Opinión
La brújula de Mediaset

Por Paco Tomás
Periodista y escritor
-Actualizado a
No deja de fascinarme el empeño de un medio tan tradicional como la televisión por pretender seducir a un público con un alto déficit de atención sostenida, como es el de redes sociales, según los estudios. Cada vez son más los programas de televisión que pretenden ganar audiencia atrayendo a influencers, o creadores de contenido, ignorando que los usuarios de redes cambian de aplicación cada 45 segundos. Ideal para los audímetros. Son públicos y narrativas distintas pero la tele se empeña en intentar fagocitarlas para atraer no sé muy bien qué. Porque si se trata de un público más joven, ese público ya tiene a ese creador, en esencia, en su canal propio de YouTube o en su podcast.
Cuando la tele tradicional hace eso siento que se equivoca y, en más de una ocasión, me provoca algo de vergüenza ajena. Eso es como si ABBA, en su regreso, le hubiese dado por hacer un álbum de trap latino y reggaetón porque es lo que ahora le gusta a la gente.
La última cadena en protagonizar un bizarro ejercicio de desorientación ha sido Telecinco, fichando a Esty SUP (Soy Una Pringada) para la mesa de actualidad del desnortado El tiempo justo de Joaquín Prat. Era como intentar montar un dueto entre Iggy Pop y María del Monte. Como meter a un personaje de The Rocky Horror Picture Show en La Promesa. Como cuando Paloma San Basilio grabó Amolap. Un despropósito. Como si no fuera bastante despropósito tener El precio justo y luego El tiempo justo.
Porque era evidente que ellos querían seguir haciendo el mismo producto que Telecinco lleva haciendo casi treinta años, pero, en esa mesa de debate, había un elemento disruptivo que les debió cobrar un pastón por ir a trolearlos. Como formato, yo lo vería, porque era realmente divertido, pero saltaba a la vista que aquello era un experimento del que SUP saldría airosa y Telecinco, no. Ver cómo se le han echado encima las redes, lo confirma.
Asistir al espectáculo de un señor como Joaquín Prat intentando hacerse el guay al lado de SUP era, cuando menos, inquietante. Porque Esty fue SUP en todo momento mientras El tiempo justo no renunciaba a su esencia. O sea, bocadillo de mejillones en escabeche con Nutella. Hay que ser un gran chef para que ambos sabores casen. Y Mediaset no es The Bear. Aún me estoy riendo recordando cuando SUP dijo "os traigo una noticia. Adivinad qué celebrity está en la lista Epstein". Toda esa mesa de colaboradores, de la talla de María Eugenia Yagüe y Marta López, salivando con el salseo. Y va Esty y muestra, en la pantalla de su móvil, a Winnie the Pooh. Lloro de la risa.
Parece ser que la audiencia que le queda a Telecinco, adoctrinada con años de Mujeres Hombres y viceversa y Gran Hermano, no le vio la gracia al intento desesperado del programa por revitalizar (disculpen que me ría) su mesa de actualidad. Que si SUP iba vestida como los asesinos de Columbine, que si todo lo que decía era depravado, que si una mujer con la cara pintada haciendo apología del suicidio…
Es gracioso que esas personas que consideran que Telecinco se ha desprestigiado llevando a Esty son las mismas que aplauden GH Duo. Ellos, seguidores de una cadena que hizo rentable el conflicto y la crispación, incómodos porque una colaboradora dice que todos los hombres son tontos y no merecen vivir. Como si eso no lo hubieran dicho todas las participantes de La isla de las tentaciones.
Salta a la vista que la brújula de Mediaset lleva desmagnetizada mucho tiempo. No sé si el justo pero mucho, sí. Creo que se parece más a la de Jack Sparrow, que en vez de señalar el norte, apuntaba a lo que más se desea de este mundo. Y a veces, el deseo es la perdición. Y pensar que hubo un tiempo en el que fue la mayor compañía audiovisual de España por cuota de audiencia.
Desde principios de los 2000, la brújula de Mediaset parecía marcar el norte de su propio Sparrow. Telecinco fue líder de audiencia durante décadas, sin preocuparse por el hecho de que fuera la cadena de televisión que más veces había vulnerado el código de autorregulación sobre contenidos televisivos e infancias. Porque la tele es como el mercado de la vivienda. Que cuando te dicen que se autorregula sola, mienten.
Mediaset, como le sucede a la derecha española, parecía haber encontrado su norte en la exhibición del conflicto. Para la derecha, rentabilidad electoral. Para Mediaset, rentabilidad económica. La bronca constante y la violencia simbólica (y no tanto) eran gasolina para su motor. Hasta que el escándalo televisivo empezó a derivar en los tribunales. Violaciones, casos de acoso sexual, en los que programas, productoras y cadena trataron a las víctimas con el mismo respeto y delicadeza con la que el PP trató a Nevenka González (2001) y a la ex concejala de Móstoles (2026), a pesar de los veinticinco años de distancia entre una y otra. Genio y figura.
No sé si alguien se creyó el cambio de rumbo de la cadena cuando protagonizó la boda roja, a lo Juego de tronos, con las cabezas de todo Sálvame. Lo mismo no era un cambio de rumbo. Simplemente, la brújula se había desmagnetizado. Eso explicaría por qué siguen paseando al mismo perro pero con distinto collar.
Desde 2011, Mediaset gestiona siete canales en abierto. Entre ellos esa especie de fábrica de compostaje para la ultra derecha que es Cuatro y esas cosas infames que presentan Nacho Abad e Iker Jiménez. Pero ahora el problema va a ser Soy Una Pringada. El papel de Mediaset en la sociedad de la polarización, del insulto, del menosprecio, del blanqueo de la mentira como baza política rentable, es mayúsculo.
No es la única, ojo. Antena 3 se esfuerza cada día por competir sembrando cizaña en el ring de las polémicas. Y TVE se ha convertido en la mejor agencia de comunicación de la agenda ultra, haciendo que Javier Ruiz y Cintora llenen horas de programa dándole presencia mediática a cada salida de tiesto de la derecha. Que hablen de nosotros, aunque sea mal, deben pensar Ayuso y Abascal. Lo que parece que no saben los directivos de las cadenas es que cuando se busca audiencia desde el amarillismo, el conflicto y el insulto, lo más probable es que te acabes pegando un tiro en el pie.

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