Opinión
Sombras y luces del presidente Adolfo Suárez

Por Ramón Soriano
Catedrático emérito de Filosofía del Derecho y Política de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
-Actualizado a
Creo que hay que deslindar la personalidad arribista de quien fue un fascista y jefe del partido único del régimen franquista hasta los cuarenta años de edad (en plena madurez) de la obra realizada de la contribución a una difícil transición desde una dictadura a una democracia todavía frágil e inacabada. Con sus evidentes defectos y carencias, que con el paso de los años se van poniendo de manifiesto, porque cambió la estructura política del país pero no las personas que conformaron los nuevos poderes democráticos. Lo que no parece razonable son los desmedidos inciensos al personaje, al que, al parecer, todo el mundo eleva a los altares de la honradez, la responsabilidad, la grandeza política, el sentido del hombre de Estado, etc, etc.
Cuando Suárez falleció los más destacados medios le elevaron en sus primeras páginas a la categoría de mito. Los mismos que ahora callan ante la denuncia de una presunta víctima de sus agresiones sexuales en los años 1982-1985. "Adiós al mito de la Transición", afirmaba El Mundo. "Suárez se ha convertido en mito", continuaba La Vanguardia. "Forjador de la democracia", le llamó El País. "El Presidente que inventó España", concluyó ABC, que no quería quedarse detrás de los rotativos ensalzando la figura de Suárez.
Es curioso constatar que en lo publicado y dicho sobre Suárez, que acaparó toda la atención de los medios durante varios días tras su fallecimiento el 23 de marzo de 2014, no aparece ni una brizna de crítica a tan singular personaje, que seguro hubiera seguido medrando en las filas del partido único si Franco se muere más tarde, y se hubiera jubilado en mi opinión como consumado fascista, porque no creo que hubiera antepuesto sus hipotéticas convicciones democráticas a la presión y erótica (en él claramente muy viva) del poder, si el franquismo hubiera perdurado largo tiempo. Incluso en esas circunstancias creo que podría haber sido, dada su ambición de poder reconocida por los comentaristas, presidente del Gobierno con Franco vivo.
La situación política cambió por obra de la resistencia democrática de sectores sociales de la España de aquella época, que lucharon jugándose el tipo contra un feroz dictador en los años en los que Suárez era la más sonora representación del fascismo falangista y su más visible cabeza política como ministro-secretario general del Movimiento. Estos sectores sociales son los que trajeron la democracia a España con gran peligro para sus vidas y libertad y deben ser colocados en el primer plano del reconocimiento social por encima de la figura del presidente Suárez, que se sumó a la ola de la resistencia social a la dictadura en los últimos momentos y cuando aquélla era ya imparable.
Hay que reconocer el mérito de Suárez (quizás sin su colaboración la democracia habría llegado más tarde y de una manera tortuosa). Pero también es conveniente ver al personaje al completo, en su contexto y aledaños, con sus luces y sombras. Me parece una exageración elevar su figura a un pedestal que no le corresponde, por muy meritoria que haya sido su obra: "la figura política española más importante del siglo XX", "el político más relevante desde Cánovas", y muchas otras opiniones por el estilo que hemos oído de boca de políticos y comentaristas. Por mucho que nos empeñemos nuestro primer presidente de la democracia española no es un Mandela o un Gandhi. Se instaló bajo el paraguas del poder de turno, no sufrió en propias carnes los aguijones del tirano contra los resistentes de base, no paró con sus huesos en la cárcel, profesó doctrinas totalitarias hasta la plena madurez y las ejerció en el sumo grado político posible… y cuando los de mi generación recibían en la calle los golpes de la policía o en las cárceles las torturas de los verdugos de las fuerzas de seguridad, él vestía la camisa azul del jefe del partido único impuesto por Franco y se sentaba en el Consejo de Ministros como el ministro-secretario del Movimiento, el guardián de las esencias de la dictadura franquista.
En estos días de diciembre de 2025 se ha proyectado sobre la figura de Suárez una sombra mayor: la de un agresor sexual. En la fecha de los presuntos hechos delictivos la conducta del presidente Suárez podría haber incurrido en los delitos entonces denominados delitos contra la honestidad: el delito de estupro (condena de prisión menor: de seis meses a seis años). El código penal aplicable era de 1973. Los medios se han negado a transmitir la noticia a excepción de unos pocos. Vano empeño, porque cuando los medios callan en asuntos de primer nivel mediático el instrumento de comunicación más elemental, el boca a boca, alcanza sus mayores efectos.
No sé cuál puede ser el recorrido judicial de la denuncia de la presunta víctima de la agresión, una menor de 17 años. Los delitos antes señalados ya han prescrito y la presunta víctima únicamente puede obtener reconocimiento y reparación. Si se comprueba la agresión, ya no estaríamos hablando de sombras sino de una mancha imborrable del denominado "presidente arquitecto de la democracia española".
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