndole mucho más que cuando estaba vivo. ¿Es que esto no se va a acabar nunca?
En algún momento ha mencionado que tenía la intuición de que podía haber otras víctimas por parte de Alfonso Suárez. ¿Qué le hace pensarlo?
No creo que yo haya sido la única. Lo que sí es verdad es que a lo mejor eran mayores que yo y por el tiempo que ha transcurrido quizá ya no están vivas. O están vivas y quieren seguir guardando silencio por el motivo que sea. Pero vamos, estoy convencida de que no era la única por su forma de actuar. Él actuaba con muchísima seguridad, era como un Adonis, creyéndose el más guapo, el que más poder tenía y el que podía hacer lo que le diera la gana.
Hay dos personas que en la denuncia señalaba como "cómplices" de la situación de violencia con Suárez -su entonces secretaria y expolítica del Partido Popular Gádor Ongil e Inocencio Hernández Amores, secretario personal del expresidente, ya fallecido-. ¿Ha contemplado algún tipo de medida contra Ongil, que es la única que sigue viva?
No, pero Ongil miente cuando dice que no sabía nada. Pasados unos años, mi madre me contó que en marzo de 1986, coincidiendo con mi viaje de mitad de carrera -al que por cierto fue la tercera hija de Adolfo Suárez-, llamaron desde el despacho y mi madre cogió el teléfono. Ella dijo que yo no estaba, pero que iba ella al despacho. Entonces ella habló allí con Gádor y con Hernández Amores, y les dijo que por favor fuese la última vez que llamaban a mi casa. Ongil conoce a mi madre.
"Que me mire Gádor Ongil a los ojos y me diga que no sabía nada"
Por lo tanto, son conocedores de los hechos al menos desde 1986, a través de mi madre. Que me mire Gádor Ongil a los ojos y me diga que no sabía nada. Fueron unos años de una tortura tremenda. No podía más. O ese señor dejaba de verme o yo me moría. Me sentía asfixiada.
¿Qué diría que le arrebató Suárez?
Toda mi vida, el presente y el futuro. Me arrebató todas las ilusiones, todos los sueños. A partir de ese momento, dejé de ser la persona que era. Me bloqueé, empecé a disociarme, empecé con el trastorno de tricotilomanía (caracterizado por la necesidad recurrente de arrancarse el pelo), a tener el trastorno de estrés postraumático y, en general, a tener muchísimos síntomas que hasta muchos años después no me han diagnosticado y me han explicado por qué me estaban sucediendo. También perdí buena parte de mi memoria. Tenía una memoria prodigiosa y su violencia me la robó. No pude hacer lo que me hubiese gustado, como por ejemplo plantearme unas oposiciones, precisamente por esa falta de memoria.
"Una víctima tiene muchos agresores y un agresor tiene muchas víctimas"
También ha tenido repercusiones en mis relaciones con los hombres. He sufrido muchísimas violencias porque hasta que una víctima no sana, no deja de ser víctima. Una víctima tiene muchos agresores y un agresor tiene muchas víctimas. Yo hace diez años que decidí sanar, que dije "hasta aquí hemos llegado, tengo que sanar porque esto no puede seguir así".
Tuve la suerte de coincidir con una terapeuta de la Comunidad de Madrid maravillosa. Estuve casi cuatro años con ella y, bueno, ha sido la que ha hecho que me recupere. Ahora puedo hablar de todos estos hechos. Antes no podía ni pronunciar el nombre de mi agresor, no podía hablar de nada de esto con nadie. Lo tenía todo dentro.
Si usted hubiera sufrido la situación de violencia que relata en un contexto como el actual, con la ley del solo sí es sí aprobada y tras los avances feministas que se han logrado en términos de concienciación social, ¿cree que hubiera dado el paso de denunciar antes?
Si yo hubiese sabido todo lo que sé ahora, desde luego que sí. Me faltaban recursos y conocimiento. Con 17 años estaba en segundo de bachillerato, iba a hacer selectividad, era muy pequeña. Lo que la gente no se imagina es que cuando veo a Adolfo Suárez en la televisión, representado en la serie sobre el 23F, en mi cabeza aparece la imagen de ese señor de pie, frente a mí, con su bragueta desabrochada y su pene fuera intentando metérmelo en la boca. Eso es lo que la gente no imagina.
"Cuando veo a Adolfo Suárez en la televisión(...) en mi cabeza aparece la imagen de ese señor frente a mí, con su bragueta desabrochada"
No se pueden hacer una la idea de lo que es haber sido una víctima de agresión sexual. Tengo esa imagen esperpéntica de él. Lo normal es que lo aborrezca y no quiera oír su nombre, ni le quiera ver, ni por supuesto quiero que se le idolatre. Quiero que esté en el lugar que debe estar.
¿Cuál es el lugar en el que debe estar?
Como mínimo, silenciado. ¿Este señor ha sido un héroe? ¿Ha sido una marioneta de otros? Desde luego no es un héroe, entonces que dejen de idolatrarle. Por lo menos que se sepa: igual que Adolfo Suárez fue presidente del Gobierno, también fue un agresor sexual.
Los hechos que ud. describe, las agresiones que narra, ¿diría que son parte de la historia de España?
Sí, y quiero que se sumen a nuestra memoria democrática. La violencia sexual que yo viví es un ejemplo más de lo que hemos callado las mujeres y de todas las agresiones que hemos sufrido. Ahora se está contando lo que ha sucedido siempre y no se decía.
Pensando en casos recientes, como el de Gisèle Pélicot o las denuncias contra Julio Iglesias, ¿hasta qué punto cree que hoy las víctimas se sienten más respaldadas para dar ese paso?
Es muy duro dar el paso, pero sí que animaría a las víctimas a denunciar porque es reparador. Aunque al final te lo archiven, como ha pasado con mi caso, es una liberación.
El día que fui a la comisaría a presentar la denuncia, donde desde la UFAM (Unidades de Atención a la Familia y a la Mujer de la Policía Nacional) me trataron fenomenal, me dijeron que no me preocupara, que ellos estaban acostumbrados y hartos de recibir denuncias de mujeres contra agresores fallecidos, sobre todo en entornos familiares, de hijas a padres. Muchas víctimas esperan a que los padres estén fallecidos para poder liberarse sin montar un follón en la familia. Es reparador que, aunque esté muerto, se sepa y veas tu historia reflejada en un documento oficial
Como víctima de violencia de género ha sido atendida en diferentes recursos especializados. ¿Cuál es su experiencia sobre el funcionamiento de este tipo de espacios de escucha, atención y asistencia a mujeres que han sufrido algún tipo de violencia machista?
He tenido muchísima suerte con los recursos públicos. Primero estuve en la Comunidad de Madrid, en el programa Mira, y allí me trató una psicoterapeuta estupenda que me devolvió a la vida. Cuando llegué estaba en una situación muy penosa. Estuve casi cuatro años con ella y me aplico la técnica EMDR, que es para procesar traumas y poder hablar de ellos sin dolor, que es lo que ahora puedo hacer.
"Lo que no quiero es que se me silencie, que ya he estado muy callada 40 años"
Después fui y estoy todavía asistiendo al espacio de igualdad María Teyo. Allí asisto a charlas y me estoy planteando, con la intención de poder ayudar a otras personas, contar mi experiencia. Porque es verdad que necesito hablar. Lo que no quiero es que se me silencie, ya he estado muy callada 40 años.
¿Se siente acompañada por otras mujeres? ¿Ha sentido el apoyo y el respaldo de los feminismos?
Sí, muchísimo. No hubiese podido dar el paso sin estar acompañada y el movimiento feminista en estos momentos para mí es fundamental. He encontrado comprensión, mucha sororidad y acompañamiento. Es increíble estar con gente que sabe escuchar y te respeta, que no te enjuicia y simplemente te entiende.
Precisamente, queríamos preguntarle, según su experiencia: ¿qué podemos hacer para que nos crean, además de exigirlo?
Lo principal es sanar. Si no sanas, no puedes ni hablar ni transmitir nada. De modo que lo primero es reconocerte como víctima. Yo, por ejemplo, no sabía que era víctima hasta los 38 años cuando fui a la primera psicóloga. No sabía que era víctima de agresión sexual, que eso que me había pasado tenía un nombre. Es tremendo, pero es así. A muchas mujeres a lo mejor también les pasa el hecho de que no saben que lo que han vivido son delitos de agresión sexual. Como hay normalizadas muchas conductas que no deberían normalizarse, hay gente que no diferencia si la han violado o si lo que hacía era un deber de obediencia a su marido.
Lo principal es reconocerse como víctima y sanar, y después ya dar los siguientes pasos, que son denunciar, hacerlo público. Si no, es imposible. Mi mensaje fundamentalmente es decirle a las mujeres que hayan sufrido agresiones del tipo que sea que hablen, que superen el miedo. Hay que empezar por contarlo. Con el silencio solo te haces más daño.
Las víctimas de violencia machista y su entorno pueden pedir ayuda en distintos recursos activos todos los días de la semana y las 24 horas del día: el teléfono 016, el correo electrónico 016-online@igualdad.gob.es, el canal del WhatsApp en el número 600 000 016 y el chat online, accesible desde violenciagenero.igualdad.gob.es, funcionan las 24 horas, todos los días de la semana.
En una situación de emergencia se puede llamar al 112 o a los teléfonos de emergencias de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062) y, si no es posible hacer esa llamada, en caso de peligro existe también la opción de activar la aplicación ALERTCOPS, que envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización.


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